De la calle a las galerías, entre muros, objetos y un carro de pescado se mueve la sinuosa y colorida obra de Felipe Secco, un artista plástico que desde 1988 viene exponiendo y ganando premios en Uruguay y en el extranjero. “Me vine a vivir a La Teja hace seis meses, empecé a vincularme con la gente del barrio y sentí mucha receptividad hacia lo que hacía. Un día fui a un puesto de pescado que está frente a la plaza Lafone, se generó mucha onda y en un momento le propuse pintarle el lugar; la dueña ya no se preocupaba por tenerlo lindo porque le han robado muchas veces. Como siempre tuvo carros con ruedas, Sonia le llama carro, pero es un puesto emplazado sobre cemento, construido con la solidaridad de los vecinos con chapas recicladas. Ese fue el primer carro que pinté, y como sabía de la situación apretada, le propuse hacer un trueque por pescado, que me encanta”, relata el artista.

Sonia vende postas fritas, al pan, con limón, y la gente hace cola para comprarle; también tiene pescado fresco que le traen todas las mañanas desde Piriápolis. Secco fue arreglando el carro en etapas, con pinturas acrílicas que resisten la humedad y el sol. Antes de iniciar la intervención, le mostró una maqueta a la dueña, que lo dejó hacer libremente. Todos los motivos refieren al mar: en el frente, en lo que sería la barra, pintó formas circulares que se van sucediendo en una representación de escamas en tonos de verde. Las tapas para cerrar el carro llevan la silueta de una ola, y al costado hay una imagen que sintetiza el ojo de un pez espada. Atrás reflejó una vista del Cerro con gaviotas incluidas.

Las formas fluidas, los ritmos asociables a la playa, son habituales en la obra de Secco. El efecto armónico es una consecuencia buscada, al tiempo que disfruta de plasmar imágenes ambiguas, “que sean divertidas, que no sean estúpidamente plácidas, que la gente no sepa bien qué está mirando”. Las guardas tribales también aparecen en ese repertorio que, según el artista, decantan todo lo que le ha interesado. Y en ese gran abanico no distingue entre arte consagrado y expresiones gráficas populares. Por eso tampoco lo distrae decorar, como en el caso de los puestos, objetos de uso urbano; prefiere, como la Bauhaus, romper las fronteras entre lo utilitario y el arte con mayúsculas: “Desde que empecé a hacer cosas, siempre lo consideré una función más de la faceta creativa”, dice. “He hecho remeras, he pintado platos, he hecho cometas, banderas, y he pintado objetos, vasijas, portalápices, relojes. No tengo prejuicios con eso, para mí no le baja el valor a la obra”.

El herrero Marcelo se pone con sus parrillas portátiles y quemadores, entre otros elementos, los sábados, en el marco de la feria que se arma a unas cuadras y que algunos extienden hasta la plaza Lafone. Además, tiene un carro en el que los lleva y los trae. De manera que le consultó a Secco por sus servicios, nuevamente por canje. En ese caso, para generar una imagen que dialogue con la rueda, que se superpone al carro, el pintor utilizó un semicírculo y se inspiró en formas de caños, cada uno de un color distinto, proyectados al infinito. Le decoró además otro carrito, aplicando planos de colores complementarios en cada cara.

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Antes de que Secco transforme La Teja en un distrito pop, igualmente se puede acceder a sus pinturas de distintas maneras. Se puede descubrir, de casualidad, alguna de las intervenciones con stencil que salió a hacer por el Cerro, o se puede ir los domingos a la feria de Tristán Narvaja, donde tiene un puesto en Cerro Largo y Magallanes en el que comparten espacio catálogos y afiches de viejas exposiciones, pins, juegos de memoria, remeras con diseños, láminas, discos de pasta intervenidos con mandalas y hasta cobertores de cajas de cigarrillos.

Mientras se prepara para ocupar en diciembre la sala del ex Subte municipal, su próxima muestra, El túnel del tiempo, será una suerte de retrospectiva en miniatura que inaugura en La Pasionaria (Reconquista 587) este sábado al mediodía. Mientras tanto, en La Esquina del Mundo (Luis Alberto de Herrera e Iturriaga) sigue montada Infinitivo, y en el mismo boliche, el miércoles 9 a las 19.00, se llevará a cabo una reunión informativa sobre el Taller de Exploración Creativa que abrirá con pocos cupos.


Agenda en las alturas

A partir del sábado 5 de setiembre el Mirador Panorámico de la Intendencia volverá a abrir, en el horario de 10.00 a 18.00. Para acceder a ese punto privilegiado de la ciudad, a casi 80 metros de altura, ahora se debe agendar la visita, teniendo en cuenta que estará abierto únicamente los fines de semana. El nuevo reglamento marca el uso de tapabocas y el respeto de la distancia física; además, el máximo de permanencia será de una hora. Las excursiones, escuelas y grupos mayores a 15 personas pueden coordinar por el correo [email protected] El resto tiene que comenzar su trámite aquí https://ladiaria.com.uy/U5a.

Dibujos para mirar y llevar

Esta tarde vuelve a montarse el Mercadito de Ilustración en el estudio de Tomás Giribaldi 2278, entre las 14.00 y las 20.00, para recibir al ilustrador Diego Bianki (La Plata, 1963). Habrá una exposición de los originales que hizo para el libro Cuentos cansados, que reúne las historias que Mario Levrero contaba a su hijo antes de dormir. Impresos, serigrafías y libros de autor estarán como siempre disponibles.