Dado que el nombre de Palestina viene estando asociado a algunas de las noticias más tristes que venimos leyendo en los últimos dos años y medio, uno tiene la idea de que una película ambientada entre palestinos va a reflejar directamente sus problemas más agudos, como pasó con las internacionalmente premiadas No Other Land (2024) y The Voice of Hind Rajab (2025). Sin embargo, la vida sigue, al menos en los acotados contextos en los que el acoso militar y económico israelí no es tan agudo, y esto se refleja en otro tipo de películas, como fue el caso de Happy Holidays (2024, de Scandar Copti) y de esta ópera prima de Laila Abbas.
La acción transcurre en la bella y relativamente próspera ciudad de Ramala, capital de la Autoridad Nacional Palestina, ubicada en Cisjordania. Sí, el fuego está cerca: en un momento, el trayecto en auto de las dos protagonistas tiene que desviarse, porque un grupo de jóvenes agitadores locales está armando un piquete y les advierte sobre la presencia de un jeep militar israelí en la zona y les recomienda cuidado. Una de ellas, Noura, considera la posibilidad de emigrar, y alguien le comenta que le conviene apurarse antes de que Israel decrete la prohibición de dejar la ciudad. Una de las sorpresas hacia el final de la película también va a tener que ver con el conflicto palestino-israelí.
Esencialmente, sin embargo, esos embates quedan en el trasfondo. La historia es la de dos hermanas que no se llevan bien. Noura vivía con el padre y era la que cargaba el peso más grande de los cuidados del viejo. Una tarde, lo encuentra muerto y convoca a la hermana Mariam para una jugada: solo van a avisar del fallecimiento al día siguiente, y durante lo que queda del día tratarán de cobrar en el banco la suma considerable (casi 170.000 dólares) que el padre tenía en su cuenta.
El motivo es que tienen un hermano que vive en Estados Unidos. Por la ley palestina, que tiene aspectos basados en la sharía (ley islámica), los varones tienen derecho a la porción mayoritaria de la herencia, lo cual está pensado en función de que, se supone, al varón le toca mantener, o colaborar para mantener, a las mujeres de la familia. Si se dejara correr regularmente el proceso sucesorio, el hermano se quedaría con la mitad del monto de la cuenta y las dos mujeres se repartirían la mitad restante. Con buena razón, ellas argumentan que el hermano se borró, que no se ocupó del padre ni se ocupará nunca de las hermanas, y consta (al menos es lo que dice Noura) que era voluntad de su padre que ellas se quedaran con toda la plata.
Una vez que el monto es demasiado alto para una transacción bancaria corriente, surgen complicaciones, que van a llevar a Mariam y Noura a pasar juntas toda la tarde, casi toda la noche y buena parte del día siguiente. En ese lapso, en que transcurre la totalidad de la historia, nos vamos a familiarizar con varios aspectos de las vidas de una y otra. Su periplo va a incluir el contacto con distintos personajes y situaciones, que le dan a la película, parcialmente, la lógica de una road movie, cambiando la carretera por las calles de Ramala.
Afloran dos conjuntos de contenidos. Por un lado, la película tiene un costado más programático que da cuenta de diferentes formas de desigualdad entre los sexos, lo que parece generar, por lo que muestra la película, una colección de varones algo prepotentes, poco empáticos, mayormente conservadores o hipócritas. Uno de los momentos más contundentes es cuando una de las hermanas está intentando convencer a un tío a ayudarlas en la transacción ilegal, y él lo rechaza con fundamentos ético-religiosos. Ella observa que, si tanto le concierne la sharía, en su condición de pariente varón vivo más cercano, frente a la deserción del hermano de ellas, tendría que hacerse cargo de Noura, que es la hermana soltera. Queda claro que los elementos de la sharía que al tío le importa respetar son los que implican ventajas, pero no los que implican obligaciones.
La película es también una historia de “pareja despareja”, concentrada en las dos hermanas que no parecen tener casi nada en común y no estar de acuerdo en nada. La muerte del padre, el acuerdo en llevar adelante la transacción para hacerse de la plata, las fuerza a acercarse y, al fin de cuentas, entenderse, aunque sea, un poquito mejor. Están, además, los apuntes políticos sobre la situación palestina, la crónica de la pareja de Mariam –un casamiento bastante infeliz–, las diferencias generacionales con su hijo mayor, el peso de la maternidad, y la colección de personajes interesantes –queribles o no– que vamos conociendo.
Por supuesto, está también el componente world cinema, es decir, un vislumbre sobre aspectos de la vida en Ramala, sobre la que la mayoría de nosotros no sabe absolutamente nada, y que puede sorprendernos, entre otras cosas, por lucir mucho más “normal” –para un montevideano– de lo que uno supondría frente a las situaciones más agudas vividas por buena parte de la población palestina.
De hecho, esta es una película que luce como una buena producción de ficción uruguaya: es relativamente barata e intimista, e incluso tiene en común con el cine local el hecho de que los elementos dramáticos están matizados por una fina capa de humor, bordeando la comedia (se puede decir que la música graciosita que aparece cada tanto es el único componente conceptualmente barato de la película). Está realizada en forma muy prolija y elegante pero escueta, discreta, sin ningún intento de exhibicionismo estilístico, con todo el énfasis puesto en la claridad, la funcionalidad expositiva y la puesta en relieve de las actuaciones y situaciones.
Las dos actrices principales tienen nacionalidad estadounidense y viven y trabajan mayormente en Estados Unidos, lo que puede haber colaborado para la buena difusión internacional de esta película chiquita. La formidable Clara Khoury es de origen efectivamente palestino y aparece también en The Voice of Hind Rajab. Yasmine al Massri es de origen libanés.
Gracias por operar con nuestro banco es una muy grata sorpresa, tiene sus complejidades, su perfil propio, el interés no decae nunca y alcanza preciosos momentos de intimidad, afecto y empatía.
Gracias por operar con nuestro banco (Thank You for Banking with Us). 97 minutos. En Life 21, Alfabeta, Movie Montevideo.