“Un musical político sobre teorías de la conspiración y otras actividades anticientíficas”: así se presenta Terraplanistas, el espectáculo que estrena Santiago Sanguinetti este viernes en El Galpón. Fue concebido en el marco del programa In Residence 2025, A Turma / Plataforma Pláka, en Oporto, Portugal, cuenta con la dirección musical de Sebastián Codoni y es otra arriesgada propuesta de uno de los dramaturgos uruguayos más interesantes e innovadores de los últimos tiempos.

Un grupo de terraplanistas que zarpa desde Ciudad del Cabo con destino a la zona más austral del planeta quiere demostrar que la Tierra tiene “forma de tortita”, como dice Sanguinetti, y que la Antártida no es sino un muro de hielo que nos rodea. Después de un mes de travesía oceánica, este singular elenco desembarca en las islas Shetland del Sur y decide tomar de rehenes a los investigadores de la base científica española Juan Carlos I, con la pretensión de que ellos les proporcionen las pruebas definitivas que confirmen su teoría.

Desde el absurdo y la comedia se aborda la polarización y la construcción de discursos extremistas, la consolidación de los fanatismos y lo trivial que puede tornarse el debate público en nuestros días. ¿Hasta dónde se moldea desde lo mediático nuestras creencias? ¿Cuántos de nuestros enfrentamientos son genuinos y cuántos planeados por intereses ajenos? ¿Acaso preguntarnos todo esto nos incluye dentro de los colectivos que insisten en la conspiración?

Hecho en Europa

Durante octubre y noviembre de 2025 Sanguinetti desarrolló el trabajo de investigación y escritura que daría origen a este texto. Además, dio un curso de dramaturgia en Oporto, lo que, según cuenta, le permitió disponer de cierto tiempo y estímulos creativos extra mientras entraba en contacto con el ambiente cultural de la ciudad y con sus artistas. Allí sintió que era imprescindible que el músico elegido, Sebastián Codoni fuera avanzando en la composición de la música, que se hizo en paralelo desde Montevideo. De esta manera, al terminar la residencia Sanguinetti pudo mostrar a sus pares una versión bastante acabada de la obra completa. La devolución de ese primer público lo ayudó a revisar y corregir su texto.

Antes de culminar su residencia en Portugal, Sanguinetti recibió una invitación de la Comisión Artística del Teatro El Galpón para dirigir al elenco durante 2026. Las últimas semanas de estadía europea tuvieron entonces “el agregado de saber que la obra iba a suceder”.

La alegría vino acompañada por una mayor responsabilidad: “El Galpón, con su tradición de teatro político y con su herencia brechtiana –el teatro épico: ideológico, operístico y musical– parecía el lugar natural para poner en escena esta obra. Terraplanistas es, también, la historia de un viaje oceánico de descubrimiento, megalómano y trágico. Escribirla en Oporto me permitió pensarla como una versión ridícula de las historias violentas de conquista que todavía se celebran en los murales desgastados de la ciudad”.

Varios disparadores motivaron la escritura del texto. Entre ellos, Sanguinetti descubrió la existencia de la Sociedad de la Tierra Plana y vio en ella personajes entrañables como los que protagonizan Behind the Curve (2018), el documental sobre el mismo tema. La clave, cree, fue encontrar humanidad en la irracionalidad, fragilidad en el error.

En paralelo, había surgido la idea del musical. “Mientras pensaba en las teorías de la conspiración vi algunos espectáculos en Berlín, donde he estado viviendo en los últimos años, que me hicieron pensar que un musical podía ser una buena –y extraña– forma de tratar el tema. Un ejemplo fue Slippery Slope, de Yael Ronen, estrenado en el teatro Maxim Gorki en 2021. A mitad de camino entre Brecht, el expresionismo de principios del siglo XX y la estética de cabaret, el teatro alemán suele bordear lo kitsch para debatir políticamente, mezclando música, baile, vestuarios excéntricos y escenografías delirantes de gran presupuesto”, dice Sanguinetti.

