Vivimos en tiempos en que la sobrecarga ya no es solo informativa y mental, sino también perceptiva. En un momento en que las ciudades crecen a ritmo acelerado, la vida transcurre de forma vertiginosa y los espacios verdes escasean tanto como los momentos de paz y tranquilidad, cabe preguntarnos: ¿qué está pasando con nuestros sentidos? El ruido dejó de ser un tema menor y se ha convertido, al menos en los espacios urbanos, en un verdadero problema que afecta la concentración, el bienestar y la calidad de vida de muchas personas alrededor del mundo.
Hace dos años, Buenos Aires ocupaba el puesto 10 entre las ciudades más ruidosas del mundo según el Índice Mundial de Audición, y algunos dicen incluso que es la más ruidosa de América Latina, con niveles que superan los parámetros recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Aunque existen leyes de contaminación acústica y “zonas calientes”, como en otros países, parecería que el problema es multicausal y, por lo tanto, no tan fácil de abordar.
Cómo incide el volumen
En ciudades como Buenos Aires la contaminación auditiva es algo que ya se está discutiendo desde un punto de vista ambiental y de desarrollo urbano sostenible. De hecho, la ciudad tiene un Mapa Estatégico de Ruido, realizado por la Agencia de Protección Ambiental, para trabajar en la planificación y la ejecución de medidas de mitigación. Pero no es un fenómeno exclusivo de Argentina. En Montevideo el tránsito urbano se ha convertido en una de las principales fuentes de ruido ambiental. Según estudios realizados por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República –que elaboró su propio Mapa Acústico, presentado el año pasado–, la contaminación acústica generada por el tránsito no solo constituye un problema técnico, sino que está estrechamente vinculada con la calidad de vida urbana. Mientras que se reporta que las motos en la capital son un problema en alza, a su vez, destaca un aumento alarmante del parque automotor, que creció un 30% de 2017 a 2024.
La precarización de la vida y el crecimiento del trabajo con moto en la nueva economía de plataformas, un parque automotor poco regulado y con vehículos más ruidosos, pero también los inconvenientes propios de la convivencia en las ciudades y una intolerancia que se percibe a flor de piel (conflictos con vecinos, el toque compulsivo de la bocina en la calle), hasta los eventos y recitales que se realizan al aire libre en zonas residenciales, son algunos de los factores que suelen incidir en ciudades como Montevideo o Buenos Aires.
Si bien la clasificación del ruido registra tres tipos –el recreativo, que es un ruido de exposición voluntaria (como cuando escuchamos música en vivo o a través de auriculares), el ocupacional o laboral y el urbano, que es aquel que no podemos evitar–, a veces pueden darse dos clases o tres en simultáneo o en distintos momentos. Es suficiente para volver loco a cualquiera. “El ruido tiene una característica muy particular: no genera acostumbramiento. Por lo tanto, cada vez que estoy sometida nuevamente a ruido, comienza todo el ciclo de secreción hormonal, hasta que se termina generando un desequilibrio a nivel celular de la glucosa que produce reacciones instintivas que no siempre podemos gobernar o controlar”, explica Elizabeth González, ingeniera civil (opción Hidráulica y Sanitaria), con un posgrado en Formación ambiental y un doctorado en Ingeniería ambiental.
En materia de salud, la Asociación Médica Mundial señala el impacto del ruido tanto sobre el aparato auditivo (pérdida de audición, sensación de oído ocupado o tapado, zumbidos y disminución de la sensibilidad auditiva) como sobre lo hormonal, con un incremento de la volatilidad y la agresividad. Entre los factores psicológicos se encuentran la estrés, la ansiedad, la irritabilidad y la depresión, y entre los fisiológicos, la alteración de las frecuencias cardíaca y respiratoria, y por supuesto, la calidad del descanso, un problema mundial en sí mismo. Es por todo esto que desde hace varios años la contaminación auditiva se comenzó a ver como un problema de salud pública que afecta incluso al sistema inmunitario.
Según el periodista argentino y consultor en temas urbanos Federico Poore, existen algunas medidas que los países pueden tomar en las ciudades para mitigar el ruido, que van desde las peatonalizaciones, la instalación de pavimentos fonoabsorbentes, la reducción de los límites de velocidad o la delimitación de áreas críticas, al estilo de lo que sucede en lugares como México, con “zonas de calidad acústica”, Lisboa y sus quiet zones, o la pionera Madrid con su zona de protección acústica especial. Otro recurso muy utilizado es la construcción de oasis verdes en las ciudades, que funcionan como barreras vegetales que absorben ruido y además cumplen otros roles, como el de oxigenación.
En busca del silencio
Sin embargo, la búsqueda de un respiro en las ciudades excede a la naturaleza. A veces solo se trata de encontrar un momento de silencio, y por eso también aparece toda una industria que ofrece productos, servicios y experiencias para hacer frente a la vida moderna: tapones última generación para los oídos, auriculares bloqueadores de ruido, terapias sonoras para armonizar, siestarios, y experiencias que van desde fiestas silenciosas o clubes de lectura a retiros silenciosos. Hay para todos los gustos.
