Sobre el balance anual

Considerando el promedio anual, la tasa de empleo aumentó seis décimas con respecto a 2024 y se ubicó en torno al 59,7% de la población en edad de trabajar (PET). Este guarismo representa el mayor registro desde 2014, previo a que comenzara el deterioro del mercado laboral en el marco del estancamiento de la economía tras una década de desempeño excepcional. Expresado de otra manera, el aumento del empleo durante el año pasado fue de entre 26.000 y 28.000 personas.

Foto del artículo 'Radiografía del mercado de trabajo: balance y perspectivas'

La tasa de actividad, por su parte, promedió 2025 en torno al 64,5% de la PET, lo que también supuso un avance con respecto a los niveles vigentes en 2024. Si bien en este caso el avance fue menor que el del empleo (dos décimas), el alza adicional llevó la tasa a los máximos de la última década.

Este incremento, que fue mayor en el caso de la demanda (tasa de empleo) que de la oferta (tasa de actividad), implicó una caída del desempleo, que el año pasado terminó ubicándose en torno al 7,5% de la población económicamente activa (PEA). Esto supone, con relación al año anterior, una mejora de 0,7 puntos porcentuales, que lleva la tasa a los menores niveles desde 2014. En carne y hueso, estas cifras implican que fueron cerca de 13.000 las personas que dejaron de ser desempleadas con relación al año previo. En efecto, la desocupación alcanzó a aproximadamente 140.000 personas durante 2025.

En suma, considerando el promedio anual de los tres indicadores principales, el balance del año terminó siendo positivo: más empleo y actividad y menor desempleo. Además, al mismo tiempo se registró un incremento del poder de compra, con lo cual la masa salarial también mostró avances frente a 2024. Concretamente, el salario real creció, en promedio, 1,1% (2,3% si se compara los dos diciembres).

Sin embargo, más allá de la foto de 2025, la película es un poco menos favorable y pone de relieve los desafíos actuales que enfrenta la economía para alcanzar mejoras adicionales hacia adelante.

En este sentido, la trayectoria de los indicadores se diferenció entre los dos semestres, enfriándose durante la segunda mitad (en línea con el freno que la economía exhibe desde julio). En particular, durante los últimos tres meses la tasa de empleo cayó y la de actividad se mantuvo relativamente incambiada, lo que generó una reversión del desempleo.

En suma, el mercado laboral fue de más a menos durante el año pasado y dejó un balance muy favorable en la comparación de los promedios anuales, pero señales amarillas si se considera la dinámica mes a mes de los indicadores y la variación entre las dos puntas del año.

Detrás de las mejoras del empleo

Sobre este balance, el director nacional de Empleo, Federico Araya, destacó –en sus redes sociales– varias mejoras relevantes asociadas a la dinámica del empleo.

En primer lugar, indicó que la tasa de empleo femenina alcanzada durante el año (52%) “representa un máximo desde que hay registros” y que, a diferencia de lo que pasó con la tasa global, aumentó durante el último tramo del año (cerrando en torno al 52,7%). Esto supone que, del incremento total del empleo (estimado en 26.000 personas), 19.000 correspondió a las mujeres. En esa dirección, agregó que “si bien la brecha de género en el empleo sigue siendo alta (16 puntos), 2025 es el primer año de quiebre en la tendencia creciente que se había iniciado en la recuperación pospandémica”.

Foto del artículo 'Radiografía del mercado de trabajo: balance y perspectivas'

En segundo lugar, se refirió a la distribución geográfica de las mejoras, destacando que el crecimiento total del empleo fue jalonado por el interior del país: “De las 26.000 personas más ocupadas, 5.000 fueron en Montevideo y 21.000 en el interior”. Agregó, en ese sentido, que el crecimiento se dio a en todos los departamentos, salvo en Colonia, Río Negro, Salto y Treinta y Tres.

Asimismo, un tercer elemento positivo que dejó el balance del mercado laboral durante 2025 fue la reducción del desempleo juvenil, que pasó de 26,3% a 24,5% entre 2024 y 2025. En este caso, la mejora se explica más por la caída del desempleo entre los hombres (de 23,9% a 21%) que entre las mujeres (de 29,6% a 29,1%).

Finalmente, Araya se refirió al aumento de los cotizantes al Banco de Previsión Social, que fue de 18.500 con relación a 2024. Sobre esta dimensión, analizó que “el crecimiento es mayor en mujeres y en el interior”, y que de ese total “hay 8.100 que se encuentran en el sector del comercio, 2.400 en alojamiento y servicios de comida y 2.100 en transporte y almacenamiento”. En contraposición, “la administración pública y la industria manufacturera presentan caídas (-3.000 y -1.000, respectivamente)”.

