El regreso de Pablo Álvarez a Los Céspedes no tiene nada de estridencia mediática ni de artificio importado. Se oficializó este lunes en una conferencia de prensa que confirmó su desembarco como nuevo director deportivo de Nacional. Para el tipo que caminó esos pasillos con los botines colgados al hombro y la ropa embarrada, esta vuelta no es un mero casillero profesional en el currículum; es un retorno a la casa propia. Más allá de sus valoraciones, sus proyecciones y sus emociones, Álvarez señaló: “Nacional formó una parte muy importante de mi vida, en la que ahora también, con igual importancia, está Boston River. Pero cuando uno es niño vive cosas que recuerda para siempre, y Nacional forma esa parte importante”.
Allí el relato me hizo esquina en el recuerdo con aquel niño vecino del barrio La Mondiola. Cuando aún era un escolar, Pablo demostraba una pegada y una calidad de tal intensidad que a nosotros, el resto de los vecinos, nos hacía pensar que seguro iba a ser un futbolista de destaque.
En sus primeras palabras en su nuevo puesto gerencial en el club que lo vio nacer, Pablo agradeció a Boston River, de donde se retiró y que le dio la oportunidad de desarrollarse en la gerencia deportiva, y puso énfasis en que “no es fácil que te den la posibilidad. Siempre supe que quería ser esto una vez retirado y me preparé desde mi etapa en Europa. Nacional es un club al que quiero mucho, que me dio la oportunidad de formarme como jugador y al que llegué a los 12 años”.
Después se explayó con la misma seriedad y compromiso de aquel gurí que destacaba en las veredas del barrio, que la ponía en el ángulo en el arco puerta de garaje de la calle Marco Bruto, en los pastitos de al lado del Montevideo Shopping, cuando la mole roja de ladrillo era solo eso y era único en la capital, o cuando destacaba con su elegancia, temple y pegada en la cancha del Mirador Rosado, de tierra y piedritas -nada que ver con esta feliz chetada de las canchas de césped sintético de entre el Centenario y el Méndez Piana, donde está como pionera la del Mirador-. “Siempre que uno asume un desafío sueña con crecer en su carrera, en este caso, en la dirección deportiva. Significa mucho porque es Nacional y porque el desafío es muy lindo y complejo a la vez. Espero estar a la altura para hacer más grande a Nacional, que es lo que todos queremos”, dijo Álvarez.
El exlateral derecho también habló de la excelente relación que mantiene con Daniel Carreño y confesó que el técnico tricolor le dijo: “Si Nacional no estuviera como está, ni vos ni yo estaríamos ahora acá. Cuando uno define conformar una estructura deportiva, no es lo ideal que el que llegue último sea el líder de esa área, pero las situaciones se han dado así. Él [Carreño] me hizo debutar en Nacional, me ayudó a dar mis primeros pasos, estoy muy agradecido a él y tenemos una excelente relación. Eso va a facilitar mucho mi tarea y la suya. Para un entrenador no es fácil ejercer el cargo sin una figura de este tipo”, comentó Álvarez.
El nuevo director deportivo ya en acción manifestó cómo será su labor inmediata: “Voy a pasar por un momento de análisis, de planificación para la siguiente temporada y también de aportar en el día a día, que es importante. El fútbol se ha complejizado bastante. No es cuestión de desparramar 11 jugadores en el campo y que se arreglen. Requiere de mucha planificación e intervención diaria, y esa será mi tarea de aquí a fin de año. Me gusta incluir a los profesionales que trabajan en el club. Eso contribuye a que Nacional siga creciendo. El fútbol es también como la vida, creo que es importante que todos se sientan parte. El orden también es una forma fundamental. Creo que la estructura deportiva sostiene al club, el director se encarga de establecer un modelo de cómo queremos seguir”.
Álvarez arranca con un contrato por tres años, en los que proyecta “sostener lo bueno que se hizo y modificar ciertas cosas desde mi impronta para que eso siga evolucionando. Intentar hacer más grande a Nacional es mi único objetivo”.
