Si Israel puede eliminar sin obstáculos a una comunidad entera sin el menor freno por parte de la comunidad internacional, ¿quién o qué impedirá que el día de mañana el problema no sea solo Palestina e Israel?
Hoy y ayer, el concepto de batalla cultural en el escenario político ha implicado la utilización intensa del odio, la ira y el miedo en el discurso político, enmarcado dentro de un fuerte conspiracionismo.
La psicopolítica del siglo XXI tiene en el epicentro a los afectos y los sentimientos, dejando en un segundo plano las “verdades”, los datos “objetivos” o los resultados de gobierno.
La sensación de indignación obstruye la tolerancia mutua, y si esta desaparece se favorece y alienta el auge de las posturas antisistema, de la antipolítica.
¿Existen riesgos de erosionar nuestro sistema político? ¿Podemos erosionar nuestra democracia? El esencialismo pone a descubierto una excesiva confianza en nosotros mismos.