Y es que si existe una industria que viene creciendo y tecnificándose es precisamente la de los auriculares que disminuyen o cancelan el ruido. Acaso sea por esto que el comercial de AirPods 4 con cancelación activa de ruido (ANC, por su sigla en inglés, active noise cancellation (ANC) protagonizado por Pedro Pascal fue furor en redes el año pasado. Como cuenta una nota reciente de Wired, titulada “Bienvenidos al futuro del noise cancelling”, hay una difuminación de las fronteras entre los dispositivos de audio y los de salud que es tendencia. “Queremos asegurarnos de cuidar la audición de nuestros clientes”, afirma Miikka Tikander, director de audio de la empresa Bang & Olufsen, con sede en Helsinki. Tikander menciona datos recientes sobre el deterioro de la salud auditiva en adultos jóvenes e informa que los fabricantes hicieron hincapié en la ANC y la salud auditiva en la conferencia de tecnología de auriculares de la Audio Engineering Society (AES) celebrada en Finlandia.
Pero si Apple lleva cierta ventaja con la automatización de los auriculares para que tomen la decisión de cuándo bloquear el sonido por uno, como mostraba el comercial de Pascal, la startup Hearvana AI (una mezcla de las expresiones hear y nirvana) busca ir mucho más allá de las funciones actuales de cancelación de ruido y ruido ambiental: la “audición semántica”. Consiste en un prototipo de auriculares supraurales con seis micrófonos conectados que permite al usuario crear burbujas de sonido para aislar, por ejemplo, la voz de una persona y bloquear las demás frecuencias.
“El año pasado, para las vacaciones de invierno, tenía que tomar clase y no podía concentrarme, y dije ‘bueno, me voy a comprar auriculares noise canceling’, y juro que fue un antes y un después, porque en un momento como este, en que tenés distracciones constantes por todos lados, la notificación, el ruidito de allá, la música de acá, tu familia (en mi casa somos cinco entre los animales y las personas), lo que necesitás es no poder escuchar nada”, cuenta aliviada Flora Curci, profesional y mamá, relatando lo que seguramente sienten muchas personas con familia que trabajan en sus casas.
La cancelación de ruido no solo se da por medio de auriculares. La insonorización es otra de las formas que utilizamos para reducir el ruido ambiental y está evolucionando constantemente. En el mismo artículo también cuentan cómo avanzan los materiales. Por ejemplo, Grace Yang, investigadora de Ciencia e Ingeniería de Materiales del MIT, está experimentando con tejidos de seda insonorizantes con fibras que vibran al aplicar voltaje para interferir con el ruido no deseado, que podrían usarse en paredes o separadores de ambientes. También se están probando metamateriales bioinspirados, también llamados “papel tapiz acústico”. Quizás en un futuro no muy lejano podamos hacer de nuestros hogares nuestras propias burbujas de sonido.
De retiros y conventos
¿Es la búsqueda de silencio en la vida urbana un oxímoron, una utopía reservada para tiempos más lentos? ¿Qué otros significantes tiene el silencio? Tal vez en lo contemporáneo también podemos pensarlo como un momento de descanso, contemplación, decantación, inspiración y hasta como un modo de comunicarnos. De cualquier manera, algo que se está volviendo más corriente escuchar son las experiencias de gente que acude a retiros silenciosos, en ocasiones asociados a la práctica de disciplinas como el yoga, la meditación o el mindfullness, en otras, vinculados a costumbres ancestrales como las órdenes eclesiásticas de las carmelitas o los benedictinos.
En Argentina existen actualmente al menos dos espacios muy citados, el Monasterio Santa María de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires, a donde concurren personas y familias durante la semana o por el fin de semana a experimentar la vida junto a los monjes. Tiene 20 habitaciones, espacios comunes, acceso a internet y ofrecen servicio para todas las comidas. “La gente viene buscando un ámbito de silencio, de recogimiento, poder encontrarse con ellos mismos, poder cortar con situaciones, vienen también a consultar, a charlar, están aquellos con problemas personales, familiares, de lo que quieras, y entonces los acompañamos y tratamos de ayudarlos. Inclusive personas que buscan alejarse de la ciudad, donde hay mucho ruido; hay gente que ha venido a escribir, a completar algún libro, entonces vienen buscando silencio y también a estar en relación con la naturaleza”, cuenta el abad Osvaldo Donnici, quien explica que el monasterio recibe a personas de todas las religiones, incluso agnósticas, y que no pide a quien se acerca explicaciones sobre sus motivos.
¿Qué se hace en este tipo de lugares? Por lo general, la invitación es a participar en las oraciones comunitarias de los monjes, que son optativas. “Muchas veces la gente, aunque no es practicante, viene a rezar porque se siente en un ámbito de oración, un ámbito de silencio. También, si quieren, tienen la posibilidad de charlar con algún monje, si son practicantes y quieren confesarse. Una de las características de la vida monástica es la escucha. La gente viene a poder caminar por el pasto, a charlar con alguien, les ayuda un montón”, completa Donnici.
Por otro lado, está el Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, en Azul, que se describe como un lugar de silencio y oración. “Nosotros ofrecemos alojamiento y comidas, e invitamos a los huéspedes a participar en nuestras oraciones comunitarias diarias en la iglesia del monasterio. Cada huésped organiza su jornada respetando los horarios de las comidas. Una pequeña biblioteca está disponible para quienes desean hacer uso de ella. Hay personas, matrimonios y pequeños grupos que vienen todos los años, lo cual indica que estos cortes en el ritmo anual son beneficiosos para el resto del año”, cuenta el monje Bernardo, parte de la orden. Allí es posible hablar si se desea, aunque siempre respetando los límites indicados por la clausura monástica. Quién sabe: es posible que estas prácticas arraigadas en la liturgia tengan, aún hoy, algo para mostrarnos o revelarnos de la vida moderna; o cuanto más sirvan para disfrutar al menos un rato del silencio tan deseado.