Casi 16 años después de su reasunción como técnico de las selecciones nacionales de Uruguay en fútbol masculino, Óscar Washington Tabárez mantiene línea, discurso y acción de aquello que planteaba como escenario posible en el verano de 2006.

Esta nota ya estaba casi escrita cuando, como si fuese una defensa de una tesis trabajada mucho tiempo atrás, Tabárez expone, cual charlista académico, en respuesta a una de las interrogantes planteadas virtualmente previo al partido con Colombia en Montevideo por las clasificatorias mundialistas para Catar 2022:

“El fútbol es muy importante, creo que es el gran tesoro que tenemos y cómo se organizan las competiciones. Hay un sentimiento de identidad. Cada barrio, cada pueblo, cada ciudad tiene sus equipos y se acostumbran a competir. Pero competir como parte de la formación, no porque sea lo esencial.

Yo creo que se deben mantener cosas de esta manera de trabajar, de darles espacio a las selecciones juveniles, de compartir el tiempo con los equipos que ellos defienden, darle a la competición su aspecto formativo. Es muy necesario competir, ahí se ven los futbolistas, no entrenando solamente. Entonces, eso hay que mantenerlo con una organización. Nosotros ya la vamos a dejar, por razones de edad y del tiempo pasado. Hace más de 15 años que estamos en este proceso, pero aspiramos, sin ningún motivo personal, ni de andar creyendo que hemos hecho milagros, a que vengan otras personas y continúen; capaz que haciéndolo mejor, que es probable, pero que sigan conectando a las selecciones juveniles con la mayor”.

Recuerdos del futuro

En 2021 expresa casi lo mismo que en marzo de 2006, cuando volvió a la selección y en su primera entrevista de aquella vuelta, en enorme coincidencia con la primera entrevista de la diaria, dijo: “Nos movemos muy emocionalmente. Atacamos los problemas en un momento cercano a la situación límite, pero jamás hemos tenido una preocupación constante por ese problema ni por resolverlos o encararlos definitivamente y con una idea de largo plazo. Es en eso donde modestamente aspiramos a que provoquemos un cambio. Yo he dejado mensajes en cuanto a que mi principal anhelo es que cuando me tenga que ir ‒lo estaba diciendo cuando aún no había sido presentado oficialmente en la AUF‒, sea por resultados, por dudas, por razones de edad o por lo que sea, esta manera de hacer las cosas sea continuada por otras personas. Si logramos dejar eso, será muy importante para el fútbol, pero fundamentalmente para los cambios culturales que pretendemos”.

Esos cambios, muchos y profundos, estaban ya hace más de 15 años, estudiados, pensados y proyectados, tal como se describe en “Institucionalización de los procesos de las selecciones nacionales y de la formación de sus futbolistas” en su fundamentación, cuando se expresa: “Las selecciones nacionales han sido inconexas. A nivel de selección mayor no hubo continuidad de la organización ni de las estrategias, luego de llegado el tiempo de determinada meta, generalmente vinculada a la disputa de los Campeonatos Mundiales. Tampoco ha existido la coordinación y la consecuente continuidad entre la selección mayor y las de nivel juvenil, que aportan talentos a aquella. Ese tránsito natural de un talento desde las selecciones juveniles hacia la mayor no se ha enriquecido más que en algunos períodos determinados, por lo que ese proceso siempre ha sido históricamente discontinuo”.

También está explicitado en aquellos objetivos de 2006, que siguen siendo los mismos de 2021, pero con el camino ya avanzado:

  1. Establecer políticas de selección y dar permanencia y continuidad a su organización.
  2. Elevar los rendimientos deportivos y acercar la expresión futbolística de las Selecciones Nacionales a nivel del fútbol de élite internacional.
  3. Influir positivamente en el proceso de formación integral de los futbolistas seleccionados.
  4. Coordinar objetivos y actividades de las selecciones de todos los niveles para estimar proyecciones y aplicar programas en plazos mediatos.
  5. Programar las actividades de las selecciones nacionales incluyéndolas anticipadamente y en concordancia con los calendarios locales e internacionales.
  6. La competición será parte imprescindible de la preparación y evaluación de los equipos y de la formación de los futbolistas, por lo que no debe quedar limitada solamente a las competiciones oficiales internacionales.
  7. Las selecciones deberán ser literalmente nacionales. Para ello se nivelará la preparación de los jóvenes futbolistas del interior del país respecto de sus similares de Montevideo.
  8. En función del objetivo anterior, a partir de las estructuras actuales, se dotará a las organizaciones departamentales de planes, programas e implementos, que permitan la competición significativa y la formación integral de los futbolistas jóvenes en su medio autóctono.
  9. Lograr un perfil del futbolista de la selección uruguaya que abarque los aspectos técnicos, éticos y disciplinarios.

Elenco estable

El concepto de elenco estable para representar al grupo de seleccionados que representan a Uruguay conducidos por el cuerpo técnico de Óscar Tabárez surgió desde estas páginas a los diez años del desarrollo del proyecto. El pasado nos había demostrado que cuando se juntaban en la cancha nominación tras nominación, los futbolistas que mejor habían andado en esos días no podían combinar, ni repetir sus destrezas, ni individual ni colectivamente, desconociendo tácticas, estrategias, experiencias, frustraciones y aciertos como colectivo, como grupo.

