Todo empezó con un viento fuerte. Según cuentan Alejo Araujo y Malena Bystrowicz, directores del Festival de Cine Cannábico del Río de la Plata (FICC), fue una tarde ventosa que los obligó, en pleno diciembre y estando “bien al sur, entre lagos y montañas”, a refugiarse puertas adentro de la casa y pasar el rato pensando en cuál sería “el trabajo ideal”. De ahí a concebir la idea de combinar su experiencia como realizadores y organizadores de festivales con la pasión por el cannabis no hubo más que un paso. Se les ocurrió que ya había en el mundo material cinematográfico suficiente como para organizar un festival de cine cannábico, y pusieron manos a la obra. El primer FICC se hizo en Montevideo, a fines del año pasado, en el marco de la Expocannabis Uruguay. Tenían previsto hacer la segunda edición en abril de este año en Buenos Aires, pero la situación sanitaria los obligó a cambiar los planes. El asunto se demoró unos meses, pero ahora aterrizan nuevamente en esta orilla para ofrecer una grilla de casi 20 títulos procedentes de diez países y que se organizan siguiendo tres ejes: Cannabis y salud, Activismo cannábico y Ficciones cannábicas.

Dice Araujo que, cuando empezaron a pensar el festival, su idea era aportar “desde la cultura y desde el cine como medio movilizante y de identificación”.

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El cine es, además, su herramienta para contar las cosas, y entendieron que con ella podían sumar algo a la exposición de diversas situaciones que atraviesan usuarios y usuarias de cannabis, al conocimiento y la difusión de sus derechos y a la confrontación de los tabúes que todavía se mantienen en torno a los usos de esta planta “tan amable y virtuosa que se convierte en risa o medicina y que abriga transformada en casa o vestimenta”. Así, con el audiovisual como “herramienta poderosa de transformación social, generador de conciencia, reflexiones y comportamientos”, encararon esta tarea de programar películas cortas y largas que tienen en el cannabis su tema, tanto sea en forma de ficción como de documental o manifiesto. El festival no promueve el consumo, pero aspira a brindar información tanto sobre las formas en que se puede usar el cáñamo como sobre “las problemáticas que rodean el tema: salud, justicia y derechos humanos”.

Y como la cuestión del cannabis aparece en todo el mundo, se encontraron con que en varios países se había hecho “la misma película”, en el sentido de que se habían contado historias de la prohibición, o del camino hacia la despenalización, y vieron que en los lugares en que ya se había avanzado hacia la legalización surgían también ficciones cannábicas. “Creemos que el cine está reflejando lo que está sucediendo a nivel mundial”, dice Araujo, pero destaca que el festival es “del Río de la Plata”, porque “hablamos desde acá, desde este lugar del mundo y desde nuestra cultura”. Creen que “se está avanzando” en la comprensión de las posibilidades del cannabis, y “con Uruguay como un faro” y con la alegría de que la semana pasada se reglamentó en Argentina la ley que, además de habilitar el consumo medicinal, abre la puerta al autocultivo, se está caminando a favor de la lucha de varios colectivos, aunque todavía haya obstáculos por sortear. “Pero vemos positivos estos cambios y vemos que desde nuestro espacio podemos dar esa batalla cultural”, concluye.

Qué y dónde

  • Del 19 al 27 de noviembre en Sala Zitarrosa, Centro Cultural de España, Sala Lazaroff, Centro Cultural Terminal Goes y explanada del Castillo del Parque Rodó
  • La programación completa se puede ver en ladiaria.com.uy/U6p o en las cuentas del FICC en Facebook e Instagram
  • Todas las películas se exhiben con entrada libre y gratuita excepto La Daronne y Una historia de la prohibición, que integran la grilla del 38° Festival Internacional Cinematográfico del Uruguay.

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