Elefante se hace, no se nace (introducción)

La metáfora del “elefante en la habitación” comúnmente se utiliza para referir a un problema o una verdad evidente que nadie quiere discutir. Está ahí, todos lo ven, nadie podría ignorar semejante animal dentro de un espacio que no guarda relación alguna con su tamaño ni con su hábitat natural. Sin embargo, quienes habitan allí hacen sus mayores esfuerzos en hacer de cuenta que no existe.

Ahora bien, ¿durante cuánto tiempo es posible (o conveniente) adoptar esa actitud negacionista? Si se tratara de políticos, me animaría a contestar “hasta que la gente comience a votar al elefante en vez de a ellos”. En tal caso, el sistema de incentivos bajo el cual se mueve la clase política los haría reaccionar inmediatamente, con independencia del tipo de reacción de la que se trate.

Esto en principio no es pasible de juicios de valor, es decir que no sería correcto afirmar que se trata de algo “bueno” o “malo” –entre otras muchas valoraciones que se podrían ensayar–. Apenas puede decirse que dado un estado de cosas “X” muy probablemente se genere una situación “Y”.

Un camino similar de razonamiento parece haber recorrido Javier Milei, el economista y docente argentino de base ideológica liberal-libertaria que a sus 49 años decidió entrar en el ruedo político, no sin antes transformarse en el elefante en la habitación porteña, expresión que da título a esta columna.

Mediático, polémico y algo excéntrico –incluso hasta en el plano estético–, de un tiempo a esta parte la figura de Milei ha sido objeto de diversas notas, entrevistas y posteos en redes sociales, que van desde la defensa a ultranza a los ataques más despiadados, la mayoría de las veces sin mayores precisiones acerca de si lo que se defiende o ataca son las ideas, la persona o una combinación de ambas.

Antes de continuar es necesario dilucidar cómo se consigue ese estatus previo de elefante en la habitación, a un grado tal de poder generar luego –casi de un momento a otro– consecuencias políticas electorales de relevancia, en línea con lo sucedido el pasado 12 de setiembre en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en la Argentina, instancia en la que el peculiar economista obtuvo 13,66% de los votos (aproximadamente 240.000) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, habiendo participando de las mismas como precandidato a diputado nacional por dicha ciudad.

En términos generales permítanme confesarles que no tengo la menor idea cómo se logra, aunque en el caso de Milei (y con algunas páginas del diario del lunes ya escritas) pareciera ser algo más sencillo de responder. No sin temor a caer en el reduccionismo, intentaré diciendo que lo logró en base a tres elementos clave: (i) el pleno dominio del marco teórico que sustentan sus ideas (y su profunda convicción en estas); (ii) la modalidad utilizada para transmitirlas y (iii) el contexto político, social y económico de Argentina.

Anatomía del paquidermo (las claves del “fenómeno Milei” previas a la actividad política)

Respecto del primer elemento, y considerando que no es intención de esta columna ahondar en cuestiones de teoría económica, me limitaré a decir que Javier Milei tiene una vasta formación y trayectoria tanto en el ámbito profesional como académico. Es licenciado en Economía egresado de la Universidad de Belgrano con diversos posgrados en crecimiento económico. Asimismo, es miembro del B20 (grupo asesor de los países del G20 en materia económica) y del Foro Económico Mundial, habiendo trabajado en el diseño de políticas económicas a nivel internacional en el ámbito de dichos organismos. También ha ejercido como docente en diversas universidades locales y del exterior, y es autor de una serie de libros y artículos académicos vinculados a su especialidad.

Como podrá apreciar el lector, en lo que a economía refiere Milei no es ningún improvisado. Esto sumado a sus profundas convicciones basadas –principalmente– en las ideas provenientes de la Escuela Austríaca de Economía (EAE),1 las que domina a cabalidad, configura la primera clave que permite el elefante en la habitación. Antes de pasar al segundo elemento, es importante mencionar que al menos una parte de las ideas de la EAE son discutidas o cuestionadas a nivel académico, lo que por sí mismo configura una –primera– polémica asociada a la figura de Milei.

En cuanto a la modalidad que ha venido utilizando para transmitir (y convencer acerca de) sus ideas económicas, configura la segunda –y quizás principal– fuente de polémica en torno a su persona. En síntesis, desde hace unos años Milei recorre diversos medios masivos de comunicación argentinos (principalmente programas de radio y televisión con gran audiencia) debatiendo acaloradamente con distintas figuras vinculadas a la política, la economía y el periodismo locales.

Como característica distintiva de la retórica utilizada en este periplo (y que en gran medida mantiene al día de hoy) puede señalarse la vehemencia. La elevación del tono de voz como mecanismo “de defensa” (ante intentos de interrupciones) y “de ataque” (para provocarlas) se fue sumando a la utilización de epítetos y descalificaciones a sus “adversarios”, fuesen estos personas concretas o categorías genéricas ubicadas en la vereda de enfrente desde el punto de vista ideológico. No obstante, no menos cierto es que en el medio de los exabruptos también fueron saliendo de la boca de Milei una infinidad de autores y teorías económicas que dan sustento a sus posturas.

