―¿Vamo a arreglar “ese chiste y ya”? ―dice Gabriel Pereira, Gaby, arreglador musical de humoristas Social Club.

Son las ocho de la noche de un miércoles de febrero y el conjunto, que debutó este año en el Concurso Oficial de Carnaval, está en pleno ensayo de coro. Tienen un tablado hoy: 21.50 en Malvín.

En ronda, el grupo escucha las indicaciones de Gaby y repite, él ajusta, ellos repiten y por un minuto el Galpón de Edie ―Pastel Arena para los carnavaleros― suena así, ida y vuelta entre él y el coro, con pequeñas pero esenciales variaciones:

―Ese chiste y ya.

―Ese chiste y ya.

―Ese chiste y ya.

―Ese chiste y ya.

―Ese chiste y ya.

―Ese chiste y ya.

Los conjuntos de humoristas no solo tienen que hacer reír. Aunque el rubro textos es el que tiene mayor peso porcentual, el jurado también los evalúa en canto, baile, vestuario, puesta en escena y visión global.

Gaby entró al conjunto un mes antes de que dieran prueba de admisión para arreglar la bajada. Pero se quedó y se encargó de los arreglos musicales. Hoy, dice, están repasando una parte que necesita ajustes “para poder disfrutar nosotros arriba del escenario, porque cuando uno le erra en escena se da cuenta”.

En el grupo “hay voces muy lindas, muy cuidadas, que vienen de otros ámbitos no tan carnavaleros y tan gastados y que permiten jugar un montón más. Estoy aprendiendo un montón, es muy entretenido. Este es un grupo temerario”, asegura.

Por un rato siguen llegando componentes al club y se suman a la ronda. Están repasando la introducción de su espectáculo Un récord mundial, que empieza así: “Este es un club social / buscando inclusión y colectividad / y aunque suene meloso creemos en el valor de la amistad / para pertenecer nos arrima un chiste y ya”.

Humoristas Social Club, el 11 de febrero, en el tablado del Club Malvín. Foto: Martin Hernández Müller

Humoristas Social Club, el 11 de febrero, en el tablado del Club Malvín. Foto: Martin Hernández Müller

En la vuelta del club andan familiares de algunos componentes con las camisetas del conjunto puestas. Toman mate, tararean las canciones, acompañan. Diego Lois Petit, director artístico y uno de los fundadores de Social Club, dice que el conjunto “logra nuclear y traer gente. Hay muchas familias que nos acompañan, amigos. En los ómnibus siempre hay diez o 15 personas que no salen”.

En el mismo sentido, Diego Mesa, el Mesa, director responsable del conjunto, cuenta: “Nosotros tenemos dos utileros, pero cuando salimos a hacer tablados tenemos fácil diez personas que están acompañándonos, que llevan cosas, que cargan, que nos acompañan, que nos ayudan a subir el cierre, a bajar el cierre. Poder vivirlo con ellos está zarpado”.

Llega el ómnibus y ellos siguen pasando letra por cuerda.

—¿Qué hora es?

—20.20

—¿Nos maquillamos? —sugiere alguien.

—Sí, sí, ya sé —le dice Gaby, y pide que tiren una vez más la canción.

Se levantan de las sillas y se paran como van en el escenario.

—¿Vamos cargando? —pregunta Diego Kurzbach, Yuri, uno de los utileros.

Suceden varias cosas al mismo tiempo, pero el ambiente es de distensión. Mientras los componentes cantan y marcan puesta, los utileros y algunos familiares atraviesan el semicírculo para llevar las cosas desde el fondo del club hasta el ómnibus y vuelven para agarrar más. Pasan los instrumentos, un banco, el Fata Delgado hecho de cartón, algunos carteles y cambios de vestuario.

Después llega el momento del maquillaje. Alrededor de uno de los típicos freezer de bar, blanco y rectangular, apoyan lo que van a usar y se apiñan para automaquillarse o maquillar a alguien más, comparten espejos e improvisan diseños.

—¡10 minutos! —grita Federico Dobal, Feche, otro de los utileros del conjunto.

El ómnibus está pronto, la utilería está cargada y los componentes están ultimando detalles del maquillaje. Diego le dice a un par de compañeros que en el camino les va a tirar unas ideas para probar en la humorada de Egipto.

El conjunto está conformado por personas de entre 18 y 33 años. Cuatro habían participado en el Concurso Oficial de Carnaval antes, algunas participaron en Promesas o en Murga Joven, y para otras, provenientes del palo del teatro y la comedia musical, este es el debut absoluto en la fiesta de Momo.

