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Economía Actividad económica
Foto: Ernesto Ryan

Foto: Ernesto Ryan

La resiliencia del mercado laboral ante la desaceleración económica

Entre enero y agosto se crearon unos 9.800 puestos netos, menos de la mitad que en el mismo período de 2025. Además, el ritmo de creación mensual viene moderándose desde mayo.

El dato

En agosto, el número de ocupados se ubicó en 1.764.050 personas, según la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del INE. En términos de tendencia-ciclo, que permite depurar la serie de factores estacionales e irregulares, la creación neta de empleo fue de unos 549 puestos en el mes, saldo que resulta de la generación de empleo formal, parcialmente contrarrestada por una contracción del empleo informal.

Con ello, la creación neta acumulada en los primeros ocho meses del año asciende a 9.782 puestos. De esta manera, se evidencia una moderación en el ritmo de creación de empleo respecto a la primera mitad del año, cuando en meses como abril y mayo el saldo había sido de unos 1.200 y 1.700 puestos, respectivamente.

Al mismo tiempo, en agosto la tasa de actividad se ubicó en 64,1%, la tasa de empleo en 59,5% y la tasa de desempleo en 7,2%. En promedio para los primeros ocho meses del año, la tasa de desempleo se ubicó en 7,4%, 0,3 p.p. por debajo de igual período de 2025, con una tasa de empleo prácticamente estable (59,6% frente a 59,5%) y una tasa de actividad levemente inferior (64,3% frente a 64,4%).

El contexto

La evolución del empleo suele acompañar el ciclo de la actividad, aunque no de forma lineal ni inmediata. En términos generales, un mayor dinamismo económico tiende a traducirse en más contrataciones, mientras que un menor crecimiento se asocia a una generación de empleo más moderada y, en contextos recesivos, a la destrucción de puestos de trabajo. Además, la respuesta del empleo suele darse con rezago, ya que las empresas suelen ajustar primero las horas trabajadas o posponen contrataciones antes de modificar sus plantillas.

Pero no solo importa cuánto crece la economía, sino también dónde lo hace. Cuando el crecimiento se concentra en sectores intensivos en mano de obra, como el comercio, los servicios o la construcción, su impacto sobre el empleo es mayor que cuando proviene de actividades más intensivas en capital o en recursos naturales, como el agro o la industria forestal.

En ese sentido, las cifras recientes muestran un mercado de trabajo que, pese a la baja en la actividad económica (0,5% interanual) durante el segundo trimestre del año, continuó generando puestos de trabajo. Una posible explicación de este fenómeno surge del análisis sectorial de la economía. Sin contar al sector agropecuario, que habría caído 22%, la actividad creció 1,3% interanual. Dado que el agro concentra una porción relativamente pequeña del empleo total, el dinamismo del resto de la economía habría sido suficiente para sostener la demanda por trabajadores.

Esta lectura también es consistente con la evolución de la tasa de empleo ajustada por factores estacionales e irregulares (tendencia-ciclo). Este indicador se mantiene alrededor de 59,7% desde octubre del año pasado, sugiriendo así un mercado de trabajo resiliente a la desaceleración de la economía.

¿Qué tipo de puestos se están creando y dónde?

En lo que va del año, la tasa de no registro a la seguridad social (informalidad) se redujo en 0,6 p.p. respecto al mismo período del año pasado. Además, no parece tratarse de un movimiento transitorio, en la medida en que en términos de tendencia-ciclo la informalidad se encuentra en su menor nivel desde mediados de 2023.

De esta forma, la creación de empleo en lo que va del año se concentró en el sector formal y más que compensó la caída del empleo informal, dando lugar así a una creación neta de unos 9.800 puestos de trabajo. En agosto, en particular, se crearon 1.523 puestos formales y se destruyeron 974 informales.

Como la generación de nuevos puestos de trabajo se explica por la dinámica del sector formal, para descomponer en qué sectores se están creando recurrimos a cifras del Banco de Previsión Social (BPS).

Foto del artículo 'La resiliencia del mercado laboral ante la desaceleración económica'

Según estos datos, en el promedio enero-agosto de 2026 hubo unos 22.700 puestos cotizantes más que en igual período de 2025. Casi la mitad de ese aumento neto (48%) se explica por comercio, restaurantes y hoteles; le siguieron los servicios financieros y a empresas (22%), y educación, salud y otros servicios sociales (19%). La administración pública explica un 11% del aumento, el transporte y almacenamiento un 8% y la construcción un 6%, mientras que información y comunicación aportó un 3% adicional.