En síntesis, puede decirse que Milei construyó su figura pública mediante un pacto de conveniencia mutua con los medios masivos de comunicación de la vecina orilla, y en base a un método discursivo cuestionable. Mientras él ganaba con la amplificación de las ideas subyacentes de sus discursos (esto es, el liberalismo y sus principales exponentes), los medios ganaban con el aumento de rating.

Ahora bien, como la simple utilización de mecanismos “poco ortodoxos” de transmisión de ideas no basta para convertirse en un elefante en la habitación, debemos analizar el último ingrediente de la “receta Milei”, esto es, el contexto político, social y económico de Argentina.

El capítulo 13 del libro La raíz de todos los males (2018) del periodista argentino Hugo Alconada Mon2 se titula “Cómo el sistema conformó una ‘casta’”. Analizando la lógica bajo la que funciona el sistema político de su país, afirma que “la premisa básica es proteger a la plutocracia que a su vez garantiza la supervivencia de una oligarquía. O de un nuevo orden conservador de lo malo. O de una corporación [...] O de una ‘casta’ política que resulta ‘intocable’, como lo temió Thomas Jefferson hace más de dos siglos, y como la definieron dos periodistas del Corriere della Sera en Italia. Una ‘casta’ que busca eternizar su poder, sus beneficios [...] y su impunidad. Y si es posible, sin entregar las riendas jamás, a nadie, y habilitar la perpetuación en los cargos, en el caso de los políticos. Para así ser parte del poder permanente”.

Esta misma idea es utilizada por Milei en su discurso y, al parecer de ambos, describe el contexto político de Argentina, por lo que no puede decirse que estos conceptos sean una “innovación” de nuestro elefante, ni tampoco que formen parte de una interpretación de la realidad de la que no haya habido antecedentes. Así, tanto Alconada Mon en su libro como Milei en su discurso observan la conformación de una “casta política” consolidada con el transcurso de la historia en Argentina, que al día de hoy continuaría operando bajo un esquema de incentivos que distan mucho de su finalidad legítima y originaria.

Por otra parte, el contexto socioeconómico actual de la vecina orilla es conocido por todos nosotros. El país hermano adolece de serios problemas de estabilidad macroeconómica relativos al déficit fiscal, el endeudamiento externo y la inflación. A eso le suma la aplicación de controles de precios, controles cambiarios, restricciones al comercio internacional, una elevada presión tributaria y una serie de leyes y regulaciones que dificultan el desarrollo del sector productivo. Naturalmente todo esto se vio agravado por la llegada de la pandemia de la covid-19 el pasado año, derivando en elevados niveles de pobreza e indigencia, informalidad, desempleo e inseguridad. Si a lo anterior le agregamos el problema de la corrupción –tanto pública como privada–, se comprende sin mayores esfuerzos el progresivo aumento tanto del descontento social como del descreimiento hacia la clase política.

Todo este panorama contrasta fuertemente con las ideas divulgadas por Milei (como se analizó, mediante una modalidad cuestionable y desde un marco teórico parcialmente cuestionado), que en resumidas cuentas hacen foco en la máxima expansión de las libertades políticas, económicas y sociales. En efecto, la oferta ideológica de Milei pareciera haber encontrado su demanda, y –en lo que refiere a este punto del análisis– con un fuerte impulso del contexto actual atravesado por Argentina.

Los elementos anteriormente analizados son los que, a mi juicio, transformaron a Milei en el elefante en la habitación porteña en etapas previas al lanzamiento de su actividad política. Ya en dichas instancias la clase política argentina se encontraba realizando grandes esfuerzos por ignorar su presencia.

¡Vote al elefante! (el viraje hacia las urnas y el leve cambio de estrategia mediática)

Como se mencionó anteriormente, Milei siempre atacó lo que denomina la casta política argentina. Sin embargo, en setiembre de 2020 dio un vuelco algo inesperado al anunciar que sería candidato a diputado nacional por CABA de cara a las elecciones legislativas del próximo 14 de noviembre del corriente año.

No obstante, debido al funcionamiento del sistema electoral de la vecina República, la primera “prueba de fuego” que tendría que atravesar serían las PASO (una especie de elección interna que determina la posibilidad o no de ser candidato a legislador), que a la postre arrojaron los resultados por todos conocidos. Al día de hoy, Javier Milei es oficialmente candidato a diputado nacional por CABA.

¿No representa esto una flagrante contradicción con su discurso previo acerca de la casta política? Si nos guiamos por la propia argumentación que dio en su momento sobre el punto (y ha venido reiterando en todo este tiempo), la respuesta debería ser en sentido negativo. En primer lugar, en línea con la visión de Alconada Mon, la casta se encuentra “enquistada” a lo largo y ancho de las posiciones de poder político de Argentina, lo que por definición requiere ejercer una “membresía” durante cierto tiempo y, además, exige operar en un todo conforme al sistema de incentivos en los términos antes descritos. Bajo esta línea de razonamiento, un recién llegado que además no responda a ese sistema de funcionamiento (como pretende ser Milei si es electo) en todo caso podrá considerarse un “político”, pero no casta. Las cuestiones acerca de si esto es realmente posible merecerían una columna aparte.