Aproximaciones adicionales: los múltiples rostros del mercado laboral

La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística (INE) divulgó las cifras laborales correspondientes a la segunda mitad del año, desagregando los principales indicadores de acuerdo con cuatro criterios de apertura: sexo, edad, ascendencia étnico-racial y nivel educativo.

La oferta laboral

Durante el segundo semestre la tasa de actividad global se ubicó en torno al 64,5% de la población en edad de trabajar, un registro que soslaya las múltiples disparidades que conviven detrás de las mediciones agregadas.

En ese sentido, la discriminación de este indicador según el sexo arroja una brecha de casi 15 puntos porcentuales entre hombres y mujeres, dado que en el primer caso el registro asciende al 72,2% y en el segundo al 57,4%.

En el caso de la ascendencia étnico-racial, otra de las dimensiones que distingue el INE, las distancias entre los distintos grupos considerados son menores, aunque persistentes. Cabe recordar que para hacer esta segmentación se tiene en cuenta la autoidentificación de las personas con relación al grupo “al que creen tener o se sienten pertenecientes, ya que se identifican con las características culturales y sociales de ese grupo y comparten un sentido de identidad o tradición” (se trata, por lo tanto, de la percepción subjetiva de cada encuestado).

Con base en este criterio, la tasa de actividad más alta durante la segunda mitad del año pasado fue la de las personas de ascendencia “afro/negra” (68,5%), seguida por la categoría “otra” (67,2%) y luego por las personas de ascendencia “blanca” (63,8%).

La tercera aproximación para comprender mejor las dinámicas del mercado laboral tiene que ver con el análisis de los indicadores en función de los distintos tramos etarios, de la que se desprenden las brechas más pronunciadas. En este sentido, la tasa de actividad para quienes tienen entre 14 y 24 años fue de apenas el 43,1%, más de 21 puntos por debajo de la tasa global (64,5%). En el otro extremo, el mayor registro fue el del grupo que comprende a las personas de entre 35 y 44 años, que para el segundo semestre se ubicó en torno a 92,2% (casi 30 puntos por encima del global). En el caso de quienes tienen más de 65 años, la tasa fue del 15,7.

Por último, los datos elaborados por el INE permiten capturar la incidencia del nivel educativo sobre los vínculos que tienen las personas con el mercado laboral (o al menos una de las aristas de esta problemática). En concreto, la actividad laboral fue menor entre las personas que tienen el “ciclo básico incompleto o menos”, con un registro del orden del 49% (casi 16 puntos por debajo de la tasa de actividad promedio).

Entre quienes tienen el “ciclo básico completo o la educación media superior incompleta”, la actividad estuvo en línea con el promedio (65,4%) y en el resto de los casos se ubicó por encima. Puntualmente, la tasa fue de 72,7% para quienes tienen “secundaria completa o terciaria incompleta” y de 81,8% para los que completaron “estudios terciarios o posgrados”.

La demanda laboral

En el caso de la tasa de empleo, los datos arrojan una heterogeneidad similar, más allá de los matices en cuanto a la magnitud de las brechas. En este caso, la tasa global fue de 59,9% durante el segundo semestre, siendo de 68% para los hombres y de 52,4% para las mujeres (lo que arroja una brecha de 15,6 puntos porcentuales).

En el caso de la ascendencia autopercibida, el ordenamiento es análogo al de la tasa de actividad, siendo mayor el registro para la población que se define dentro de “otra” (63,1%). En los otros casos, la tasa fue de 61,9% para la población “afro/negra” y de 59,5% para el resto.

En cuanto a las brechas por edades sucede algo similar, con los registros más bajos en las dos colas del ordenamiento: para los más jóvenes (14 a 24 años) el porcentaje de ocupados fue apenas del 32,8%, en tanto que para los de mayor edad (65 años y más) se ubicó en 15,3%. Los registros más altos, por su parte, corresponden también a las personas de entre 35 y 44 años (88,3%) y de entre 30 y 34 (86,6%). En el cuadro se muestran las tasas para el resto.

Finalmente, en lo que refiere a la escolarización, las distancias entre las puntas también son muy marcadas, con una tasa de apenas 45,1% entre los que no completaron el ciclo básico y de 80% entre quienes finalizaron el nivel terciario.

