En la primera semifinal de la Copa Uruguay, Progreso y Defensor Sporting empataron 1-1 con goles de Matías González para los gauchos y Matías Abaldo para los violetas. Deberán definir cuál de los dos se convierte en finalista de la Copa el próximo jueves en el Franzini. Fue un lindo partido y una belleza de espectáculo del fútbol profesional con el fuego del amateurismo.

La última

Eran las 18.27 cuando se jugaba la última pelota del partido. En el córner donde el Pantanoso hace esquina con el Paladino, Diego Guastavino mandó una pelota envenenada y llena de ansias, que en el segundo palo cabeceó Facundo González de manera cruzada. Se detuvo el tiempo. La pelota fue hacia las redes sin que nadie la parara, pero terminó rebotando en el caño. Ahí, como un arrebatador de esperanza, como una locomotora de sueños, apareció el pelado Matías González para empujarla con su barriga y hacer explotar La Teja.

Eran las 18.28 y detrás del arco de Nicolás Rossi parecía que hubiesen pateado un hormiguero. 50, 60, 70 hombres y mujeres gritaban y festejaban por la alegría del empate. En la tribuna Tabaré Vázquez, esa que da al Pantanoso, en la tribuna visitante que hace décadas fue ganada por la afición local, la gente saltó y festejó. Enfrente, los de Punta Carretas, los de Defensor Sporting –que ganaba 1-0 desde el minuto 60– se agarraron la cabeza como sintiendo el dolor de una puntada sorda en el estómago.

La copa de los barrios

La primera semifinal de la Copa Uruguay se jugó en el barrio La Teja en Montevideo. La copa estuvo y está de fiesta, y es más fiesta aún porque el fútbol es de los barrios, de los pueblos, de la gente. Un miércoles de tarde, un partido perdido entre las informaciones del fútbol europeo conmocionó las entrañas de los barrios y sus vecinos.

Son dos barrios distintos, es cierto, pero qué bueno que, en esta primera edición de la copa más amplia y, por tanto, más popular de Uruguay, lleguen a esta instancia los equipos que aún representan a su barrio. Había camisetas aerodinámicas antisudor y también de las que parecen de algodón con el número bordado mientras el reflejo en la cancha rebota en la tribuna.

Estos clubes tienen alma, respiran, putean, están de fiesta o pasan hambre, pero son. No hay plástico en el club ni en la tribuna, ni en la cancha donde se ve aparecer a un zaguero soportando sus macetas contra el piso y moderando ligeramente sus caderas para cabecear fuerte y sin saltar.

Fue una maravilla esa semifinal de miércoles en el barrio. La Copa Uruguay debería festejar esta instancia entre la gente y con futbolistas que, a pesar de sus peinados raros, el gel y los botines de colores, siguen jugando un partido como cuando eran gurises.

El césped

El primer tiempo fue parejo. Es cierto: jugaba un equipo de la A que hasta hace tres días peleó por llegar a la Libertadores y jugará la Sudamericana, frente a un equipo de la B que no pudo siquiera arañar una de las posibilidades de ascenso y que sabe que el mañana sigue siendo los sábados de tarde. Pero aun así el juego fue parejo, entretenido, con cierta supremacía de Defensor, que estuvo cerca del gol por su constante juego cerca del arco gaucho, aunque también Progreso puso situaciones de peligro a su favor e incluso anotó un gol que no subió el marcador por posición adelantada.

Ramiro Bentancur, el arachán arquero de Progreso, estuvo genial en la primera parte, volando maravillosamente para sacarle un taponazo a Fernando Elizari y achicando haciendo la de Dios ante una punzante llegada de Andrés Ferrari. En el segundo tiempo se empezó a ver la diferencia basada en el soporte físico y emocional, y Defensor empezó a tener preeminencia en el juego.

Fue en el cuarto de hora cuando llegó el gol violeta que terminó gritando Matías Abaldo, tras una jugada muy bien concebida por el argentino Elizari primero y Balboa después, que fue quien finalmente habilitó al juvenil para vencer a Bentancur.

Progreso no se quedó. Empezó a cargar repetidamente por la izquierda con Mario García y el interesantísimo Luciano Rodríguez, que estuvo a un centímetro del empate cuando su justo cabezazo terminó en el caño. A la media hora Defensor quedó con diez por la expulsión de Gonzalo Freitas. Después fue de Progreso, que buscó y buscó hasta que en la última llegó.

Gonzalo Freitas, de Defensor Sporting, y Hernán Labraga, de Progreso, en el estadio Abraham Paladino.

Gonzalo Freitas, de Defensor Sporting, y Hernán Labraga, de Progreso, en el estadio Abraham Paladino.

Foto: Alessandro Maradei