La estrategia del gobierno para impulsar el crecimiento económico pasa por dos frentes: avanzar en la desdolarización y enfrentar la profunda aversión al riesgo que domina la cultura financiera uruguaya, dijo a la diaria el presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo, Ángel Urraburu. “Me atrevo a decir que el uruguayo es el más conservador del mundo a la hora de invertir sus ahorros. Acá hay una aversión al riesgo severa”, reflexionó Urraburu, que consideró que el país se encuentra dolarizado por razones culturales.

A su juicio, avanzar en una mayor utilización de la moneda nacional permitiría fortalecer el mercado de capitales, reducir la dependencia financiera externa y darle al país mayores márgenes de soberanía en el manejo del tipo de cambio y de la política económica, por lo que respaldó la propuesta de desdolarización impulsada por el gobierno, dado que se trata de un “debe” que Uruguay arrastra desde hace décadas.

No obstante, dijo que el principal freno al objetivo del Ejecutivo de promover un mayor crecimiento económico es la propia “cultura del uruguayo”, que busca “no incurrir en riesgos”. “Esto se refleja en que en los últimos 20 años los que comandaron el proceso de crecimiento del país fueron los argentinos y, en menor medida, los brasileños que vinieron a invertir a Uruguay. En general, el uruguayo no lidera procesos de inversión en su país”, afirmó.

Esto ocurre más allá de las ideologías, porque “el conservadurismo trasciende los partidos políticos y no se salva nadie… Todos los partidos están omisos en este tema, y me parece que es imprescindible que el país brinde niveles de participación adecuados a los ahorristas y a los habitantes del país para que se sientan parte de los procesos de crecimiento más importantes de las empresas”, indicó.

Para ilustrar este punto, utilizó como ejemplo el caso de Alcoholes del Uruguay (ALUR) y el de la Distribuidora Uruguaya de Combustibles (Ducsa), empresas satelitales que no son controladas por el Tribunal de Cuentas. “Ese control debería ser realizado en una asamblea de accionistas por los propios uruguayos. ¿Por qué no permitirle al ahorrista uruguayo que hoy está mirando al exterior como destino de sus ahorros? Existe muchísimo dinero de uruguayos en el exterior. Esta es la contracara de esta realidad nefasta. Tenemos que trabajar en esa línea, en el proceso de desdolarización y en alterar la aversión al riesgo; estas deben ser prioridades definidas políticamente”, añadió.

Ángel Urraburu. foto: ernesto ryan (archivo, noviembre de 2022)

Ángel Urraburu. foto: ernesto ryan (archivo, noviembre de 2022)

¿Cómo evalúa la propuesta del gobierno de avanzar hacia una mayor desdolarización de la economía?

Es absolutamente positiva. Comparto el objetivo en términos absolutos. Creo que es un debe que tenemos en el país hace mucho tiempo y forma parte de la idiosincrasia del uruguayo a la hora de colocar sus ahorros y de hacer sus inversiones. Seguramente, es uno de los temas que hay que solucionar para, junto con otros, empujar este país hacia una senda de crecimiento.

¿Qué efectos tendría una estrategia de desdolarización sobre el funcionamiento del mercado de valores local?

El mercado de valores no depende exclusivamente de la desdolarización, más allá de que ese proceso no solamente lo beneficiaría a él, sino también a todo el mercado financiero. Me parece que para que el mercado de valores reaccione son necesarias, además de la desdolarización, algunas otras medidas que sería bueno que se analizaran.

¿Cuáles serían esas medidas?

Las medidas se las he propuesto a las nuevas autoridades en varias oportunidades. La idea es que, junto con el paquete impositivo que vino en el presupuesto y que fue aprobado, eventualmente pueda agregarse que sean exonerados del IRPF los intereses de las emisiones de deuda, de obligaciones negociables que se realicen en la bolsa por empresas locales. Es claro que el IRPF afecta el rendimiento de los intereses de esos papeles, lo que recae en última instancia en las propias empresas, que ven que el costo de financiamiento por ese mecanismo se eleva. Creo que esto es una manera de ayudar a la ambición que tiene el gobierno –y que comparto absolutamente– de que el crecimiento económico sea la prioridad número uno. El objetivo es que el financiamiento de ese crecimiento sea más barato.

¿Qué problemas estructurales busca resolver la desdolarización y cuáles cree que quedan por fuera de este enfoque?

