Gilberto Gil va a cumplir 77 años en junio. “Las cosas migran y él sirve de faro”, como dice la canción “El hombre viejo”, de su amigo y compañero de aventuras artísticas Caetano Veloso. Desde comienzos de 2016 sufrió problemas importantes de salud, ya superados, y en agosto del año pasado reapareció con el álbum OK OK OK. Musicalmente es una hermosura, con la combinación habitual que abarca desde el bolero hasta el rock, pasando por la bossa nova, el reggae y el funk, y aunque la voz de Gil ya no es la misma, mantiene su destreza sobrenatural como compositor e intérprete. Los textos se refieren casi siempre a sus afectos más cercanos, al amor y a la tecnología, que lo sigue apasionando, pero lo que centró la atención fue la canción que le da nombre, en la que habla de la demanda social para que exprese su opinión acerca de la “vil situación” actual de Brasil.

En ese texto, cuenta que mientras algunos “sugieren que salga a los gritos” y otros que se “quede quieto y mudo”, no falta quien le pide “encarná el mito, sé nuestro héroe, resolvé todo”, pero que él, “músico y poeta”, elige callar “sobre las certezas y los fines”. Termina comentando, siempre un poco misterioso: “OK, OK, OK, OK, OK, / sé que no di ninguna opinión. / Es que pensé, pensé, pensé, pensé: / las palabras dicen sí, los hechos dicen no”.

No se trata de que Gil, que ha mantenido durante toda su vida posiciones claras sobre muchas cuestiones, se haya vuelto de pronto prescindente, ya que de hecho participó en movilizaciones por la libertad del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de quien fue ministro de Cultura. Quizá se niega a ser parte de una polarización entre bandos airados. De esto y de mucho más habló con la diaria, encantador hasta por teléfono, pocos días antes de un nuevo espectáculo suyo en Montevideo. Se presentará el jueves 2 de mayo a las 21.00, solo con su guitarra, en el Auditorio del SODRE; las entradas se pueden comprar mediante Tickantel o en la boletería del teatro.

Hace ya medio siglo, 1969 fue un año muy intenso para usted. Lo empezó preso de la dictadura en Brasil, lo terminó exiliado en Londres, y en el medio tuvo su mayor éxito hasta ese momento, con la canción “Aquele abraço”. ¿Qué cambió y qué permanece desde entonces?

Pasaron el tiempo y la vida, la historia a mi alrededor y la íntima. La familia, hijos, nietos, cambios en la vida del mundo y en Brasil, los descubrimientos nuevos de la ciencia, internet, tantas cosas… Cambios drásticos, a veces suaves y a veces dramáticos. Cambios también en mí: la vejez, que trae maneras distintas de mirar la vida y las cosas, con otra perspectiva en los sentimientos, el cambio del amor. Permanece la continuidad del avance en la vida.

Viene de un período difícil por quebrantos de salud, y su último álbum, OK OK OK, tiene mucho de íntimo, como una vuelta al centro de la vida.

Sí, quizá se pueda interpretar lo que pasó como un ingrediente importante para esos cambios interiores, familiares y afectivos. En el disco hay canciones que hablan de eso, de la salud, la medicina, los cuidados de la familia y los médicos para conmigo. Pero también hablo del rol que alguien como yo desempeña en la vida social y en la vida política, de las reacciones que debemos tener. Es un disco constituido por todos esos elementos fundamentales para mí, tanto individuales como sociales.

Tenía la medicina cerca desde niño, porque era la profesión de su padre.

Es verdad... Creo que eso, mis orígenes en una familia y un hogar donde había un médico, también tiene que ver con mi interés súbito en la medicina cuando tuve que lidiar con ella, con la gente que cuidó de mí. Eso tocó un poco las memorias originales de mi vida.

¿Qué le interesa de la música actual en Brasil?

Hay todo un sector de creadores e intérpretes que expresan la resistencia de raíces de la música brasileña, como el samba y los ritmos nordestinos; otro sector pop que deriva del rock y de raíces americanas, africanas y de otras partes del mundo; y también una música nueva, con experimentos de jóvenes provocativos, vinculada en parte con el reggae y el rap, que es pop pero va más allá del pop. Todo eso me interesa.

Gilberto Gil durante un concierto en el Velódromo Municipal de Montevideo (archivo, setiembre de 2015).

Gilberto Gil durante un concierto en el Velódromo Municipal de Montevideo (archivo, setiembre de 2015).

Foto: Nicolás Celaya / adhocFOTOS

Bueno, pero tenemos que considerar que, personalmente, pertenezco a una generación que ya está en un ciclo tardío de su vida artística. Hay un territorio restringido en el que se desarrollan nuestros trabajos, y yo pertenezco a ese campo, en su versión tardía. Pero estoy muy interesado en todo lo que pasa.

Por algunas cosas que dijo en OK OK OK y en entrevistas recientes, no sé cuánto quiere hablar de política en estos momentos, pero es difícil hablar con un brasileño sin preguntarle por la situación en su país, que aquí vemos con mucha preocupación.

Es muy preocupante, sí: el gobierno, la derecha, la intolerancia y la manipulación de la vida social, las dificultades que viven los obreros. Y no se trata sólo de Brasil: el ascenso del nazifascismo es un problema mundial muy delicado; ocurre en Europa, en Estados Unidos, en muchos países de América Latina, en África y en Asia. Hablar de cosas políticas, con toda su complejidad, es siempre difícil, porque hay un riesgo en cómo se puede comunicar y ser interpretado, pero los ciudadanos de hoy son impulsados naturalmente a manifestarse sobre su entorno político, económico y social. Es difícil pero natural.

En los últimos tiempos ha estado también del otro lado en esa comunicación, con un programa de entrevistas en televisión, y me dijeron que en Uruguay se va a filmar un encuentro suyo con José Mujica.

Son dos proyectos diferentes. El año pasado empecé ese programa [Amigos, sons e palavras, en Canal Brasil] en el que converso con artistas, deportistas y también políticos. La segunda temporada va a empezar en mayo. El encuentro con Mujica se va a registrar para un documental sobre líderes de distintos países, no sólo políticos sino también científicos y religiosos. La idea es hablar de todo: de la vida, de su vida, su trayectoria y la mía, de los encuentros naturales entre las aspiraciones brasileñas y las uruguayas, de su papel en la lucha popular por una vida mejor, más justa, de lo que pasa con nosotros en Brasil, de los cambios en la vida actual con las tecnologías más recientes...

¿Cómo va a ser Voz e violão, el espectáculo del 2 de mayo en Montevideo?

Voy a cantar solo con mi guitarra: para un cantautor como yo es algo muy interesante, quizá un poco más fácil que presentarme con una banda, y también es un poco más difícil llegarle al público con menos elementos. Van a ser canciones propias, nuevas y viejas, y también de otros autores.

Los músicos de su generación demoraron en llegar a Uruguay, pero desde los años 90 usted estuvo aquí varias veces. ¿Recuerda alguna en especial?

Varias: la primera en un teatro antiguo [el Plaza], cuando trabajaba con una banda híbrida, que incorporaba cosas de rock and roll; otra al aire libre [en el Teatro de Verano], con la gira del disco Banda larga cordel; otra con Caetano [en el Velódromo], también al aire libre...

... y hacía mucho frío.

Sí, ¡mucho frío! Fue muy difícil para nosotros en términos físicos, pero también muy gratificante en términos artísticos y espirituales. Siempre ha sido bueno estar en Uruguay. Espero que vengan a verme la semana que viene, y que puedan disfrutar de un encuentro saludable con la pequeña parte de la música de Brasil que yo represento.