Las mujeres siempre han sido parte del carnaval. En general, lo han hecho en roles como el vestuario y el maquillaje, esenciales para los conjuntos pero históricamente relegados a un plano de menor importancia. No obstante, también han estado sobre el escenario al menos desde 1932, cuando Perlita Cucú dirigió a Don Bochinche y Compañía con 14 años.

La historia de las mujeres en la fiesta popular más grande del país se ocultó, señalan Victoria Gutiérrez, Pía Brava y Sabrina Umpiérrez, autoras del libro El lado B de la murga: la mujer y su participación (2019, FES).

Dijo la historiadora Milita Alfaro y recogieron las investigadoras: “En suma, todo parece indicar que, al amparo de Momo, las mujeres —unas y otras— se las ingeniaron para atemperar, en mayor o menor grado, los rigores del disciplinamiento. Y sobre todo, para seguir ostentando, desde la ‘barbarie’ o la ‘civilización’, su condición de protagonistas predilectas de la fiesta”.

Es cierto que el porcentaje de mujeres que suben al escenario durante el Concurso Oficial de Carnaval es sensiblemente menor que el de hombres, sobre todo en tres categorías: murga, parodistas y humoristas. Las revistas y las sociedades de negros y lubolos tienen números importantes de componentes mujeres, sobre todo en roles de baile.

Parodistas Momosapiens, en el tablado 1 de mayo (archivo, febrero de 2022).

Parodistas Momosapiens, en el tablado 1 de mayo (archivo, febrero de 2022).

Foto: Natalia Rovira

Existen retazos de historias de las mujeres que participaron en carnaval, y es importante hacer un esfuerzo por reunirlos para tener un panorama más completo de la situación.

Este año participan 38 mujeres en murgas, 21 en parodistas y 20 en humoristas. Hubo crecimiento en todas las categorías mencionadas: los números en 2020 fueron 18, 11 y 17, respectivamente.

En el caso de las murgas, hay mujeres en 14 de las 21 que participan en el concurso. Los cinco parodistas y los cuatro humoristas cuentan con mujeres entre sus componentes.

A la liguilla pasaron 10 de las 38 mujeres que participaban en murgas. Además, pasaron 10 conjuntos de la categoría: cinco de los 14 en los que participaban mujeres y cinco de los siete en los que no. Es decir, quedaron fuera de la tercera ronda dos murgas sin mujeres y nueve murgas con mujeres.

Además, este 2022 hubo dos directoras escénicas en murgas: Romina Repetto en Mi Vieja Mula y Carmela Viñas en A la Bartola. La historia de las directoras nos remonta, 30 años después de Perlita Cucú, a 1962, a la actuación de Juanita Pochola Silva en Rumbo al Infierno, la primera murga integrada sólo por mujeres.

En la década de 1970 salieron desde la Aduana las Ninfas de las Bóvedas. En 1975 llegó al carnaval Mary da Cuña como cupletera de Diablos Verdes. Otro nombre se destaca: Gabriela Gómez, que comenzó en La Soberana en 1987 y luego estuvo en Antimurga BCG, Curtidores de Hongos, Araca la Cana, Real Envido, La Soñada, Todavía no se Sabe y Colombina Che; fue directora de la murga de mujeres La Bolilla que Faltaba.

Y si hablamos de mujeres que pasaron a la historia hay que mencionar a Mónica Santos, cuya voz inconfundible pisó los escenarios con Araca la Cana en 1995 y comenzó una trayectoria que la volvió una de las grandes figuras del carnaval.

En la década del 90 existían cuatro murgas compuestas íntegramente por mujeres, consigna la investigación de la FES. La Sicótica (1993), La Nueva Pincelada (1993), Miscelánea (1996-1997) y La Bolilla que Faltaba (1998). En la misma década se registraron apariciones de mujeres en el escenario: Mariana Ingold y Maia Castro, además de las ya mencionadas.

Una murga contemporánea que pateó el tablero fue Cero Bola, que tras ganar el Encuentro de Murga Joven desde 2007 hasta 2009, participó en el Concurso Oficial de Carnaval con todas sus componentes mujeres.

Uno de los espacios más masculinizados es la batería de murgas: entre 2009 y 2019, según informan las investigadoras en El lado B de la murga, sólo 14 baterías de 223 tuvieron alguna mujer, y la única integrada exclusivamente por mujeres fue la de Cero Bola. El último año de ese registro había una sola mujer en la batería; este año hay cuatro.

Integrante de La Vieja Mula durante el Desfile Inaugural del Carnaval 2022, en las Canteras del Parque Rodó (archivo, enero de 2022).

