“Está en juego el avance de una ultraderecha autoritaria disfrazada de democracia, que viene creciendo a nivel internacional, versus la ampliación de la democracia, los derechos sociales y las respuestas a las urgencias de los sectores populares”, delimita la abogada Irune Martínez Rebolledo sobre el plebiscito que tiene como opciones Apruebo o Rechazo a la nueva Constitución de Chile y se define el 4 de setiembre.

“Es una campaña de la verdad versus la mentira y el pueblo versus la élite”, divide Irune Martínez Rebolledo. Ella es abogada feminista especialista en derechos humanos, militante de la Coordinadora Feminista 8M, que integra el comando de movimientos sociales por el Apruebo. Fue asesora constituyente en la Convención Constitucional de Chile de Alondra Carrillo.

¿Cómo fue el proceso de la Constituyente?

El 4 de julio se entregó la propuesta de la nueva Constitución y ahora nos encontramos en un proceso de campaña hacia el 4 de setiembre, donde se decide si se aprueba, o no, el texto. Se instaló fuerte el rechazo a la nueva Constitución basada en falsedades de la ultraderecha que han envenenado la discusión.

¿Cuáles son estas mentiras?

La más difundida es que se va a quitar el derecho a la propiedad sobre las casas cuando se reconoce el derecho a la propiedad y también a una vivienda digna y adecuada. También se dice que se van a expropiar los fondos de pensiones y que no van a existir más colegios subvencionados. En materia de género se dice que, como no se establece un plazo en el artículo 61, se va a poder abortar hasta los 9 meses. Son mentiras.

¿Por qué el rechazo se centró en ataques a los pueblos originarios?

Hay un ataque muy racista que habla de los privilegios de los pueblos indígenas porque se reconoce la plurinacionalidad, los derechos culturales, el sistema de justicia que reconoce la interculturalidad y la posibilidad de que los pueblos resuelvan, acorde a su propia cultura, sus conflictos.

¿Qué puede pasar con la votación?

En las elecciones que gana (el presidente Gabriel) Boric los sectores populares se resistieron al fascismo. El voto va a ser obligatorio y eso implica que no se pueden hacer previsiones. La estrategia es llevar buenas noticias a las mujeres y disidencias de sectores populares con los avances de la nueva Constitución: democracia paritaria, más reconocimiento de los pueblos indígenas, más control y fiscalización en la economía para evitar corrupción, más presencia del Estado para financiar derechos sociales y más derechos de la naturaleza. La nueva Constitución le da respuestas a la clase trabajadora.

Irune se pone la camiseta de la Constituyente y se maquilla para salir a defenderla. Ella es una de las que representan a la generación de chicas sub 30 que generaron el cambio en el país donde el neoliberalismo parecía ser un éxito y pasó a ser una desgracia sin ejemplos con los que disciplinar.

Tiene 27 años. Es abogada. Feminista. Socialista. Vive en Santiago de Chile. Es joven, pero no novata. La conjunción de juventud y experiencia habla de un proceso político chileno: la irrupción sistemática de rebeliones estudiantiles desde el colegio secundario y la universidad.

Las jóvenes son las que movilizaron las bases para la transformación que capitalizaron los varones en el poder. Ellas son las que no sólo se atrevieron contra el sistema, sino que con su atrevimiento levantaron a los que estaban anestesiados y no reaccionaban. Y las que también protestaron con los que decían protestar con ellas por un sistema más justo, pero que no se paraban a pensar en la injusticia de incomodarlas, acosarlas y abusarlas.

El 4 de setiembre no sólo se juega si se va a aprobar la nueva Constitución o no, se decide si los derechos de las mujeres (al placer, a la vivienda, a los cuidados, al aborto) se van a consolidar o si se van a usar para encender las brasas del cambio pero se van a apagar cuando la derecha empiece a vender humo o logre hacerlo ganar en las urnas.

