Esta nota podría empezar con una lista bastante larga de los premios que ganó, las películas y las series que protagonizó, los discos que grabó, las colaboraciones internacionales que realizó y los espectáculos musicales en los que la rompió. Podría recordar que empezó su carrera como actriz cuando era niña, que debutó como cantante solista a los 20 y pocos años y que es posiblemente una de las artistas más queridas de Argentina. Pero no le haría justicia a la pletórica trayectoria de Lali Espósito, que hoy, con 30 años, es una de las principales referentes mujeres de la música pop en América Latina.

La artista, que se encamina a la grabación del que será su quinto disco de estudio, vuelve a Uruguay después de cuatro años para presentarse el 13 de agosto en el Antel Arena, en el marco del Disciplina Tour, que estrenó a fines de junio en el Luna Park de Buenos Aires y despegó este mes en distintas provincias argentinas. Las entradas para el show en Montevideo están casi agotadas.

La vuelta de Lali a los escenarios abre una nueva etapa en su carrera musical, marcada por el pop más clásico, una especie de homenaje a las ídolas y los ídolos que la inspiraron cuando crecía, pero también una palmadita en la espalda a su versión más genuina. Por eso tampoco siente que está nadando contra la corriente en un momento en el que la escena está dominada por sonidos más latinos y urbanos: más que nadar, fluye en su propia corriente. En esta nueva era, la cantante y compositora explora el pop fusionado con otros géneros, como el rhythm and blues, como mostró en “Diva”, o con la electrónica, como dejó patente en las canciones “Como tú”, “Disciplina” y su hit más reciente, “N5”.

A pocas semanas de tocar en Montevideo, la estrella del pop habló con la diaria sobre cómo vive el regreso a nuestro país y qué podemos esperar del espectáculo que, según dijo, es “el show que tiene que estar pasando”. También aclaró que no se siente referente feminista o de la comunidad LGBTI, aunque es un lugar que ocupa “indefectiblemente” por las causas que abraza arriba y abajo del escenario.

Además, aseguró que las diferencias entre la Lali que lanzó su primer disco hace casi una década y la Lali que hoy lidera el Disciplina Tour es que aprendió que, si no tiene a su persona “alimentada”, su artista “es pobre también”. ¿Algo que no haya cambiado? “Siempre fui súper sincera conmigo en cada época”. Quizás por eso mantiene desde hace años un público tan fiel. Quizás por eso, cada dos por tres, en las redes sociales se viraliza un cartel que dice: “El que no quiere a Lali no quiere a la mamá”.

¿Qué sentís al volver a Uruguay después de cuatro años?

Primero, full éxtasis porque siempre toqué en el Teatro de Verano, que es hermoso, y siempre me llevaba altos recuerdos de esos shows, porque son particulares, pero ahora pasar a este Antel Arena tan gigante, que además está muy cerquita del sold out, no lo puedo creer. Cuando me dijeron que iba a tocar ahí dije: “Pero, boludo, ¡entra un montón de gente!”, y de pronto me encuentro con todo este público que está con ganas de ir al show, que me lo demuestra sacando sus entradas y con esta previa que se siente a través de las redes, que están esperando mucho el show, y eso es muy halagador. Yo estoy chocha de ir y sobre todo de ir después de todo este tiempo. Soy de las que creen que todas las cosas hay que capitalizarlas y siento que tanto tiempo sin vernos con el público de Uruguay vale la pena sólo por darles este show ahora.

¿Qué podés adelantarnos sobre el show?

Siento que este era el show que había que llevar, que este es el show que tiene que estar pasando, que estas son las canciones que me definen, con las que puedo expresarme realmente al 100%, entonces era hora de este tour. Disfruto mucho esta posibilidad que se me presenta de volver a tocar con un concierto como el de Disciplina, con canciones como “N5” sonando ahora. Me entusiasma que este sea el show que puedo ir a regalarles y conectar con el público de ahí, así que estoy ansiosa. Es el Disciplina Tour que ya estoy haciendo por mi país, en un montón de provincias, y es un placer poder visitar a les vecines con esto.

Tu vuelta a los escenarios llega en plena revolución en cuanto a lo que es tu música, como muestran los últimos temas que lanzaste, canciones bien pop, fusionado con otros géneros. Dijiste en varios medios que esta es la música que más te representa. ¿Por qué esto es lo más Lali que podemos escuchar, al menos por ahora?

Hay una parte que tiene una explicación técnica de gusto musical y de trabajo en estudio y hay una parte que no tiene tanta explicación, o que por lo menos es difícil de verbalizar, y es que es lo que nace, es la incomodidad ante lo que no es uno y la comodidad absoluta cuando algo es vos. Eso es más difícil de verbalizar, pero porque viene de adentro, porque viene de una crianza musical, porque es la música con la que crecimos. Si bien obvio que admiro a un montón de gente de la escena actual, mis ídolos musicales son de otras épocas, que han marcado hitos en sus determinados momentos y que han cambiado la música en los 80 o en los 90, es decir, una artista como Madonna, un performer como Freddie Mercury o como Britney y tantos artistas que me gustan. Entonces, este disco nuevo, que todavía no lo conocen entero pero que ya conocen estas canciones, está absolutamente influenciado por quien soy yo a nivel de mi crianza musical y mis influencias. Me parecía atinado, ya que me dedico a esto, ser lo más genuina posible e intentar proponer esto al público que lo quiera recibir.