Integrante de La Vieja Mula durante el Desfile Inaugural del Carnaval 2022, en las Canteras del Parque Rodó (archivo, enero de 2022).

Foto: Ernesto Ryan

Varones Carnaval

Este carnaval fue el primero después de la difusión de las placas en la cuenta de Instagram Varones Carnaval, en las que surgieron cientos de relatos sobre violencia sexual y diferentes formas de violencia de género perpetuadas en ambientes carnavaleros y por hombres vinculados al ambiente.

Es un tema difícil de abordar ahora, como lo fue para las instituciones, colectivos y conjuntos cuando sucedió. La pandemia generó una pausa en el concurso, lo que permitió que algunos procesos se dieran a la interna y que los discursos pudieran pensarse más.

Hubo figuras de carnaval que se retiraron o fueron retirados de los conjuntos en los que participaban, hubo grupos que decidieron continuar con todos sus componentes y encarar procesos de transformación interna, y hubo espacios en los que nada cambió.

Los componentes de los conjuntos son trabajadores, y eso complejiza las acciones a tomar a nivel oficial, así como la postura del Sindicato Único de Carnavaleras y Carnavaleros de Uruguay (Sucau), de la Intendencia de Montevideo (IM) y de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares de Uruguay (Daecpu), sobre todo porque la mayoría de las denuncias sociales no tuvo seguimiento judicial.

A nivel formal se generó el Punto Violeta de la IM, que el primer año funcionó gracias al impulso de mujeres feministas militantes que lo sostuvieron en el Encuentro de Murga Joven para informar sobre violencia de género y generar un espacio seguro. Este año se presentó un proyecto a la Asesoría de Género de la IM y se conformó un proyecto cogestionado que contó con la presencia de profesionales de la Asociación Civil El Paso. Funcionó en Murga Joven, Carnaval de las Promesas y el Concurso Oficial de Carnaval, además de tener un punto itinerante en los tablados populares.

Varones Carnaval destapó una olla a presión que se había contenido durante años, y ahora quedan todas las preguntas por contestar. ¿Cómo construir un carnaval sin violencia de género? ¿Cómo proteger a las niñas, niños y mujeres de sufrir violencia en sus espacios? ¿Qué posibilidades de acción hay para y con los varones que ejercen violencia? ¿Hay maneras de acabar con la impunidad? ¿Qué carnaval es posible construir?

Como cantó Mi Vieja Mula este febrero: “Varones Carnaval no es juzgado penal, es denuncia que interpela a las autoridades, a murguistas y pares, público y periodismo”.

Encuentro de Murguistas Feministas

Desde fines de 2017 existe un colectivo que nuclea a mujeres y disidencias del carnaval porque, como explican en sus plataformas, “las mujeres y otras identidades no hegemónicas murguistas participando en murgas ‘mixtas’ o en colectivos de murgas de mujeres y otras identidades no hegemónicas hace tiempo pensamos en la necesidad de encontrarnos”.

Nació como el Primer Encuentro Nacional de Murgas de Mujeres, luego se dio un paso más hacia la inclusión de quienes estaban en otro tipo de colectivos y pasó a denominarse Encuentro de Murgas de Mujeres y Mujeres Murguistas. Finalmente, se transformó en el Encuentro de Murguistas Feministas (EMF), nombre que nuclea a otras identidades, ya que hasta entonces “las personas trans, travestis, lesbianas y no binaries seguían sin ser incluidas y nuestro proceso como murguistas feministas también estaba invisibilizado”.

Cada año se llevan a cabo jornadas de encuentro, talleres, charlas y espectáculos. Asisten murguistas feministas nacionales y de otros países. Pero el EMF es más que ese evento, también es un colectivo que tiene como objetivo “resignificar a las mujeres y otras identidades no hegemónicas murguistas y el trabajo que hacen al cambiar la narrativa heteronormativa, machista, racista y patriarcal impuesta en el carnaval uruguayo, que se reproduce a lo largo de su historia e influye en la permanencia de este discurso y se extiende a todas las disciplinas artísticas que hacen a la murga”.

Muchas de las mujeres que participan en el EMF (el colectivo o el evento) participan en el Concurso Oficial de Carnaval en diferentes conjuntos.

En 2018 el colectivo decidió participar de alguna manera en el desfile del concurso oficial para visibilizar la lucha. Entonces surgió la idea de hacer pañuelos para regalarles a todas las mujeres que participaran. Las telas decían “sin nosotras no hay carnaval”; con el tiempo se sumaron “sin nosotres no hay carnaval” y “sin feminismo no hay carnaval”, consignas que hasta hoy suenan fuerte en la fiesta de Momo.