Los problemas que intenta resolver están muy alineados a la desdolarización de la deuda externa, son muy parecidos. Fue un gran logro cuando se empezaron a hacer emisiones, incluso internacionales, en moneda local. Eso permitió a la deuda externa de Uruguay expresarse en moneda local, lo que es ideal para cualquier gobierno, para cualquier país del mundo. Y, en esa moneda local, acceder a plazos largos; ese es otro logro que hay que destacar en forma muy nítida. Yo creo que el hecho de que la moneda local comience a tener más impacto y más importancia en el mercado financiero en general hace que el pasaje por el tipo de cambio sea mucho menor, que disminuya sustancialmente, y por lo tanto, los efectos del tipo de cambio también logren minimizarse.

El uruguayo debe empezar a razonar en moneda local y, por qué no, también en instrumentos financieros denominados en moneda nacional. Si estos resultan atractivos, interesantes y rentables para el ahorrista, no tienen competencia internacional. Eso es un punto clave, porque hoy la captación de recursos financieros forma parte de una batalla y una competencia internacional cada vez más intensa.

El uruguayo debe empezar a razonar en moneda local y, por qué no, también en instrumentos financieros denominados en moneda nacional. Si estos resultan atractivos, interesantes y rentables para el ahorrista, no tienen competencia internacional. Eso es un punto clave, porque hoy la captación de recursos financieros forma parte de una batalla y una competencia internacional cada vez más intensa.

¿Entiende que es un objetivo realista para Uruguay en el corto o mediano plazo?

El objetivo es realista, porque es necesario. Yo no creo que sea para el corto plazo. Es un proceso, así como fue de mediano y largo plazo el proceso de reducir la inflación. Los que ya tenemos algunos años sabemos que la inflación en Uruguay hace unos 25 años estaba rondando entre el 60% y el 100% anual. Luego de esfuerzos importantes y sin pausa, y después de mucho tiempo, estamos actualmente con una inflación realmente muy baja, muy cercana al 4%, que para los que conocimos aquellos guarismos significa un logro absolutamente trascendente.

Para Uruguay eso es clave. Recordemos que la inflación es el impuesto a los pobres y, por eso, reducirla es en algún sentido trabajar para el sector más desposeído de la población. O sea que de la misma manera que se actuó a largo plazo en ese frente, se hará lo mismo con la desdolarización. A mí me parece que algún otro año con la paridad cambiaria que tuvimos durante 2025 va a ayudar en ese sentido. Porque si hay algo que la gente está teniendo claro es que durante el año pasado, con dólares, se perdió el 11,5% (expresado en pesos), y eso representa una pérdida importantísima que la gente a veces, como razona en dólares, no calibra adecuadamente; todos los observadores lo estamos manejando y lo estamos mostrando, y la gente ya está preocupándose. Lo digo porque en el escritorio recibimos consultas cotidianas, a ver de qué manera pueden zafar de ese deterioro que el precio del dólar está teniendo en el mundo.

¿Uruguay está más dolarizado por razones culturales o por incentivos económicos concretos?

No lo está por ningún incentivo económico. El país se encuentra dolarizado por razones culturales. Nuestro escritorio de bolsa cumplió 50 años en 2025, por lo que tengo alguna experiencia en hablar con la gente y con los ahorristas de este país. Me atrevo a decir que el uruguayo es el más conservador del mundo a la hora de invertir sus ahorros. Acá hay una aversión al riesgo severa.

Esa aversión al riesgo también la sufrimos cuando tenemos la economía en orden, con un déficit fiscal tolerable, una deuda sobre producto con un margen adecuado y un producto bruto creciendo poco. Cuando el ministro hace hincapié en el crecimiento económico –cosa que también apoyo totalmente–, nos encontramos con que la cultura del uruguayo es no incurrir en riesgos. Esto se refleja en el hecho de que, durante los últimos 20 años, los que comandaron el proceso de crecimiento del país fueron los argentinos y, en menor medida, los brasileños que vinieron a invertir a Uruguay. En general, el uruguayo no lidera procesos de inversión en su país, si bien tiene emprendimientos productivos; no es algo que se pueda generalizar absolutamente, pero si tengo que caracterizar la cultura, hablo de la aversión al riesgo.

Esta situación se acentuó y se agravó mucho con las devaluaciones de 1982 y 2002. Los uruguayos pasaron zozobra, angustia, perdieron mucho dinero, cerraron empresas, y eso hizo aún más conservadora la actitud del uruguayo frente a lo financiero. Ahí hay mucho para trabajar también. Eso es parte de la dolarización, es parte de lo que hay que empezar a desmontar lentamente. Por eso suscribo las manifestaciones del presidente del Banco Central que van en esa línea.

El país se encuentra dolarizado por razones culturales. Nuestro escritorio de bolsa cumplió 50 años en 2025, por lo que tengo alguna experiencia en hablar con la gente y con los ahorristas de este país. Me atrevo a decir que el uruguayo es el más conservador del mundo a la hora de invertir sus ahorros. Acá hay una aversión al riesgo severa.

