La frontera entre flexibilidad pragmática y cálculo mercantilista parece cada vez más difusa en la capital estadounidense y, por rebote, en el mundo entero.
Este quiebre del lenguaje ilustra una inmensa confusión de las categorías que hasta entonces nos permitían aprehender la realidad: hoy, por ejemplo, el fascismo no se opone a la democracia, sino que anida en su seno.
Algunos se interrogan así sobre el papel del derecho y de los jueces en una época en la que los hechos y la verdad judicial son cada vez más contestados por discursos políticos que juegan con la emoción instrumentalizada.
Este tipo de fetichismo por la novedad se ha inscrito como un motor del consumismo. Esta dinámica neófila explica que los productos y los objetos sean deseados incluso antes de existir
Los gobernantes, a menudo cegados por sus ambiciones personales, sus rivalidades, y a veces incluso simplemente por su ignorancia, no saben o ya no saben lo que la “política” quiere decir.
La explosión de puntos de vista individuales, a menudo erigidos por su puesta en escena digitalizada en heroización de simples opiniones sin legitimidad y pertinencia, erosiona el vínculo social en “la era del individuo tirano”.