Buenos Aires, medianoche del 23 de enero de 1985. La FM Rock & Pop comienza su transmisión en el 106.3 del dial desde estudios situados a tres cuadras de la Casa Rosada. El empresario Daniel Grinbank (uno de los socios fundadores y su director artístico hasta 2001) planea abrir la transmisión con algunos comentarios, pero siente el temor de trancarse en vivo y opta por grabar un casete, aunque ni así logra que sus palabras fluyan por el éter cuando la cinta patina. Para salir del bache, el operador lanza la primera de las tres canciones programadas: “Stairway to Heaven”, de Led Zeppelin, y a continuación suenan “Imagine”, de John Lennon, y “Satisfaction”, de The Rolling Stones. Esa tríada de canciones fundacionales marcarían la impronta de una radio que por entonces vivía la intensidad zeppeliana, el espíritu dionisíaco de los Stones y aquella pacífica armonía del hit de un beatle, en sintonía con aquel espíritu de época que dejaba atrás la dictadura militar.

Desde entonces se sucedieron dos temporadas dedicadas exclusivamente a la música hasta que llegaron los contenidos hablados. Radio Bangkok (Lalo Mir, Bobby Flores y Douglas Vinci) y Feedback (Mario Pergolini y Ari Paluch) liderarían una avanzada de programas que influirían a otras emisoras de las dos orillas del Plata. Desde entonces, el legado de Rock & Pop es audible en la radio uruguaya (mayormente de FM), que adoptó formatos, nombres de programas, secciones, personajes, pasajes de su artística y hasta importó figuras como Mario Pergolini, quien durante el verano de 1990 condujo el programa Rock ‘n Sol en FM Del Sol. Meses atrás, ese comunicador y empresario sorprendió con su regreso a la emisora para conducir el histórico Ranking, que reúne las 40 canciones más votadas por la audiencia.

¿Y ahora qué pasa?

La Legislatura porteña homenajeó a Rock & Pop por sus cuatro décadas y destacó su rol de usina cultural que acompañó a varias generaciones, siendo parte de la identidad colectiva bonaerense. Desde 2016, el grupo Alpha Media lleva adelante este medio que es parte de un conglomerado integrado por varias emisoras. Su presidente es Marcelo Fígoli, quien desembarcó en el fútbol uruguayo comprando el 70% de las acciones de Juventud de Las Piedras. No es su único emprendimiento en Uruguay: desde Fénix Entertainment Group, otra de sus empresas, administra un centro de convenciones puntaesteño.

Según los ratings de diciembre de 2025 estimados por Kantar Ibope Media, Rock & Pop es la cuarta FM más escuchada en un dial porteño atomizado con más de 20 radiodifusoras de frecuencia modulada. El comunicador y deejay Bobby Flores, quien conduce Sería peor si lloviera en las noches de esta emisora, relaciona esta vigencia del medio con lo orgánico de su propuesta: “Las radios que desaparecen no tienen concepto, las hacen para ganar guita o hacer famoso a alguien. Si tu radio tiene un concepto, es genuino y lo podés sostener, me parece que no hay fecha de vencimiento”. Flores, dicho sea de paso, realizará sesiones de escucha de vinilos en Pueblo Narakan (Punta del Este) del 23 al 31 de enero.

Eduardo de la Puente, otra figura histórica de esta radio, en la que lleva 38 años, atribuye parte del éxito al arrastre de la marca y otro tanto a la música: “Seguir dentro del rock y el pop clásico marca la gran diferencia. No es Aspen, que, aunque está súper bien manejada, tiene un límite musical; Rock & Pop también lo tiene, pero va más allá. Puedo pasar Megadeth, porque es un clásico, y en Aspen no sonaría jamás”. Por su parte, la locutora Martina Soto Pose, que durante el año pasado alternó la conducción de varios especiales y el Clásico de clásicos los fines de semana con De la Puente, asocia esta permanencia a la música y los comunicadores: “El programa de Alfredo Rosso lo escucho porque nadie me va a tirar esa data, ese es el diferencial de Rock & Pop respecto de otras radios y las plataformas de streaming. Con Eduardo me pasa un poco lo mismo, con Bobby y la selección de temas que hace. Bueno, es uno de los pocos, junto con Eduardo y Rosso, que eligen sus propias canciones, porque la selección pasa por el criterio de los musicalizadores de la radio”.

De la Puente no sólo maneja un margen de decisión sobre las canciones que suenan durante su programa, sino que también invita a la audiencia a participar en la elección por medio de interacciones desde su perfil de Instagram, en lo que denomina “Vuelta en vinilo on demand”. De ese modo, los oyentes tienen voz y voto sobre los discos que serán servidos en bandeja, siempre que se trate de clásicos.

Sin tanta interacción con la audiencia, Flores describe su minimalismo radial: “Puedo hacer un set de dos horas sin necesidad de hablar porque hay una idea y son músicas que no difunden. Klaus Nomi, por ejemplo, entra bien si lo pones detrás de Nina Hagen y David Bowie. Considero que la música se escucha, no se explica, y la radio sigue siendo el medio más agresivo, veloz y eficaz para difundirla. El otro día fui a comprar un candado a la ferretería de unos paraguayos, había gente y me quedé esperando. Estaban escuchando una radio paraguaya por internet y sonaba un tipo que tocaba el arpa con una pista de fondo. Era como ‘Pájaro campana’ pero con electrónica atrás, y cuando vino el ferretero a atenderme le dije: ‘No, pará que quiero ver quién es este’. Fui a comprar un candado, no tenía ningún interés en conocer música nueva, pero estaba ahí, sonando en la radio”.