¿Uno de los principales retos que tiene el gobierno para lograr que el país crezca más es entonces combatir ese “conservadurismo uruguayo”?

Sí. Yo creo que combatir este tema implica un proceso lento y de largo plazo. Pero eso no significa que no haya que hacerlo, hay que comenzar a trabajar en esa línea, y para eso es imprescindible afectar las expectativas de los agentes, como está haciendo el presidente del Banco Central. Él está saliendo muy decidido a hablar en esta línea, está tratando de incidir en la idiosincrasia del uruguayo que hace que no se quiera despegar del dólar. Por otro lado, la aversión al riesgo es algo que se combate con muchos elementos, pero fundamentalmente haciendo que el uruguayo sea partícipe de las empresas más importantes del país.

Está claro que la Constitución de la República no permite que las empresas públicas siquiera abran una parte de su paquete accionario para que la gente participe. Es una limitante fundamental. En otras partes del mundo, las principales emisiones de acciones son emitidas por las empresas ubicadas en las áreas más importantes. En Uruguay, esas áreas están asistidas por las empresas públicas.

Las empresas estatales no dan participación a la gente de ninguna manera, y tampoco se permite a las empresas satélites abrirse para que la gente participe con capital de riesgo. En este tema se podría afectar esta cultura tan conservadora. Hemos peleado mucho por esto, participamos en muchos simposios, hicimos muchas gestiones, pero no hemos logrado prácticamente nada.

Y ese conservadurismo trasciende los partidos políticos y no se salva nadie. Todos los partidos están omisos en este tema, y me parece que es imprescindible que el país transite y brinde niveles de participación adecuados a los ahorristas y a los habitantes del país para que se sientan parte de los procesos de crecimiento más importantes de las empresas. Recordemos que ALUR y Ducsa, empresas satelitales, no pasan su control del Tribunal de Cuentas. Ese control debería ser realizado en una asamblea de accionistas por los propios uruguayos. ¿Por qué no permitirle al ahorrista uruguayo que hoy está mirando al exterior como destino de sus ahorros? Existe muchísimo dinero de uruguayos en el exterior. Esa es la contracara de esta realidad nefasta. Tenemos que trabajar en esa línea, en el proceso de desdolarización y en alterar la aversión al riesgo; esas deben ser prioridades definidas políticamente, eso es lo que estamos esperando hace mucho tiempo.

Desde la mirada de los inversores, ¿la desdolarización puede interpretarse como una señal de fortaleza macroeconómica o puede generar incertidumbre?

No, creo que es la primera opción: fortaleza macroeconómica, que además Uruguay la tiene; el país está a la vanguardia en Latinoamérica en materia de las variables macroeconómicas más importantes. Si uno compara con Brasil, estamos infinitamente mejor. Uruguay ha trabajado mucho, tiene políticas de Estado respecto de su deuda externa que han sido muy exitosas. Fue aprobado un presupuesto por una amplia mayoría de los votos en el Poder Legislativo, que es mesurado, maduro, correcto, encabezado por un ministro de Economía que sin ninguna duda muchos países quisieran tener. Yo creo que esta paz que tiene Uruguay en lo financiero no la tienen otros países. Tenemos una administración y una conducción del Ministerio de Economía absolutamente relevantes, positivas. Creo que hay que apoyar este proceso en forma decidida, marcando las cosas que tiene a favor y las que le están faltando.

La casa está en orden, conducida con la sobriedad necesaria para que comience ese proceso de crecimiento imprescindible. El tema es que para que se produzca eso, lamentablemente, en Uruguay tenemos que esperar que venga el capital internacional porque el uruguayo no despega, y ahí es donde tenemos que trabajar.

¿Quiénes serían los principales beneficiarios de una economía menos dolarizada?

El propio Estado, ya que la deuda sería mayormente expresada en moneda nacional. También el ahorrista, que estaría mucho más pendiente de los datos de la economía del país, lo cual es absolutamente fundamental a la hora de analizar el derrotero de su propia moneda. Creo que también todo el sector comercial, ya que se expresa en dólares el precio de bienes que realmente uno a veces le llama la atención.

Si tenemos un 75% de depósitos bancarios en dólares, ¿de qué sirve nuestra política monetaria? Es cierto que ha contribuido a la baja de la inflación, pero la contribución de la política monetaria a este proceso es marginal en algún sentido, porque la economía está dolarizada. Por tanto, si se dolariza la economía, el Estado está renunciando a tener una política monetaria adecuada para el manejo de la inflación y de otras variables. Por tanto, cuando se avanza en la desdolarización, se gana en soberanía para poder manejar la economía.