El desequilibrio entre oferta y demanda

En el caso del desempleo, la tasa global durante la segunda mitad del año pasado fue del 7,1%, cifra que recoge una desocupación del 8,6% entre las mujeres y del 5,7% entre los hombres.

El desempleo fue mayor entre las personas de ascendencia “afro/negra” (9,7%), entre quienes tienen entre 14 y 24 años (24%) y entre quienes finalizaron el ciclo básico, pero no la educación media superior (8,5%). En contraposición, la desocupación fue menor entre las personas cuya autopercepción queda recogida en la agrupación “otra” (6,2%), entre los tramos etarios superiores (como muestra el cuadro) y entre quienes finalizaron sus estudios terciarios (2,1%).

Foto del artículo 'Radiografía del mercado de trabajo: balance y perspectivas'

Sobre la distribución de la población

El Observatorio de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), coordinado por el economista Javier de Haedo, difundió el martes un informe en el que se analiza la distribución de la población según su condición de actividad. Como advierte el reporte, “más allá de los progresos que se han registrado en los últimos años con relación a la cantidad de personas ocupadas, la cantidad de trabajadores con problemas de empleo se mantiene relativamente estable en torno a 600.000 personas”.

Esta categorización engloba tres dimensiones que afectan la calidad de los vínculos con el mercado de trabajo, graduando los distintos tipos de restricción que enfrentan. Se trata, en concreto, de la consideración conjunta de los desocupados (restricción típica), los subocupados (personas que, si bien están trabajando, enfrentan un problema asociado al volumen de horas) y las personas que no cotizan a la seguridad social (informales).

A este respecto, el documento indica que, más allá del incremento del empleo registrado durante 2025 (estimado en torno a los 28.000 ocupados), no se constataron avances relevantes al indagar en esta categorización, que sigue nucleando a más de 590.000 personas. De hecho, al comparar la variación anual de esta medición, la mejora con relación a 2024 fue de apenas 2.000 personas y de 19.000 si se contrasta contra el promedio correspondiente a 2019.

Sobre esto, el informe señala que en 2019, luego de cinco años de “mal desempeño en materia de empleo”, eran cerca de 610.000 las personas que quedaban comprendidas dentro de este grupo. Sin embargo, “seis años más tarde, y habiendo registrado un considerable aumento de la cantidad de personas ocupadas, aquella cifra solo bajó hasta 591.000 personas”.

En efecto, esta distinción aporta una mirada adicional sobre el desempeño del mercado laboral, indagando sobre algunos de los problemas que hacen a la calidad del empleo, como la insuficiencia de horas o la informalidad.

Foto del artículo 'Radiografía del mercado de trabajo: balance y perspectivas'

Sobre las perspectivas

Como fue alertado, si bien 2025 dejó un balance anual muy positivo, la dinámica observada hacia el final del año arroja otras señales. En términos prospectivos, las proyecciones de empleo contenidas en la Ley de Presupuesto apuntan a una mejora gradual del empleo en el correr del quinquenio, que aumentaría a un ritmo del 1% anual entre 2026 y 2029.

Desde el sector privado, el escenario base de la consultora Exante “asume que los indicadores del mercado de trabajo continuarán en niveles muy favorables, aunque no mostrarían mejoras adicionales este año”. En diálogo con el programa En perspectiva, Luciano Magnífico señaló que desde la consultora están “trabajando con una proyección de relativa estabilidad para el promedio de 2026 respecto de lo observado el año pasado” y que proyectan un crecimiento del salario real “apenas por encima del 1,5% para este año...”. “Esta combinación llevaría a que la masa salarial en términos reales crezca casi un punto porcentual menos en el promedio del año que lo registrado en 2025”, señaló.

Desde CPA Ferrere, el gerente del Departamento de Economía, Nicolás Cichevski, advirtió que los “incrementos del salario real sin un aumento equivalente de la productividad terminan generando efectos negativos en materia de creación de empleo”. Esta advertencia deriva del impacto que podría tener el sobrecumplimiento de la meta inflacionaria sobre la trayectoria del poder de compra, dado que las pautas para la negociación colectiva asumían que la inflación sería del 4,5% (hoy en 3,5%).

Como complemento de lo anterior, del último relevamiento realizado por el Banco Central del Uruguay entre los analistas se desprende que la tasa de empleo caería una décima este año (hasta 59,6%) y se mantendría relativamente estable durante 2027. De esta misma consulta surge una trayectoria alcista para la tasa de desempleo, que aumentaría gradualmente entre 2026 y 2027, hasta situarse en torno al 7,7%.