Al igual que en anteriores eneros, se ha generado un revuelo por la decisión del gobierno respecto del ajuste de las bases de prestaciones y contribuciones (BPC) y sus posibles consecuencias en los impuestos. ¿Se trata de “un nuevo mazazo tributario”? ¿El aumento del valor de la BPC implica que pagaremos más impuestos? ¿La decisión de ajustarla con base en el índice de precios del consumo (IPC) es una decisión con “finalidad fiscalista”? Como todas estas afirmaciones, repetidas aquí en forma de pregunta, han estado dando vueltas, intentaré explicar el sentido y el impacto del ajuste definido.

Previamente, partiré de una afirmación que es polémica, pero, a mi entender, irrefutable: “¡La decisión tomada implica una rebaja impositiva!”. Así como lo lee. Pero empecemos por el principio.

El papel de la BPC

La BPC es una unidad de cuenta que, entre otras cosas, sirve para determinar los montos de ingresos que limitan las franjas de tributos como el impuesto a la renta de las personas físicas (IRPF) y el impuesto de asistencia a la seguridad social (IASS). De esta forma, y por el diseño de esos impuestos, al contrario de lo que a veces se piensa, que suba la BPC hace que una persona con un ingreso dado pague menos impuestos y no más.

Como es sabido, tanto el IRPF como el IASS están diseñados de forma tal que las personas con ingresos más bajos no los paguen (el primero grava principalmente ingresos salariales y el segundo grava ingresos jubilatorios). A partir de cierto nivel de ingresos, se comienza a pagar una tasa que va creciendo a medida que los ingresos son más altos. Eso es así porque están diseñados por franjas en las que, a mayor ingreso, corresponden tasas marginales más altas. En grandes números, el 70% de los trabajadores y el 80% de los jubilados no llegan a pagar estos impuestos, dado que ganan por debajo de los mínimos no imponibles.

Ahora bien, ¿qué efecto puede tener entonces un aumento del monto de la BPC? Imaginemos lo siguiente: el lector habrá visto en parques de diversiones que, en algunos juegos, hay una barra que marca una altura mínima que deberán tener los niños para poder subirse. Así, cuanto más alta está la barra, menos son los niños que pueden entrar al juego, ya que la estatura mínima requerida es mayor. Bueno, pensemos que el valor de la BPC es la altura de la barra y que lo que se define no es si una persona puede subirse a un juego, sino si debe pagar impuestos. Parece claro que, cuanto más alto sea el valor de la BPC, más alta quedará la barra y, por lo tanto, menos gente pagará el impuesto, porque sus ingresos quedarán por debajo del mínimo no imponible.

Ahora que esto está claro, pensemos que no se trata de una única barra que define si se paga o no se paga, sino que hay varias barras, cada una más alta que la anterior, que determinan, en caso de tener que pagar, cuánto debe pagarse. Cada barra determina el ingreso a una zona con una tasa más alta. Otra vez, si aumenta la BPC, menos gente va a acceder a las zonas de tasas más altas porque sus ingresos quedarán por debajo, tal vez no de la primera barra, pero sí de alguna de las siguientes. Es decir, cuanto más alta la BPC, menos pagará de impuesto una persona con un ingreso dado, no importa en qué franja del impuesto se ubique el ingreso de esa persona. Ahora que está claro que el aumento de la BPC es una buena noticia y no una mala, pasemos a evaluar cuánto debería aumentar la BPC.

Los impuestos progresivos y su lógica dinámica

Como sabemos, a medida que pasa el tiempo, el aumento de los precios (inflación) erosiona la capacidad de compra de los ingresos fijos. Así, si una persona cobra un ingreso que no se ajusta periódicamente, su poder de compra va cayendo. El cálculo del poder de compra de un ingreso es lo que se conoce como “ingreso real”. Pero si el ingreso de la persona se ajusta (por ejemplo, con un aumento anual en enero, como sucede con los ingresos públicos, o en julio, como sucede con muchos ingresos privados), la evolución del poder de compra del ingreso, es decir, de su valor real, depende de quién “corrió más rápido”; si los precios aumentaron más que el ingreso, entonces habrá habido pérdida de ingresos reales, mientras que si el ingreso aumentó más que los precios, entonces habrá habido ganancias.

