Las medidas sanitarias anunciadas por el gobierno para evitar la propagación del coronavirus cambiaron la dinámica diaria de la mayoría de las familias, que entre la suspensión de las clases presenciales y la exhortación a quedarse en casa adaptan las rutinas a la convivencia de tiempo completo.

Las dificultades económicas vinculadas al impacto de la crisis en el empleo y la sobrecarga de las tareas de cuidados en las mujeres son algunas de las problemáticas que emergen del nuevo escenario. Las familias con madres y padres separados tienen, además, el desafío de mantener un régimen de visitas que cumpla con las recomendaciones sanitarias, tenga en cuenta los deseos de la niña o el niño y sea lo más igualitario posible.

En países en los que se declaró la cuarentena total y obligatoria se han dispuesto soluciones específicas para estos casos. En Argentina, por ejemplo, el gobierno decretó la suspensión de los regímenes de visitas, al entender que la prioridad es la salud de las y los niños. La resolución, que entró en vigencia el 21 de marzo, sólo establece tres excepciones para el traslado de niñas y niños de una casa a la otra: si el aislamiento obligatorio empezó a regir cuando la niña o el niño se encontraba en un “domicilio distinto al de su centro de vida”, cuando el progenitor a cargo “por razones laborales, de asistencia a terceros u otras causas de fuerza mayor deba ausentarse del hogar” o en caso de que la madre o el padre que esté con esa niña o niño se enferme y no pueda seguir ejerciendo el cuidado.

En Uruguay todavía no rige la cuarentena obligatoria, por lo que no hay ninguna norma o decreto que limite o suspenda las visitas durante la emergencia sanitaria. Sin embargo, sí hay una exhortación del gobierno a quedarse en casa para evitar que se multipliquen los contagios. Sin imposiciones normativas concretas, ¿cómo deberían manejar el régimen de visitas las madres y los padres separados? Abogadas, activistas y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos de las infancias coinciden en que se trata de facilitar acuerdos que prioricen el bienestar de las niñas y los niños y estén basados en el sentido común.

Lo primero es adaptarse

La declaración de la emergencia sanitaria el 13 de marzo disparó el número de consultas que reciben abogadas y abogados sobre los regímenes de visitas, porque el nuevo panorama obliga en muchos casos a modificar los acuerdos legales preestablecidos. “Nuestro pico de trabajo es durante los fines de semana, porque la gente no sabe qué hacer y hay mucha incertidumbre sobre el tema”, aseguró en ese sentido a la diaria la abogada María Eugenia Cal, responsable del área Familia del estudio jurídico Ferrere.

“Es un momento en el que se han multiplicado especialmente las consultas sobre los regímenes de visita, porque eran regímenes pensados, por ejemplo, sobre la base de que uno de los padres va a buscar a los nenes a la escuela por la tarde y los devuelve a la mañana, y todo eso en la práctica no puede ser más”, explicó. Este es el “típico caso”, dijo Cal, pero hay otras consultas que se repiten, como cuando uno de los padres vive con los abuelos del niño o la niña o tiene algún problema de salud “que hace que el régimen de visitas pueda significar algún riesgo, ya que los niños pueden ser portadores y transmisores del virus”.

La recomendación principal de la abogada es adaptarse a la excepcionalidad de la situación para priorizar el bienestar de las niñas y los niños. “Y adaptarse implica cambiar lo que está previsto, si es necesario, para adecuarlo a la realidad de hoy. Si nosotros nos quedamos siguiendo al pie de la letra un acuerdo que fue pensado para una normalidad en la que los nenes van a la escuela y hay otro contexto, puede ser que el acuerdo termine resultando inaplicable en los hechos”, aseguró.

Lo segundo es tratar de llegar a acuerdos para evitar la judicialización. “Estamos en feria judicial sanitaria, y esto implica que los tiempos de la Justicia son más lentos. Si no buscamos acuerdos las soluciones no van a llegar, y si llegan no necesariamente van a llegar a tiempo”, explicó Cal.

Si la tenencia la tiene uno de los padres, la abogada recomienda que durante la emergencia sanitaria se pase a un régimen de tenencia compartida. Este acuerdo establecería que la niña o el niño esté una semana con cada progenitor o que, por ejemplo, todos los fines de semana se quede en la casa del padre con el que no convive. Otra opción es que las visitas sean en la casa de esa niña o niño, para que no tenga que trasladarse. En cualquier caso, lo que se busca evitar con estos acuerdos –por cuestiones sanitarias– son los traslados constantes. Según la especialista, el acuerdo siempre es la mejor vía porque además implica “una sensación de familia que al niño le hace bien, le suma un poco de certidumbre en un momento tan raro”.

Si el acuerdo no es posible, la alternativa es la vía judicial, que en este caso consistirá en “pedir una habilitación de feria y plantearle al juez el caso concreto para que resuelva”. Cal insiste en evitarla: “Lo que tiene el juicio es que nunca sé cuál va a ser la sentencia del juez, por más buenos argumentos que ponga. Un acuerdo, en cambio, siempre termina tomando un poco de cada uno, entonces algo de mi voluntad va a quedar plasmado”.