Siento que hay un público que merece este pop electrónico, que también son fans de esto como yo. Me pasa desde el día en el que empecé a hacer música. Cuando saqué el disco A bailar [2014], mi necesidad musical era la misma que ahora, esto de decir “che, mis ídolos cantan esto en inglés, ¿los hispanos qué hacemos si nos gusta esta música? ¿No la podemos cantar en castellano?”. Esa decisión de ir a por eso sigue siendo la misma impronta que tengo ahora: traer estos sonidos, ponerles la letra en castellano y hablar de cosas que me interpelan a mí y que siento que pueden interpelar a mi misma generación, a más chicos, a más grandes, a quien le quepa el saco. Si yo no hago las cosas sinceras, no las hago. Me pongo a actuar, que por suerte también puedo vivir de eso, y chau. Pero si voy a hacer música, por lo menos quiero proponer algo original, un poco de personalidad. Aparte me excede a mí, es también que estos músicos y estos dancers puedan tocar y bailar esto en vivo, que es tan necesario, y mostrar un poco de desarrollo pop.

En los últimos años, tanto por tu música como por los mensajes que das arriba y abajo del escenario, te convertiste en una referente feminista, y también lo sos para el movimiento LGBTI. ¿Cómo te sentís ocupando ese lugar?

Es verdad que uno se transforma en referente indefectiblemente porque tiene herramientas para eso, es decir, yo tengo la posibilidad de [tener] un micrófono, de salir en la televisión abierta; tengo un montón de posibilidades que un montón de voces mucho más instruidas que yo no tienen, entonces con absoluto respeto y amor trato de usar todas estas herramientas para sumar. Para sumarme también a mí, como ser social, porque ¿para qué carajo me dedico al arte si no sumo nada? Pongo un restorán y ya está. Pero si me dedico a esto, creo que está bueno, si es que de verdad te nace, ocupar tu lugar con firmeza y usarlo bien. También como ser social, porque, más allá de mi parte artística, yo tengo amigues. Tengo amigues que en sus laburos, en sus vidas personales o sexuales sufren ciertas situaciones, entonces excede a mi artista, es una cuestión personal. Yo no me siento referente y siempre lo digo porque me parece real: yo me considero una aprendiz de feminista. Como todes, estoy todo el tiempo deconstruyéndome, viendo mis hilos que me joden, sacándome chips instaladísimos de la vida.

Los que tenemos 30 somos una generación muy de eso, de dejar de ser un reflejo de un tipo de educación para pasar a ser quienes queremos ser de verdad. Todo eso es un proceso y estoy con los oídos y los ojos muy abiertos ante gente que admiro, que escucho hablar, que leo sus libros y me instruyo. Pero, básicamente, creo que es que no me da igual. No me da igual nada.

Hoy, por ejemplo, me levanté con la noticia de que “N5” está número uno en radios de Argentina, y fuera del “ay, mi canción está en el número uno”, no es una boludez. Celebramos esta noticia en grupos con amigues pero porque no es menor que esté en el número uno una canción como “N5”, que está hecha de una chica para una chica y que tiene ese video. No es menor, yo no doy por hecho que esté en el número uno, me parece importante. Y, repito, excede a mi ego como artista, es importante por todo lo que representa esta canción. Y así voy vibrándola, disfrutando mezclar mi desarrollo como artista con mi desarrollo como persona, que van de la mano. Una alimenta a la otra.

¿Qué diferencias –artísticas y personales– dirías que hay entre la Lali que lanzó su primer disco hace ocho años y la que hoy encabeza este Disciplina Tour?

Si no hubiera diferencias estaría en un problema heavy. Viste que siempre el concepto de madurez nos jode porque nos pone en un lugar aburrido, es como que hay que dejar de divertirse. Hay una confusión con el concepto y yo creo que me divierto más ahora que cuando tenía 20, por un montón de aspectos, de liberarse, de aprendizajes. Hay algo que conecta esa época con esta que es que siempre fui súper sincera conmigo en cada época. Si vamos a los discos, por ejemplo, agarrás cada disco y ese disco es ese momento de mi vida al 100%, en la letra, en la música. Siempre fui bastante consecuente.

Pero la diferencia está en las experiencias vividas y en haber querido poner esas experiencias en práctica, en una canción, en una letra, en mi propia vida también. Yo me daba cuenta de que capaz que tenía a mis amigos por ósmosis, porque te saben buena gente, te quieren, se alegran por tu éxito y todo, pero no sé si era buena amiga antes, por ejemplo, no era tan consciente de poner a mis amigos primero en un montón de cuestiones, mi trabajo era todo. Creo que la diferencia principal entre aquella Lali y esta es que aprendí que si no tengo a mi yo persona alimentada, mi artista es pobre también. Esa es la diferencia principal. Pongo mucho más a la Lali persona por delante o, por lo menos, más a la par de la artista.