En el extremo contrario, el empleo formal se redujo en el servicio doméstico y otros servicios, que restó el equivalente a un 7% del aumento neto, en el sector agropecuario y la minería y en la industria manufacturera (4% en cada caso), así como, en menor medida, en el suministro de agua y saneamiento (2%).

¿Quiénes se incorporaron al mercado de trabajo?

Según datos del INE, el crecimiento interanual del empleo se explica íntegramente por las mujeres. En el promedio enero-agosto, la cantidad de ocupadas aumentó en unas 16.300 personas respecto a igual período de 2025, mientras que la de ocupados hombres se redujo en unas 7.700, lo que arroja un incremento neto de unos 8.600 puestos.

En términos de tasas, la de empleo femenina aumentó 0,9 p.p. y la masculina se redujo en igual magnitud, por lo que la tasa de empleo total se mantuvo prácticamente estable. El saldo positivo responde, principalmente, al crecimiento de la población en edad de trabajar, que con tasas estables se traduce en más ocupados; en menor medida, influye que la población femenina en edad de trabajar es mayor que la masculina, por lo que una misma variación de la tasa implica más puestos entre las mujeres que entre los hombres.

Este comportamiento profundiza un cambio que comenzó el año pasado. Entre 2022 y 2024 la creación de empleo se había concentrado principalmente en los hombres, mientras que en 2025 esa tendencia se revirtió: casi tres de cada cuatro nuevos puestos correspondieron a mujeres.

Más allá de los puestos de trabajo

La creación de nuevos puestos de trabajo junto con la reducción de la informalidad son dos señales positivas, pero no alcanzan por sí solas para evaluar la situación del mercado de trabajo.

Una de las dimensiones que permiten complementar esta mirada es el subempleo, que se refiere a personas que trabajan menos de 40 horas semanales, pero que desean y están disponibles para trabajar más. Se trata de una problemática persistente, cuya incidencia se mantiene estable desde hace casi tres años en torno al 9% de los ocupados.

Además, estas restricciones no necesariamente afectan a personas diferentes, sino que pueden acumularse sobre un mismo trabajador, lo que permite distinguir entre quienes enfrentan una sola de ellas y quienes deben hacer frente a más de una simultáneamente.

Según los últimos datos, un 3,2% de la población económicamente activa (PEA), es decir, quienes trabajan o buscan trabajo, se encuentra únicamente en situación de subempleo, mientras que otro 5,3% combina subempleo e informalidad y un 14,1% enfrenta únicamente la informalidad. Si a estos grupos se suman los desempleados (7,2%), es decir, quienes buscan trabajo, pero no lo encuentran, resulta que tres de cada diez personas que participan en el mercado de trabajo (29,7%) enfrentan al menos una de estas restricciones.

Si bien se trata de una realidad persistente, el acumulado de restricciones se encuentra en su nivel más bajo desde 2021.

Foto del artículo 'La resiliencia del mercado laboral ante la desaceleración económica'

En síntesis

El mercado laboral muestra en 2026 un menor dinamismo en la creación de empleo. En términos de tendencia-ciclo, entre enero y agosto se crearon unos 9.800 puestos netos, menos de la mitad que en igual período de 2025 (unos 20.800), y el ritmo mensual se ha moderado desde mayo. A su vez, la reducción del desempleo en el promedio enero-agosto respecto a igual período de 2025, que lo ubica en su menor nivel desde 2015, respondió principalmente a una menor participación en el mercado de trabajo, concentrada en los hombres. Como contracara, la composición del empleo mejoró: la totalidad de la creación neta se explica por puestos formales (unos 17.200), que más que compensaron la pérdida de empleos informales (unos 7.400), con lo que la tasa de informalidad se ubica en su menor nivel desde mediados de 2023.

No obstante, estos indicadores agregados no reflejan por completo la calidad de la inserción laboral. En agosto, tres de cada diez personas activas enfrentaban al menos una restricción (desempleo, subempleo o no registro a la seguridad social), una proporción algo menor que la de años anteriores, pero que se mantiene elevada. En este sentido, los desafíos del mercado de trabajo exceden la creación de puestos y abarcan también las condiciones en que las personas se insertan en él.

Hacia adelante, será relevante monitorear si se consolida la desaceleración reciente de la creación de empleo formal que muestra la ECH, y en qué medida la caída de la tasa de actividad responde a factores transitorios o a un cambio más persistente en la oferta de trabajo. A su vez, será clave seguir la evolución de la calidad del empleo para determinar si los avances recientes en materia de formalización se extienden a otras dimensiones.