Mesa dice que fue “un desafío, porque algunos tienen su fuerte en el canto, otros en la actuación, otros en el baile, y a todos nos toca hacer todo. Amalgamar todo ese proceso y lograr un espectáculo como el que estamos logrando nos tiene muy contentos”.

Guadalupe González, coreógrafa junto con Gonzalo Tejera y componente, dice que “les tenía fe” a sus compañeros y compañeras, porque “todos podemos bailar si tenemos a alguien guiándonos. [Estoy] muy feliz con el proceso creativo y con mis compañeros que la rompen y la defienden a muerte. Todos nos damos para adelante y eso define al grupo. Todos somos importantes; si falta uno en un tablado, ya se nota”.

Humoristas Social Club, el 11 de febrero, en el tablado del Club Malvín. Foto: Martin Hernández Müller

Humoristas Social Club, el 11 de febrero, en el tablado del Club Malvín. Foto: Martin Hernández Müller

—¡En un minuto nos vamos! —avisa Feche.

La gente empieza a salir del club con parte del vestuario puesto y el resto en los brazos. Algunas personas deciden ir en su propio vehículo porque este es el único tablado de la noche. Ya tienen varios fijados durante el fin de semana. Para ser un conjunto de humoristas que está debutando en el Concurso Oficial de Carnaval, a Social Club lo contratan en bastantes tablados. “Creíamos que íbamos a tener pocos, vamos mucho más de lo que pensábamos”, dice Aldana Pontón: “Es matador, muy cansador, pero tiene esa mística que es como que quiero seguir haciéndolo hasta diciembre, es relindo subirse a los tablados, lo mejor del carnaval”.

Ya en el ómnibus, camino a Malvín, sucede lo que tiene que suceder en un viaje en ómnibus: se arman grupitos. En el fondo van cantando a los gritos, en el medio hay gente conversando y adelante se definen detalles del espectáculo, se prueban chistes, se ajustan remates. Después la cantarola se extiende.

El pizarrón del club Malvín anuncia: La Trasnochada, Socia del Club, Doña Bastarda…

Los componentes lo leen mientras entran y el error despierta risas y chistes por la inesperada coincidencia: este conjunto tiene el ambicioso objetivo de ganarse el récord al conjunto de humoristas con más socios del planeta.

—¿Cómo vienen con eso?

—Venimos mal —admite Diego y se ríe —, pero venimos bien también, con muchas ganas, con un objetivo claro que es juntar socios para batir ese récord, para mí es un chiste en sí mismo. La tiré pensando que me iban a decir que era una estupidez y por suerte nos colgamos. Estamos sorteando premios todas las semanas. A las dos personas que han ganado algo no las conozco, eso me da una alegría tremenda, que haya gente siendo parte y llevándose la alegría del conjunto.

Quieren llegar a 46.000, van 400. Para hacerse socia o socio de humoristas Social Club hay que entrar a su página de Instagram socialclub.humoristas y rellenar el formulario que aparece linkeado en su perfil. Además de dar datos personales como el nombre y el teléfono, hay que contar un chiste. Es gratis.

Esta iniciativa va en línea con la esencia del conjunto, que antes de ser un grupo de humoristas era una página de memes carnavaleros con miles de seguidores, diosmeme_ok, gestionada por Diego e Ignacio Panizza, el Cholo.

Diego cuenta que ya venían con la idea de formar un conjunto “al que le interesara hacer reír”. Viendo la categoría humoristas consideraban que “faltaban conjuntos, había tres o cuatro, sentíamos que tenía que haber más, nos parecía un buen lugar donde meternos, teníamos cosas para aportar”.

Entonces decidieron convertir la página de memes en un conjunto: “Nos parecía que cuanto más apoyo tuviéramos para dar la prueba de admisión, que es un camino difícil, mejor”, explica Diego.

A minutos de subir al tablado prueban instrumentos, ajustan la altura de los micrófonos, se colocan vinchas, ultiman detalles logísticos. El tablado del club Malvín está concurrido esta noche.

—Bueno, ¿tamos?

Es hora de subir al escenario.

Esta noche hacen parte de la primera humorada, la de Egipto. La gente se ríe, aplaude, disfruta del espectáculo. Lo que probaron en el club funciona. Al final, cuando llega el momento del homenaje al Fata Delgado, la energía se dispara, las personas cantan y bailan en las gradas.

—Respondió bien el público hoy, ¿no? —pregunta Feche, satisfecho, mientras el conjunto baja y se mezcla entre la gente.