Las feministas empujan la consolidación del cambio para no quedarse como las remadoras de la posibilidad de un Chile inclusivo que las deja a la mitad del río. Aunque se gane o se pierda, una vez que el feminismo alejó a la democracia de una costa (de un machismo sin cuestionamientos) da miedo llegar a la otra orilla (de un feminismo diverso y pleno), pero hay que seguir remando. Porque la mitad del mar es donde pueden aparecer las peores tormentas.

Irune formó parte del proceso de politización que se inició en el 2011 con las estudiantes secundarias. “Me politicé en los procesos de feminismo estudiantil”, define. En el 2011, en Chile, Irune estaba en cuarto medio de la secundaria: el segundo ciclo del nivel medio cuando estalló el conflicto secundario. El 12 de junio 50.000 adolescentes marcharon para pedir pase estudiantil para el transporte, mejora de la calidad educativa y que la educación fuera garantizada constitucionalmente como un derecho social y no como un bien de consumo.

Las demandas estudiantiles marcaron el siglo XXI en Chile. En abril del 2001 se produjo el mochilazo, el primer cimbronazo ante la imagen de un país que era el “jaguar de Latinoamérica” (un país publicitado como pujante y exitoso a pesar de sus desigualdades), en donde la educación había quedado en manos del mercado y el costo de aprender llegaba a concentrar 41% del gasto de los hogares.

En ese momento la crítica fue por la tarjeta para usar el bus, que había quedado en manos de las empresas privadas. En el 2006 llegó la revolución pingüina, que exigía educación gratuita y de calidad y que tuvo como protagonista a Gabriel Boric, actual presidente chileno, de solo 36 años, y a Camila Vallejo, de 34 años, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile en el 2011 y actualmente ministra de la Secretaría General de Gobierno.

En el 2011 la protesta siguió con el reclamo del derecho social a la educación y motorizó, también, la protesta social del 2019 con las estudiantes salteando los molinetes frente al aumento del metro. “Una reforma constitucional para garantizar el derecho a la educación de calidad es el cuarto eje de su propuesta”, explicaba la nota “Claves de la rebelión estudiantil chilena”, del diario El País, del 30 de agosto del 2011.

¿Por qué una década después de una demanda clara ese reclamo puede caerse? ¿Por qué cuando no se protesta, sino que se propone, se puede perder la protesta y las propuestas? ¿Por qué hoy es más complejo estar más cerca de objetivos probables, que se desvanecen cuando se acercan a la realidad, que de objetivos en contextos irrealizables? ¿Por qué la política fake puede amenazar un proceso tan potente? ¿Qué puede pasar después del 4 de setiembre?

Irune estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, en donde participó en la Secretaría de Sexualidades y Género (SESEGEN) y la Federación de Estudiantes (FECH). También es integrante del Grupo de Estudios Feminista y ayudante del diplomado en Derechos Humanos, de la Universidad Alberto Hurtado.

En la universidad, Irune formó parte de la construcción de la Secretaría de Sexualidad y Género de la Universidad de Derecho de la Universidad de Chile. Fueron las áreas que surgieron a partir de las denuncias sobre abusos, acosos o incomodidades de parte de profesores y alumnos en las universidades. “Yo me politicé en el feminismo en la Secretaría de Sexualidad y Género en la discusión de violencia”, relata. Y cuenta: “Nosotras construimos el primer protocolo contra la violencia en mi facultad”. “El ciclo de politización feminista estudiantil se politiza en la discusión de la educación no sexista, que llega un poco después de la demanda de educación pública gratuita de calidad”, enumera.

Irune tiene la impronta de las militantes comprometidas al 100% en una generación que combina militancia full life con placeres no culpables: el reggaeton antiguo (el primer perreo del 2006 al 2012), la cerveza, el chocolate y los perros. Quiere aprender a programar. Es apegada a su familia, en un concepto que va desde los vínculos de sangre a las elecciones sin vínculo e incluye a las amigas. Y un detalle que muestra que no sólo hay que mirar las encuestas, sino también a lo que no se ve a primera vista. Ella sabe bastante de nubes: por qué se forman, qué significan y cuál es cual. Si el feminismo tiene una virtud política es la de aspirar a tomar el cielo por asalto aún en épocas de decepción, y mirar a las nubes es fundamental en tiempos en que el presente parece un látigo que condena al desaliento.