Para poder medir esto para la población en general, es necesario usar algunas estadísticas económicas regularmente elaboradas por el sistema estadístico nacional. El aumento de los precios lo conocemos a través del IPC, mientras que la variación promedio de los salarios la conocemos a través del índice medio de salarios (IMS).

Entonces, a medida que pasa el tiempo, los ingresos de la gente, por lo general, crecen, pero eso no necesariamente implica que pueda comprar más cosas y vivir mejor, porque los precios también crecen. Así, si no se ajusta la BPC, puede pasar que gente cuyo ingreso creció, pero lo hizo por debajo de los precios (por lo tanto, se hizo más pobre), empiece a pagar impuestos que antes no pagaba o termine pagando más que antes, aunque se haya empobrecido. Eso es lo que hace necesario ajustar el valor de la BPC, y ese ajuste se realiza, por mandato legal, todos los años en enero. Entonces, ¿cuánto debería ajustarse la BPC?

La primera respuesta a esta pregunta –y, a mi entender, la respuesta correcta– parece natural a partir de lo anterior. La BPC debería ajustarse según la inflación (IPC). De esa forma, si el ingreso de una persona aumentó igual que los precios, es decir, se mantuvo igual en términos reales, la persona seguirá pagando lo mismo, ya que su ingreso habrá aumentado lo mismo que la BPC y, por lo tanto, se mantendrá igual en relación con esta. Claramente, acá se ve que no habría ningún mazazo impositivo; por el contrario, quien mantenga su ingreso real mantendrá el mismo nivel de aporte.

Ahora, ¿qué pasa si el ingreso de esa persona creció más que los precios? En ese caso le corresponderá pagar más, lo cual tiene sentido en la lógica de los impuestos progresivos como el IRPF y el IASS; la idea es que quienes ganen más paguen más, ya que su mejor situación les permite aportar un poco más para financiar los gastos comunes de la sociedad. ¿En este caso se observa un mazazo impositivo? No, la relación entre impuestos pagados e ingresos reales sigue siendo la misma. La persona paga más porque gana más en términos reales y no porque haya habido un aumento de impuestos. Esto resultará evidente al analizar la siguiente situación.

¿Qué pasa si el ingreso de una persona creció menos que los precios, es decir, la persona disminuyó sus ingresos reales? Pagará menos impuestos, ya que la BPC habrá subido más que sus ingresos. De esta manera se cumple la lógica de los impuestos progresivos: quien mejore podrá aportar un poco más, y quien empeore aportará menos.

Ahora, en una mirada más amplia a la sociedad en general, de esta manera, en momentos de crecimiento de salarios y jubilaciones, el total recaudado de impuestos aumenta, lo que permite ampliar y mejorar los servicios públicos. Eso no resulta gravoso, ya que el mayor pago de impuestos es consecuencia de la mejora económica; la gente está mejor, por eso puede pagar más. Y, al revés, en situaciones de crisis económica, con caída de los ingresos reales, la gente, al menos, tendrá el alivio de pagar menos impuestos, lo que amortiguará la caída de sus ingresos.

El ajuste de la BPC según el IMS

Una respuesta alternativa a la pregunta de cuánto debería aumentar la BPC sería que aumente según el IMS. Es decir, que la referencia, en vez de ser el aumento de precios, sea el aumento de salarios. De hecho, la ley que regula los incrementos de la BPC establece las dos posibilidades, de forma que es el gobierno el que debe elegir entre ambas. ¿Qué pasaría si la BPC se incrementara según el IMS? Básicamente, se congela la presión fiscal sobre los ingresos, independientemente de si están aumentando los ingresos reales o si están cayendo. En la situación actual, cuando los salarios crecen más rápido que los precios, esa alternativa parece atractiva. Si tus ingresos reales crecen igual que el promedio, aunque estés ganando más, seguís pagando lo mismo, porque la BPC crece a la par de los salarios.