El origen de la desconfianza

La anécdota de la obra está basada en un caso real: un grupo de terraplanistas estadounidenses organizó en 2019 una expedición polar para viajar a la Antártida y así comprobar que el continente es un muro de hielo gigante que bordea un mundo plano. La expedición nunca se concretó. La obra es la historia que pudo haber sido, dice Sanguinetti, visiblemente entusiasmado.

¿Cómo se logra el balance entre el respeto a los terraplanistas reales y el absurdo de las situaciones que generaron? La respuesta del autor está en el programa de mano de la obra: “La creciente irracionalidad del debate público fomenta el analfabetismo político, deteriora la vida colectiva y fortalece el autoritarismo, la intolerancia cultural y la destrucción del medioambiente. Entre estos movimientos anticientíficos hay uno particular: la Sociedad de la Tierra Plana. Cómica y aterradora a la vez, esta sociedad sirve de base para una historia a mitad de camino entre la comedia y la tragedia, propia de una época polarizada… Sin embargo, nuestra intención no es burlarnos, sino comprender. ¿Qué lleva a alguien a creer en lo absurdo? En un sistema que despersonaliza y aísla, que debilita los relatos colectivos y promueve el éxito individual, ¿qué ocurre con quienes quedan al margen de la vida productiva? ¿Cuán aislada debe sentirse una persona para buscar pertenencia en un grupo semejante? El surgimiento de creencias como el terraplanismo podría ser el resultado, en este sentido, de una actitud que también es nuestra”.

Sanguinetti no llegó a reunirse con colectivos organizados, pero sí con personas de pensamientos afines, para escuchar sus argumentos. “Dudar es el origen de la filosofía y el asombro, el de la ciencia. El acto de cuestionar es sano y necesario, pero no al punto de reducir el método científico a una mera opinión. Quienes creen en conspiraciones anticientíficas ven en la ciencia un dogma, y la ciencia es por definición lo contrario a un dogma. De hecho, hay académicos que entienden que los defensores de conspiraciones globales no hacen más que proponer una secularización del espíritu religioso: es decir, explicar los vaivenes de la vida ya no por la voluntad de un Dios, sino por la voluntad de individuos poderosos con intenciones malignas. El espíritu de explicación total, sencilla, directa es el mismo espíritu que alimenta los fascismos. Dudar es bueno, pero no lo es llamar ‘fraude organizado’ a lo que en realidad es desengaño de clase. La explicación no puede ser mágica y totalizadora, sino política y debatida”, sostiene Sanguinetti.

Del elenco “potente y ecléctico” de El Galpón, Sanguinetti destaca la alegría que significó volver a trabajar con Pierino Zorzini, el Mijaíl Bakunin de Bakunin sauna, estrenada en 2019. Soledad Lacassy y Camila Cayota tienen amplia experiencia en espectáculos musicales, al igual que Rodrigo Tomé, que, junto con Claudio Lachowicz, “imprime al espectáculo buenas dosis de histrionismo, oficio y talento actoral”.

Habrá tres músicos en vivo: Codoni (compositor de toda la música del espectáculo y guitarrista), Virginia Álvarez (bajo) y Pablo Schol (batería). Belén Insausti fue la responsable de los arreglos corales y del exigente trabajo vocal con los actores y actrices.

Sanguinetti confiesa la inspiración de The Rocky Horror Picture Show, de Richard O’Brian, y The Book of Mormon, el musical de los creadores de South Park estrenado en Broadway. “Con Sebastián ya habíamos tenido una experiencia en conjunto: Pogled, de Iván Solarich, donde Sebastián compuso y actuó en vivo junto con la banda Ditirambo. Nos gustó eso que sucedió 15 años atrás, así que intentamos repetirlo. A su vez, el estilo glam rock de los 80 que inspira las composiciones invita a una expresividad musical que queríamos aprovechar con los músicos presentes”, dice Sanguinetti.

¿Sentirá el público algo parecido a lo que habrán experimentado aquellos terraplanistas que nunca llegaron a destino? Sanguinetti es simultáneamente más modesto y más ambicioso: “Quiero que la gente, después de verla, tenga ganas de volver al teatro. No es poco”.

Terraplanistas. Sábados a las 21.00 y domingos a las 19.30 en la sala Campodónico del teatro El Galpón. Entradas a $ 700. 2x1 para la diaria.