Que la imagen de Orsi decaiga en su segundo año no es raro, es lo habitual. Además, tampoco es que haya tenido una caída más abrupta que sus antecesores.
Es entendible que los resultados de las encuestas siembren frustraciones en algunas personas cuando se presentan de una manera categórica, en titulares bien grandes como si los porcentajes fuesen la realidad ilustrada.