La radio ataca

“El asunto es que no se encuentra la parte discursiva”, dice De la Puente acerca del otro componente identitario de Rock & Pop: la transgresión. Aquella que lo llevó a acumular denuncias de todo tipo por parte del Comité Federal de Radiodifusión, órgano regulador del espacio radioeléctrico argentino. El conductor nota que ahora los límites se corren más desde el streaming y admite: “Le hicimos daño al medio. Hubo gente que tomó mal el mensaje, hoy tenés streamers cuyos contenidos son una puteada tras otra y a veces faltan el respeto. Nosotros armábamos radioteatros sobre gente con síndrome de Down, viejos, homosexuales, negros. Hacíamos humor con todo porque era parte de nuestras vidas. Más inclusivo que eso, nada. Ahora es difícil transgredir con un presidente que te bardea y opositores que también te basurean y boludean”.

Otra daño colateral que reconoce De la Puente se vincula con ¿Cuál es?, aquel programa que condujo durante 17 temporadas junto con Pergolini y Marcelo Gantman, generalmente liderando las mañanas de la radio argentina. Durante su primera hora, los animadores conversaban sobre la nada en un lenguaje coloquial, algo que ahora funciona como el denominador común en los programas radiales y de streaming más populares del Río de la Plata. El conductor recuerda que aquellas conversaciones surgieron de casualidad, “como el Viagra y la penicilina. Uno dijo: ‘Fui al supermercado y no encontré tomates La Campagnola’, entonces hablamos media hora de eso. Así se armó. Algunos que hacen streaming pisan creyendo que son estrellas y nosotros pisábamos sin serlo. Éramos gente común que laburaba en radio, ese podría ser el yeite de Rock & Pop ahora. Beto Casella hace acá un programa todas las mañanas y es una estrella, pero no se pone en ese lugar. Acá no hay estrellas, hay gente que sabe lo que hace, pone una canción y te rompe la cabeza”.

Nada que ver

Las cámaras de Rock & Pop se encienden de lunes a viernes para transmitir por Youtube y se apagan los fines de semana cuando no hay quien las opere. Además, los sábados y domingos la programación adquiere un tono más musical que conversacional. Según De la Puente, quien además realiza el podcast El rock y todo lo demás en plataformas de Rock & Pop, transmitir por streaming debe estar acompañado de una infraestructura mínima: “Poné un croma o una escenografía, hacé tele por internet. Para mí la radio es radio, la tele es tele y, si no, es streaming, que es otra cosa. La radio televisada no aporta mucho, a menos que te diga ‘qué lindo corte de pelo que te hiciste’, entonces el oyente entra a Youtube y se fija cómo te quedó”.

Flores también es reticente a esa tendencia y conduce su programa en penumbras: “No tienen nada que mirar. Soy DJ desde 1977, vengo del siglo pasado. Mirarme a mí es ver a un boludo poniendo música, no tiene valor audiovisual. Hay proyectos donde no entra la imagen. La gente te mira un minuto y después sigue haciendo sus cosas. A mí no me gusta que me miren, ni soy simpático, pero algunos encontraron una nueva forma de transmitir”.

Otro coletazo del ecosistema virtual son los haters; uno de los comunicadores que peor la pasó fue De la Puente tras comentar un concierto que el Indio Solari dio en Mendoza en 2013: “Fueron miles puteándome a mí, a mi mujer y a mi hijo, amenazándonos”. Aquella vez criticó la organización de las “misas”: “Dije que el Indio me parecía contradictorio porque odiaba a la gente y se recluía en su casa, pero necesitaba cientos de miles de personas delante del escenario. También dije que transaba con los intendentes, que tocaba donde tocaba porque lo tenía negociado con ellos. Desde la combi que te llevaba, pasando por el puestito de choripán, hasta el baño químico, era guita que iba para él. Lo cual era cierto. Se me vinieron encima porque les toqué al dios”.

Años después, durante una entrevista telefónica a Marcelo Figueras (biógrafo y amigo de Solari) en un programa donde compartía la conducción con otros comunicadores, De la Puente llegó tarde y cuando saludó al invitado este optó por cortar la conversación. “¿Sabés qué pasó? Que las cosas que dije y molestaron tan equivocadas no estaban. Porque si no, me hubiera tratado de boludo o refutado lo que dije. Algo de razón debía de tener”, concluye el comunicador.

Por encima de estas polémicas, el espíritu de aquella radio se manifiesta en el vínculo emotivo y horizontal entre comunicadores y audiencia, como cuando De la Puente se sorprende con una rosca de Pascuas que le deja un oyente en la recepción de la emisora. También está presente en el interés que despiertan sus contenidos musicales, incluso en quienes trabajan allí, cuando Soto Pose pasaba de conductora a fan sin cambiar el dial. Y subyace en ese espíritu lo vocacional que lleva a Flores, con 66 carnavales encima, a subirse a una moto para ir a pasar música en Rock & Pop durante las últimas horas del día. Las cámaras omnipresentes no captan esa esencia fundada durante el siglo pasado, en la percepción de intimidad a distancia que impide al oyente bajar del coche hasta que el de la radio termine de contar una historia, a veces para no dejarlo hablando solo.