El dato
Según las estadísticas del Fondo Monetario Internacional (FMI), de los 85 países que en la actualidad tienen deudas con el organismo, cinco concentran el 60% del total de los créditos. En particular, Argentina concentra más de una tercera parte y es hoy el principal deudor de la institución. Como evidencia el gráfico, le siguen, de lejos, Ucrania (8,4%), Pakistán (6,2%), Ecuador (6%) y Egipto (4,9%).
El contexto
El FMI fue creado como parte de la institucionalidad económica internacional en el marco de los acuerdos de Bretton-Woods, que tuvieron lugar en 1944 para delinear la naturaleza de las relaciones económicas y financieras que hoy en día están en entredicho. Con esto, se pretendía establecer un ordenamiento capaz de fomentar la estabilidad y el comercio, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y se dejaba atrás los terribles eventos que tuvieron lugar previamente.
A diferencia de su “hermano” el Banco Mundial (también creado a partir de estos acuerdos), el objetivo del FMI no era otorgar préstamos para proyectos de desarrollo a largo plazo, sino ofrecer apoyo financiero de corto plazo a países que habían caído en crisis de balanza de pagos, para, de esta manera, evitar devaluaciones abruptas de sus monedas y una cascada de incumplimientos de pago de deuda.
Esto era especialmente importante en el contexto más general definido en aquellos años, cuando se definió –entre otras cosas– que Estados Unidos mantendría la paridad dólar-oro y, por lo tanto, el resto de los países mantendría sus tipos de cambio fijos con relación a esa moneda (a partir de esta decisión el país comenzaría a gozar del “privilegio exorbitante” de ser el emisor de la moneda de reserva global y de los activos de refugio). A su vez, además de otorgar préstamos, el FMI también colabora con los países brindándoles apoyo técnico y recomendaciones de políticas.
Tras la ruptura de la paridad del patrón dólar-oro, en 1971, y el posterior abandono de los tipos de cambio fijos, el FMI continuó apoyando a los países con dificultades de liquidez por medio de sus préstamos. Sin embargo, las recomendaciones de política se formalizaron y pasaron a configurar requisitos para los países deudores, que debían implementar los lineamientos y las acciones establecidas para acceder a los fondos.
Esto dio lugar a múltiples cuestionamientos, dado que los compromisos exigidos a los países podían ser lesivos e ir en detrimento de las necesidades de la población e incluso del desarrollo de la economía. Esto fue particularmente relevante para los países latinoamericanos, en especial durante la década de 1990, y todavía continúa operando en la órbita reputacional de la institución, más allá de los cambios de enfoque más recientes.
Las implicancias de la composición de esta cartera de deudores
El gráfico pone de relieve la compleja situación en la que se encuentran actualmente algunos países, en particular Argentina, dado el alto nivel de endeudamiento que presentan con este organismo. En este caso, además, la problemática opera en ambos sentidos: como dice el refrán, si le debés 100 dólares al banco, tenés un problema, pero si le debés 10.000.000, el problema lo tiene el banco.
Relacionado con lo anterior, el caso argentino reviste aristas adicionales, dado que fue objeto de críticas asociadas a la influencia política que implica hacia la interna del organismo, ya que los préstamos a Argentina se concentraron en los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, mientras que, según se señala, ha sido más reticente para apoyar a gobiernos de otros signos políticos.
Al mismo tiempo, la concentración de los préstamos del FMI en un conjunto tan reducido de países implica que el organismo cuenta con recursos limitados a la hora de asistir a los restantes, muchos de los cuales también enfrentan escenarios complejos en la actualidad. En ese sentido, en el contexto internacional actual, atravesado por tensiones geopolíticas y niveles inusitadamente altos de incertidumbre y volatilidad, la concentración de la cartera de deudores plantea interrogantes sobre la capacidad y la eficacia de las intervenciones del FMI a la hora de atender las necesidades de sus socios.
Joaquín Pascal, Centro de Estudios Etcétera.