Andrea Arobba baila, investiga, es docente y coreógrafa desde hace más de 30 años. Dirige GEN Centro de Artes y Ciencias y es docente del área contemporánea de las Enfas Sodre, donde contribuye a la formación de nuevas generaciones de bailarines y coreógrafos.
Ahora, en Madres, es dirigida por primera vez por la dramaturga y docente Mariana Percovich, para la conmemoración de los diez años del ciclo Ellas en la Delmira en el teatro Solís. Ambas conocían y apreciaban el trabajo de la otra y este proyecto en común resulta una oportunidad de intercambiar vastas experiencias vitales y artísticas.
Madres nos propone sumergirnos en los mitos y realidades de la maternidad en un espectáculo de danza contemporánea y gran teatralidad, en el que el tratamiento del espacio y la relación con el público son parte esencial de la propuesta.
Convertirse en madre es sin dudas una revolución en múltiples aspectos. Por eso las creadoras decidieron involucrar a los espectadores y de esa manera “propiciar que el público revisite sentimientos, se ponga en los zapatos de una persona que acaba de atravesar uno de los cambios físicos más drásticos que puede vivir un cuerpo humano y comprenda mejor los impactos de ese proceso en la identidad, el sentido de propósito personal e incluso la salud mental”, dice Arobba. Tanto Percovich como Arobba suelen integrar en sus espectáculos la mirada del espectador e incluso mirarlos directamente a los ojos, y la Delmira es una sala que propicia a la perfección ese vínculo.
La bailarina sostiene que hay muchos aspectos de la vivencia concreta de ser madre que continúan siendo muy pobremente discutidos en la esfera social y, por lo general, se sepultan bajo una capa de expectativas y tabúes. Todo el mundo celebra el estallido de amor implícito en ser madre, dice Arobba, “pero hay una menor disposición a incorporar la idea de que ese estallido, además de un idilio maravilloso, es un vínculo que cambia radicalmente la relación con el mundo, la identidad y el cuerpo. Y esa incomprensión tiene consecuencias a menudo desastrosas en la vida de las mujeres, e indirectamente en la capacidad de mantener vínculos constructivos con sus familias”.
En el discurso público, por ejemplo, considera Arobba, hay poca inclinación a procesar la demografía real de la depresión posparto: “En general, la distorsión del cuadro personal de identidad solo ingresa en la conversación social cuando la madre ha cruzado un umbral psiquiátrico inocultable, pero se pasa de largo el hecho de que absolutamente todas las mujeres al parir cambian por completo su metabolismo hormonal y, por lo tanto, la modulación de sus estados de ánimo y, en alguna medida, también su percepción de su realidad o de su lugar en el mundo”.
Ante la interrogante de si la maternidad-paternidad puede considerarse una ecuación, Andrea Arobba es categórica: “Todas las personas provienen de una madre y también de una participación masculina en la concepción, pero la mujer atraviesa un proceso completamente distinto al del hombre. Entender la dimensión física y psicológica del proceso por el que un humano viene al mundo supone aceptar con humildad que hay dimensiones en las que esa ecuación no es equiparable. No hay un volumen de comprensión y empatía que convierta a un padre en una buena madre. Hay aspectos que nunca vivenciará ni entenderá en toda su dimensión experiencial. Si todo sale bien, una persona, del género que sea, podrá acompañar y colaborar con una madre y sentir el proceso desde una perspectiva íntima y significativa. Puede ser parte activa y comprometida, que incorpore al hijo como una parte central de su vida e incluso puede suplir a una madre. Pero los humanos somos, en el mejor sentido de la palabra, animales. Somos seres físicos, que tienen un cuerpo. Y hay dimensiones de lo que atraviesa una persona que lleva un humano dentro que no son enteramente comprensibles desde fuera”.
En el mes de las mujeres, Madres invita a celebrar la maternidad. Y una de las mejores formas de hacerlo, entiende Arobba, es contribuir a conocerla mejor, a aceptarla como un hecho multidimensional donde se combina un proceso biológico con uno cultural. Su exploración en tanto proceso definitorio que va acompañado de enormes retos, frustraciones, disfrute profundo, angustia, alegría, embeleso, furia, desorientación y de ocasional claridad meridiana, nos ayuda a entender el proceso que nos da origen: donde se funda todo lo que un día seremos”.
Madres. 5 y 6 de marzo a las 21.00 y 7 de marzo a las 19.00 y a las 21.00. Sala Delmira Agustini, teatro Solís. Entradas a $ 650 en Tickantel. 2x1 para la diaria.