Cumplida parcialmente la octava fecha del Apertura, Peñarol aseguró su continuidad en el liderazgo en exclusividad al derrotar en su casa a Danubio 2-0. El sábado Progreso también había sumado de a tres, por lo que mantiene la posición de escolta único y también, como Peñarol, de invicto.

El tercer imbatido del campeonato es Nacional, que, en la noche del lunes, en condición de visitante, habrá de enfrentar en el Franzini a Miramar Misiones, que tendrá el estreno del técnico argentino Ricardo Caruso Lombardi.

Antes del partido del Franzini, a las 18.00 en el Parque Viera, el Wanderers de Antonio Pacheco, que en sus comienzos ha tenido éxitos y fracasos, recibirá a sus vecinos de Belvedere, Liverpool, el campeón uruguayo, que viene de un interesante partido en San Pablo en el que perdió 3-1 con Palmeiras por la Libertadores.

No es poca cosa

La octava etapa comenzó cuando Progreso le ganó 1-0 a Boston River, en un partido interesante que dejó la clara confirmación del gran papel del gaucho del Pantanoso en este Torneo Apertura. Carlos Canobbio es una figura que representa un extenso proceso de trabajo que llevó a su equipo al éxito y que pudo mantenerlo en la categoría de privilegio.

En esta ocasión, además de mantener su invicto, cortó el de Boston River y quedó como seguro animador por la punta.

El juego que se desplegó en la cancha del Paladino no sorprendió a nadie: los locales salieron a buscar el partido con convicción. Franco López era el más incisivo, cuando Alex Silva abrió el marcador. No fue fácil para la visita, que fue para adelante pero no estuvo tan firme en defensa.

Para el complemento, Jadson Viera mandó a la cancha a José Riasco y el sastre se tornó más ofensivo, pero no hubo contundencia en las llegadas y, por ende, no apareció el gol.

Progreso consiguió lo que fue a buscar: estar invicto en su vuelta a la primera división. Juega, gana y pelea, no es poca cosa.

Sin pena ni gloria

En otro de los encuentros, Cerro y Fénix igualaron sin goles, en un partido chato en el que ninguno de los dos equipos logró profundizar y entonces repartir los puntos fue lo más justo.

Al comienzo, albicelestes y albivioletas se midieron. En esos minutos se notó que iba a costar que alguno doblegara al otro, porque se limitaban a jugar en la mitad de la cancha.

Hubo algunas tibias llegadas, pero quedaron en simples buenas intenciones. El complemento se dio con la misma sintonía que la primera parte, aunque se notó una mejoría de los de Capurro, que pudieron adelantar sus líneas y llegaron a incomodar al rival en alguna ocasión puntual.

Lo mejor estuvo en el final: los albivioletas tuvieron una oportunidad en los pies de Mauro Cachi, que fue asistido por Mathías Acuña, pero pegó en el palo. Cachi volvió a ser protagonista cuando convirtió, pero la jugada fue anulada por una mano antes del gol.

Yonathan Gorgoroso también tuvo la suya cuando el partido estaba en los descuentos, pero Pedro González se encargó de evitarla y se selló el empate.

Otra sonrisa

En la mañana dominguera Racing superó 1-0 a Rampla con un gol de cabeza de José Varela, en la única jugada vistosa de la primera parte, tiempo en el que los dirigidos por Eduardo Espinel tuvieron el viento en contra.

No cambió nada para el complemento, hubo poco fútbol y los arqueros se dedicaron a mirar el partido. El cervecero consiguió llevarse los tres puntos para seguir ganando confianza, algo que logró considerablemente días atrás, cuando le ganó a Argentinos Juniors de visitante por Copa Sudamericana.

Con un final para el olvido

Antes del plato fuerte de la jornada, en cuanto a la expectativa que determina la acción de los clubes más populares, en este caso Peñarol, Defensor le ganó 2-1 a River. Octavio Rivero, a los siete y 61 minutos, convirtió para el violeta, que trepó al cuarto puesto de la tabla de posiciones. Faustino Barone descontó con el tiempo agregado casi cumplido.

Sobre el fútbol en el estadio Franzini se puede comentar que fue un trámite en el que la pelota no circulaba –porque había muchas infracciones y el juego se cortaba sistemáticamente– o que fue un partido parejo entre dos equipos que se habían visto las caras hace pocos días por Copa Uruguay, pero hay que hablar de algo más. Cuando ya había terminado el partido, entre saludos y recriminaciones hubo terribles actos de violencia que comenzaron cuando Sebastián Guerrero y Matías Alfonso arrancaron una violenta reyerta. Rápidamente llegó Ignacio Ithurralde para llevarse al jugador del equipo al que enfrentó, pero la trifulca colectiva ya se había desatado. La pelea generó tanto que pasó a ser entre deportistas, dirigentes e hinchas, y siguió en los vestuarios.

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