La evolución de esta celeste de la última década nos demostró que, aunque en algún caso fuese doloroso o hasta injusto, lo que precisábamos era un equipo, no una selección de estrellas de campos del mundo o de revistas satinadas, para volver a ser competitivos. Tener un elenco casi estable que se sabe los libretos, que conoce y construye los códigos de convivencia, un grupo central, el cerno, que se va modificando, alterando de acuerdo a la biología y al natural ocaso del conjunto de destrezas y valores de juego que tienen los atletas, pero que no modifica su espíritu en cada brote nuevo que viene de la misma raíz.

Para ello fue necesario ir preparando desde muy jovencitos a la enorme mayoría, desde muy abajo, cuando no saben siquiera si llegarán a la primera división, cuando su sueño más cercano es ponerse la camiseta del pueblo en la selección sub 15, o tal vez jugar en el cuadro al que tratan de ir a ver cada domingo.

Esto es lo que estamos viviendo y, como veremos, funciona, y además demuestra la importancia del fútbol del Uruguay, y no sólo el de Montevideo.

Y que puedas progresar, no sólo en la capital

En los más de 120 futbolistas que han jugado bajo las órdenes de Tabárez en estos últimos 15 años, la enorme mayoría provienen de selecciones juveniles, y asimismo la gran mayoría han nacido o empezado a competir fuera de Montevideo, lo que de alguna manera fortalece los conceptos inicialmente establecidos en el plano teórico como finalidad.

Las Eliminatorias para Catar 2022 estuvieron atravesadas por la pandemia y terminaron comenzando el 8 de octubre de 2020, en burbuja, sin preparación previa ni fechas FIFA. Los dirigidos por Tabárez habían tenido su último partido normal el 18 de noviembre de 2019 en Tel Aviv, en el que empataron con Argentina 2-2.

El proceso estaba cada vez más evolucionado y los 11 que jugaron ese día de la última fecha FIFA habían pasado por el complejo Uruguay Celeste bajo la atenta mirada de Tabárez mientras jugaban en selecciones juveniles: Martín Campaña, Martín Cacéres, Sebastián Coates, Diego Godín, Matías Viña, Lucas Torreira, Matías Vecino, Federico Valverde, Brian Lozano, Edinson Cavani, Luis Suárez. Entraron Diego Laxalt, Giovanni González, Rodrigo Bentancur, y Brian Rodríguez, también de las selecciones juveniles a excepción de Giovanni. Nueve de los 15 venían del interior.

El partido inicial de la Eliminatoria con pandemia fue con Chile a puertas cerradas en el Centenario el 8 de octubre de 2020, y según el archivo de Garra ese día estuvieron en el campo Martín Campaña; Martín Cáceres, Sebastián Coates, Diego Godín, Matías Viña; Federico Valverde, Rodrigo Bentancur (Mauro Arambarri); Nicolás de la Cruz (Nahitan Nández), Giorgian de Arrascaeta (Jonathan Rodríguez), Brian Rodríguez (Maxi Gómez); y Luis Suárez. Impresiona ver cómo los 11 titulares eran juveniles moldeados en el proceso. Sólo Maxi Gómez y el Cabecita Jonathan Rodríguez no fueron juveniles. En esta selección ya había diez futbolistas del interior, y cuatro montevideanos.

Hecho acá

El lunes, tras la primera práctica de esta semana, el maestro Tabárez puso como ejemplo la irrupción de Federico Valverde, que llegó al complejo siendo un niño, y su enorme consolidación en el fútbol mundial, y añadió: “Así se fue dando con otros muchos futbolistas, incluso muchos de los que, sobre todo en el sector de mediocampo, están actualmente en la selección: provienen de los procesos de selecciones juveniles, y quizás en la zona más joven, vamos a decir del equipo”.

Es así. Resulta impresionante apreciar la formación del último triunfo en el Campeón del Siglo, el 9 de setiembre ante Ecuador: son todos de selecciones juveniles, y muchos de ellos de selecciones próximas en el tiempo: Fernando Muslera (sub 20 - 2005), Nahitan Nández (sub 20 - 2015), José María Giménez (sub 20 - 2013), Ronald Araújo (sub 20 - 2019), Matías Viña (sub 20 - 2017), Federico Valverde (sub 20 - 2017), Matías Vecino (sub 20 - 2011), Rodrigo Bentancur (sub 20 - 2017), Giorgian de Arrascaeta (sub 20 - 2013) (Gastón Pereiro sub 20 - 2015), Brian Rodríguez (sub 20 - 2019), Agustín Álvarez (sub 20 - 2021). El gol del triunfo fue de Gastón Pereiro (sub 20 - 2015).

Este equipo además, pudo haber sido la base de una selección de la Organización del Fútbol del Interior con Campaña (Atlético Fernandino, Deportivo Maldonado), Nández (Ituzaingó de Maldonado), Ronald Araujo (Huracán de Rivera), Matías Viña (Ferrocarrilero Empalme Olmos), Matías Vecino (Vida Nueva San Jacinto), Rodrigo Bentancur (Artesano Nueva Helvecia), Giorgan de Arrascaeta (Anglo de Fray Bentos), Brian Rodríguez (Ferrocarril de Tacuarembó), Agustín Álvarez (Vida Nueva de San Bautista).

El aporte de jugadores de todo el país es cada vez más relevante, en un proceso que requiere años de consolidación y sedimentación, que se inicia poco después de la salida de la escuela, y que no ha podido mejorar, como intentó hacer foco el segundo proyecto de Tabárez, en el retraso de la salida de los chiquilines de sus hogares, elevando al máximo la competencia desde su ciudad y posponiendo el desarraigo para más adelante.

Lo cierto es que el modelo virtuoso de maduración de niveles de competitividad de la selección está demostrado, y más allá de resultados, parece innegable que en su composición macro la selección uruguaya de fútbol debería seguir funcionando así.