Al final, se trata de apelar al sentido común para cuidar a esa niña o ese niño. “Los padres tienen que dejar de lado las diferencias que puedan tener y que en algún momento derivaron en la separación para intentar sobreponer ante todo el interés y el bienestar de los hijos, que están viviendo situaciones de vulnerabilidad al no poder estar en la escuela o con las demás redes de contención”, afirmó Cal. “Eso se logra llegando a acuerdos”.

Lo que las niñas y los niños quieren

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Foto: Mariana Greif

La mejor vía para resolver el dilema de las familias con madres y padres separados en este momento inédito parece ser entonces el acuerdo entre las dos partes, pero ¿en qué lugar queda la voz de las hijas y los hijos?

Para Andrea Tuana, activista y directora de la organización civil El Paso, su opinión es la que tiene que estar en la base del intercambio entre los adultos. “Creo que no hay una norma y una regla frente a una emergencia sanitaria, pero sí me parece que acá no es ni lo que le quede mejor a la madre ni lo que le quede mejor al padre, sino poner en el centro lo que es mejor para esa niña o para ese niño”, aseguró en diálogo con la diaria. Para eso, propuso “buscar el mejor lugar para que permanezca la mayor parte del tiempo”.

Los parámetros para definir cuál es el “mejor lugar” tienen que surgir de los propios niños y sus necesidades emocionales. “Es donde ellos se sientan más seguros, con más confianza, más contenidos; donde sientan que es su lugar de referencia”, explicó Tuana. Puede ser que se sientan de la misma manera en las dos casas, y en ese caso se puede llegar a la solución de “una semana con uno y una semana con otro”.

“Tenemos que pensar que estamos en una situación de confinamiento, que las niñas y los niños están fuera de su rutina, y que hay un nivel de alerta y ansiedad general que también les llega a ellos: el temor al virus, a enfermarse, a morir, a perder a un ser querido. Todo eso tiene un impacto en la salud mental de los gurises”, dijo Tuana. “El padre que esté en mejores condiciones para dar seguridad, contención, tranquilidad, calma y sobre todo contener a esa niña y a ese niño en este momento debería ser el que pueda permanecer con ellos el mayor tiempo posible. Son cosas que tienen que ver con el sentido común o con lo que es atender el desarrollo de una niña o un niño”, agregó.

Por eso lo material tampoco es lo más importante en este debate. “Porque uno puede decir ‘bueno, que se queden en la casa de su mamá, que tiene un fondo enorme y pueden correr al aire libre’, pero de repente no es la mamá la que les da la seguridad y la contención que necesitan en este momento”, ilustró Tuana.

Contribuir a que las niñas y los niños se sientan seguros en esta situación es, también, transmitirles de manera clara qué es lo que está pasando a su alrededor: qué es el coronavirus, qué síntomas provoca, cuáles son los cuidados sanitarios necesarios, por qué hay que quedarse en casa. A esto apuntan las recomendaciones de Lucía Vernazza, oficial de Protección de la Niñez de UNICEF Uruguay: “Para los padres separados, me parece que lo más importante es primero ponerse de acuerdo y después tratar de construir un discurso articulado de la situación para acordar qué van a responder cuando la niña o el niño haga preguntas sobre la covid-19”.

La otra clave es que se faciliten medios electrónicos para que las niñas y los niños puedan comunicarse con el padre que tienen lejos. En esa línea, Cal recomendó “potenciar” y “aprovechar” la accesibilidad a las herramientas digitales “en beneficio del desarrollo de la familia”, a través de videollamadas diarias, por ejemplo. “No sólo con el padre no conviviente, que es lo más importante, pero también con los abuelos o con los tíos”, afirmó la abogada. “Intentar que los niños, en esa situación de anormalidad en la que están, puedan igual mantener vínculos, aunque sean virtuales, con sus padres y el resto de la familia”.

Con derechos y sin violencia

El énfasis en poner el bienestar físico y emocional de las niñas y los niños en el centro del diálogo deja planteada otra cuestión, que es la de identificar en qué escenario se estarían vulnerando sus derechos. Es decir, ¿qué habría que evitar en este contexto?

Vernazza consideró que mientras las autoridades uruguayas no prohíban la circulación de personas en la calle “hay que garantizar que los niños puedan estar con su familia”. Por lo tanto, si la madre o el padre que tiene la tenencia no permite que la hija o el hijo vaya a visitar al otro progenitor “porque hay emergencia sanitaria”, está vulnerando un derecho. “Eso es así porque, en realidad, podés tomar muchas medidas para garantizar que estén todos los cuidados y pueda ir a la otra casa”, explicó la representante de UNICEF.

Otra situación a evitar es que todos los cuidados recaigan en uno de los padres, algo que además de injusto puede provocar tensiones o situaciones de estrés que “impactan también en los niños”. Según Vernazza, es fundamental ejercitar la corresponsabilidad, incluso si no viven bajo el mismo techo.

Por otra parte, Tuana insistió en la importancia de prevenir posibles situaciones de violencia intrafamiliar. En ese sentido, la activista recomendó que las niñas y los niños queden a cargo de la madre o el padre que no haya ejercido antes la violencia, incluso si tiene las visitas aprobadas: “Si hubo un antecedente de violencia, una denuncia previa y ahora está en el régimen de visitas porque esa situación quedó atrás, lo mejor es que la cuarentena la pase con la madre o el padre que no haya ejercido la violencia”.