En segundo término, debe atenderse la lógica bajo la cual Milei adopta la decisión de lanzarse a la política. También según sus propios fundamentos, la “batalla cultural” (es decir, la tarea de difusión de ideas que se creen correctas en desmedro de las que se creen incorrectas a todo nivel social, en una especie de “guerrilla ideológica”) no es suficiente para aplicar las ideas de la libertad en tanto no ponen en jaque al poder político, quien es en definitiva el que toma las decisiones que impactan en la sociedad. Por tal motivo, según sus propias palabras resulta necesario “entrar al sistema para dinamitarlo desde adentro”, entendido esto como sinónimo de provocar la implosión de la lógica perversa bajo la cual operaría la casta. Esto no debe confundirse con la implosión del sistema republicano y democrático de gobierno de Argentina, cuyas raíces provienen justamente de las ideas liberales de Juan Bautista Alberdi, autor recurrentemente citado por el propio Milei.

Curiosamente, la lógica que se viene de mencionar no resulta tan diferente a los argumentos en base a los cuales el Dr. Luis Alberto de Herrera apoyó la reforma constitucional que en 1952 creó el Poder Ejecutivo colegiado en nuestro país (el Consejo Nacional de Gobierno), a sabiendas de la inferioridad electoral en la que se encontraba frente al colorado Luis Batlle Berres. Según la obra de Eduardo Víctor Haedo,3 el caudillo blanco manifestó que había que “entrar en el gallinero del vecino y comerle algunas gallinas [...], limar las uñas de este régimen dueño de todos los resortes de poder, debilitar al adversario y tener, sin miedo y con decisión, la victoria que merecemos”.

Aun con las salvedades y reparos que le pueden caber a la comparación, la considerable similitud con la lógica de Milei no deja de causar sorpresa. Al parecer –una vez más– nos estaríamos enfrentando a ideas o líneas de pensamiento (en este caso, de accionar político) que no son novedosas. Otra vez dejaré apuntado aquí que el análisis de si esto es realmente posible excede el propósito y alcance de esta columna.

Lo concreto es que luego de los resultados de las PASO, Javier Milei dejó de ser el elefante en la habitación. A partir de allí (y en línea con lo que mencionábamos en la introducción sobre las reacciones naturales de la clase política), varios de los principales dirigentes y candidatos a la legislatura porteña comenzaron a reaccionar, es decir, a admitir la presencia de un elefante en la habitación. Mientras que muchos optaron por lanzar duras críticas, otros se manifestaron más próximos a sus ideas, provocándose en cierta medida un corrimiento del eje del debate original.

Por su parte, también desde ese momento Milei modificó levemente su estrategia mediática: bajó el tono de voz, moderó la vehemencia de su retórica, dejó de ir a programas menos propicios para el debate en profundidad y hasta sugirió alianzas electorales con sectores de otros frentes políticos. En definitiva (y mal que le pueda pesar a Milei), la política tiene sus propias reglas, las cuales nadie que pretenda desempeñarse en ella puede desconocer.

“El arte de lo posible” y el eco de un viejo consejo (final abierto)

En el final, una vez más las preguntas superan ampliamente a las respuestas. ¿Podrá nuestro (ex) elefante cumplir su misión? De ser así, ¿en qué medida y bajo qué costo? En caso contrario, ¿terminará formando parte de la casta? En definitiva, la política es y seguirá siendo el “arte de lo posible”.

De acuerdo a las proyecciones de intención de voto para el próximo 14 de noviembre, es casi un hecho que Milei será Diputado Nacional. Viene a cuento entonces un viejo consejo dirigido a toda persona que llega al poder, el que una y otra vez se hace eco en cualquier momento y lugar donde se desarrolle actividad política: “Dedíquese pues, el príncipe, a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si logra con acierto ese fin se tendrán por honrosos los medios conducentes al mismo, pues el vulgo se paga únicamente de exterioridades y se deja seducir por el éxito”.4

Si esta es la única vía para la supervivencia de Milei en la política, y tomando en cuenta el contexto en el que se desarrolla, los peligros de incurrir en contradicciones e inconsistencias son inminentes. De lo contrario, podríamos estar presenciando el comienzo de un cambio de paradigma en la política argentina.


  1. Una primera aproximación a las ideas y autores de la EAE puede encontrarse en https://economipedia.com/definiciones/escuela-austriaca.html 

  2. Halconada Mon, Hugo (2018). La raíz de todos los males. Buenos Aires. Editorial Planeta. 

  3. Haedo, Eduardo Víctor (1990). Herrera. Caudillo oriental. Montevideo. Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay. 

  4. Maquiavelo, Nicolás (2019). El Príncipe. Barcelona. Ediciones Brontes.