Pero ojo: esto tiene dos problemas. El primero es que, en una situación de crisis y caída de los ingresos reales, este método haría que, aunque le gente esté ganando menos en términos reales, igual tenga que seguir pagando lo mismo, lo cual no permite amortiguar la caída de los salarios. Eso nos lleva al siguiente problema: se rompe el criterio de progresividad dinámica en el pago de impuestos y en la recaudación. Cuando los ingresos mejoran y la mayoría de la gente está mejor, no se aumenta el aporte tributario, lo que no permite mejorar los servicios públicos; cuando los ingresos caen, no hay nada que amortigüe. Por eso sostengo que es mejor y más justo el criterio de ajuste por el IPC.

La historia reciente en el criterio de ajuste de la BPC

Efectivamente, tal como se ha afirmado, el gobierno actual cambió el criterio de ajuste de la BPC, volviendo al criterio seguido durante los gobiernos anteriores del Frente Amplio, de hacerlo de acuerdo con el IPC. El gobierno de coalición usó el criterio de ajustar según el IMS. ¿Eso implicó en su momento una rebaja impositiva? Lo irónico es que fue al revés. Durante la mayor parte del período de gobierno anterior el salario real cayó, es decir que los precios les ganaron la carrera a los salarios y las jubilaciones. Por lo tanto, si se hubiera ajustado por el IPC, eso hubiera generado un cierto alivio a la gente, porque la BPC hubiera crecido más que los ingresos y, por lo tanto, aunque los salarios reales estaban cayendo, la caída de los impuestos resultante se hubiera amortiguado. Pero al ajustar por el IMS, se congeló la presión fiscal, por lo que la gente, a pesar de ver que sus ingresos le rendían cada vez menos, tuvo que, en promedio, seguir pagando las mismas tasas de impuestos.

Hasta acá tenemos dos conclusiones claras. La primera es un dato histórico: los ingresos (salarios y jubilaciones) han crecido más en los gobiernos del FA que en el de la coalición. La segunda, que el cambio de criterio de ajuste de la BPC efectuado durante el gobierno de coalición evitó que cayera la carga impositiva sobre los ingresos, tal como debía haber pasado en un momento de caída de ingresos reales. ¡Eso sí se parece a un mazazo!

Volviendo al inicio

Empecé la nota con una afirmación polémica. Dije que el criterio de ajuste de la BPC decidido esta vez, en realidad, implicó una rebaja impositiva. Eso no parece obvio a partir del desarrollo anterior. ¿Qué pasó? Pasó que me faltó un detalle.

Es cierto que el gobierno actual decidió el ajuste de la BPC de acuerdo con el IPC. Pero eso no es todo. En realidad, el ajuste fue por el IPC más 20%, que es lo máximo que la ley habilita al gobierno. Es decir, la BPC no creció igual que los precios, creció un 20% más que los precios. Eso implica que una persona cuyos ingresos aumentaron igual que los precios (mantuvo el ingreso real), en realidad, va a pagar menos que antes. Incluso, si la persona aumentó sus ingresos reales, pero relativamente poco (hasta 0,73% de hecho), también va a pagar menos.

Sólo habrá aumentado la presión fiscal sobre los ingresos que en términos reales aumentaron más que ese valor, esto es, que hayan aumentado más de 4,38% en términos nominales a partir de ese mes. ¿Cómo se llama a una situación en que para una persona que mantiene sus ingresos reales (o incluso los aumenta un poco) la presión fiscal disminuye? ¿Eso se parece más a un mazazo o a una rebaja impositiva? Le dejo la respuesta.

Fernando Isabella, Centro de Estudios Etcétera.