El título Padre madre hermana hermano enumera cuatro palabras, pero son tres capítulos. En Padre, Jeff y su hermana Emily visitan a su padre añoso, que vive en una casa aislada en la zona rural al borde de un lago en alguna parte de Estados Unidos. En Madre, Timothea y su hermana Lilith visitan a su madre en Dublín. En Hermana hermano, los mellizos Skye y Billie visitan por última vez el apartamento vacío, en París, de sus padres, recientemente fallecidos en un desastre aéreo.
Rima interna
Es como si cada una de las historias fuera una compleja estrofa en un poema, con reiteración de esquemas de métrica y rimas subrayando similitudes o contrastes en sus temas y figuras retóricas. En la introducción, cada una de ellas tiene una composición visual abstracta animada y música ambient, compuesta por el propio Jim Jarmusch junto a la británica Anika, sobre la que aparece el título del episodio respectivo.
Cada una de las historias empieza con el traslado en auto del par de hermanos a la casa del progenitor en cuestión. Durante esos traslados en auto, se avista algún grupo de skaters en la calle, y la cámara se detiene, apreciando la danza de sus movimientos en cámara lenta subrayada con música ambient. Cada visita implica un momento no muy extendido en el correr de una tarde.
Las tres historias incluyen una ocasión de servir bebidas calientes (té en los países anglófonos, café en París), y las mesas están tomadas desde arriba, en picado cenital, enfatizando el grafismo plano en la disposición de las tazas y otros elementos (y aquí se contrasta, por ejemplo, la abundancia casi obscena de masitas y tartas con merengues y colorantes en la mesa de la madre en Dublín, con la austeridad casi desoladora del padre del primer episodio). Alguien propone un brindis, y otra persona pregunta si es lícito brindar con esa bebida (agua, té o café, en cada caso).
En Padre y en Hermana hermano alguien pronuncia la expresión británica “and Bob’s your uncle”, que quiere decir algo así como “asunto resuelto”. En el episodio central, justo el que se ubica en Irlanda —probable origen de la expresión—, ella no aparece, pero alguien habla de un tío llamado Robert.
En los tres episodios aparece un reloj que parece ser un Rolex, y que quizá sea auténtico o quizá una falsificación. Jarmusch suele tener un gusto especial por las voces graves y profundas, y ellas aparecen en los tres episodios: Tom Waits y Adam Driver, Charlotte Rampling y Cate Blanchett, y el timbre imponente, casi irreal, de Luka Sabbat.
Esas reiteraciones de motivos pueden funcionar como la insinuación de conexiones misteriosas, o curiosas, o estructurales, entre eventos distantes, un abordaje que a Jarmusch le encanta explorar, y que podemos tomar como un pensamiento que bordea lo místico sin llegar a serlo, o simplemente como una visión que explota de poesía.
Aparte de ellas, hay otras conexiones más puntuales: en la casa del padre, alguien llama la atención para la preciosa mecedora frente al ventanal que da al lago, y luego hay tres momentos separados en que cada personaje está sentado allí, en esa silla tan propicia para la contemplación trascendente, y esas tres ocasiones están también marcadas por la música ambient. Los créditos iniciales se dan sobre una versión formidable, por Anika, del clásico “Spooky”, y cerca del final, Skye y Billy escuchan la versión canónica del mismo tema cantada por Dusty Springfield. Al final del primer capítulo, el padre arregla telefónicamente un encuentro con quien parece ser una novia o amante llamada Charlotte, lo cual, volando un poquito, puede ser un arreglo simbólico con la madre (como él, separada o viuda) del segundo episodio, interpretada por Charlotte Rampling.
La comedia y su freno
Se puede decir que, sin dejar de tener sus connotaciones serias, todas las películas de Jarmusch fueron comedias, en algunos casos con la comicidad más expuesta y explícita, en otros transparentándose a través del clima poético. Creo que ninguna fue, en general, tan seria, tan grave, como esta. En algunas ocasiones, el director no puede con su naturaleza de humorista, especialmente en la escena del florero en Madre. La situación de la persona que, en forma bastante evidente, está llevando una vida muy precaria y trata de que sus parientes no se den cuenta, es más bien triste y patética, pero en otro episodio hay una contrapartida absurda que puede tomarse como comedia, en la persona que finge ser más pobre de lo que es para beneficiarse hedonísticamente y sin pudores de los gestos de piedad de sus parientes. Y hay, por supuesto, siempre algo ligero, no fatalista, en esa disposición zen de Jarmusch a empatizar y apreciar con ternura a los personajes y a las cosas, de modo que uno puede sonreír aquí y allá con elementos que no son propiamente graciosos, pero son ocurrentes y gozosos e invitan a distinguir y vivenciar la belleza.
Pero hasta ahí va la comedia. Los dos primeros encuentros son tristemente incómodos y traslucen la falta de sintonía, la eventual rotura de continuidad en el vínculo entre progenitores e hijos luego de que estos se independizan y parecen mantener un compromiso de entablar un contacto eventual que se da más que nada en respeto a un pasado que ya caducó o a cierto sentido de piedad, y no alimenta ninguna expectativa de gratificación emotiva presente o futura. De esa manera, casi que no se dan en esta película esos deliciosos diálogos jarmuschianos, y casi todo transcurre más bien al nivel de lo no dicho, los silencios, las mentiras piadosas.
Eso vale no solo para los vínculos intergeneracionales, sino también entre los pares de hermanos. En todo caso, el vínculo fraterno se va a dar en Hermana hermano, unificados por la melancólica sensación de que el poco futuro que podría haber con los padres (quienes, en este caso, seguían juntos y murieron juntos) ya no será. Hurgando en las pertenencias de ellos, Skye y Billie parecen descubrir aspectos que nunca habían conocido. Contemplando juntos esos pequeños secretos y la noción de la pérdida, esos dos personajes sí que se encuentran en un vínculo muy afectivo.
Extraños en el paraíso (1984), el primer largometraje de Jarmusch que se puede decir profesional, contenía una escena en que un personaje enumeraba los caballos que iban a correr en determinada carrera, y tres de ellos se llamaban como grandes películas de Yasujiro Ozu. Ese gran autor japonés se caracterizó por los dramas familiares que observaban, con distanciada melancolía, el transcurrir del ciclo vital, donde el crepúsculo de una generación era casi que el requisito para el florecimiento de la siguiente, y lo hacía además con un rigor formal con pocos equivalentes en la historia del cine. Sin ningún tipo de cita o referencia directa, este Jarmusch ya septuagenario está transitando el universo temático de uno de sus principales progenitores cinematográficos.
Padre madre hermana hermano (Father Mother Sister Brother). 110 minutos. En Torre de los Profesionales, Life 21, Movie Punta Carretas, Grupocine Punta Carretas, Alfabeta, Movie Montevideo, Portones, Grupocine Punta del Este.