¿Cómo incide la participación estudiantil en la política chilena?

El movimiento estudiantil de 2011 fue un proceso de politización de una generación completa, que venía ya articulándose en un proceso de movilizaciones muy masivas que tienen en el centro la impugnación de la educación de mercado y ponen la demanda por una educación pública, gratuita y de calidad.

¿Cómo se suma el feminismo a la participación estudiantil y política?

Construimos el Grupo de Estudios Feministas, en el que nos juntamos entre militantes de organizaciones mixtas a debatir qué significaba asumir una estrategia feminista socialista. Todas nosotras éramos parte de Ni Una Menos, que se quiebra, y construimos la Articulación Feminista Socialista. La Secretaría de Sexualidad y Género de la FECH genera una reunión para levantar el 8 de marzo y de ese proceso se genera una marcha multitudinaria en 2018, que fue la primera marcha de mujeres contra la precarización de la vida. Y en la huelga del 2020 no se podía caminar de puras mujeres y disidencias.

Había una propuesta de una norma de derechos de salud reproductivos que no incluía la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y nosotras insistimos en que la incluyera expresamente. En el 2021 se había rechazado en el Congreso la ley de despenalización del aborto, entonces suponía una disputa del poder constituido con el poder constituyente.

¿El proceso constituyente superó el techo que la política tradicional imponía a las demandas feministas?

Cuando decimos que portamos esta lucha pensábamos en el proceso que se había librado en Argentina y en que era relevante que lo dijera expresamente por responder a un programa feminista. Tenemos una ley de IVE, del 2017, con tres causales (inviabilidad del embarazo, violación y riesgo de vida) que ha supuesto una aplicación terrible por parte del Estado.

Hasta el 2017, en Chile, el aborto estaba prohibido en todos los casos y esa ley fue un avance, pero sin despenalizar el aborto. ¿La Constitución es una oportunidad?

En 2017 se genera un avance, pero el mandato del Estado está en generar las condiciones para una IVE, un embarazo, un parto y una maternidad voluntaria, libre y protegida en el marco del derecho a decidir. Decidimos desbordarnos lo que parecía posible.

¿Es un desafío el desborde?

Esa es una parte muy bonita. Entramos con el mandato de desbordar la Constituyente e insistimos en que era relevante poner el aborto legal, y lo logramos el 16 de marzo. Había un feminismo del temor que decía que todo lo que nosotras hacemos al ir más allá pone en riesgo lo avanzado. Ellas pensaban que hablar de un feminismo sin techo era poner en riesgo la paridad y que hablar de aborto era poner en riesgo los derechos sexuales y reproductivos, y que toda vez que nosotras diéramos un paso más allá era un riesgo.

¿Hay diferencias entre las prácticas feministas más moderadas o más audaces?

Hay un feminismo de la incidencia institucional, de las ONG, de la incidencia legal y hay un feminismo, más allá de las edades, que viene de las movilizaciones masivas, de la irrupción en las calles y de habitar la potencia.

¿Cómo fue la apuesta al deseo en la campaña de Boric?

Es apostar por algo más grande que lo que se tiene, porque el fascismo se va a movilizar igual, porque el rechazo se va a movilizar igual y, por eso, hay que movilizar con una apuesta de futuro para las mujeres pobres, precarizadas y los jóvenes.

¿Cómo puede impactar el respaldo al aborto en el contexto de avance en Colombia, Argentina y México y retroceso en Estados Unidos?

Es un aporte no solamente para Chile, sino a nivel internacional.

¿Y si se aprobara la Constitución ya está o buscarían la aprobación de una ley?

Tiene que haber una ley por el derecho a decidir que derogue la norma que penaliza el aborto en el Código Penal.

Las Bravas es un nuevo espacio de la diaria Feminismos que busca amplificar las voces y experiencias de mujeres feministas que están cambiando la historia en América Latina. Está a cargo de Luciana Peker, periodista argentina especializada en género y autora de Sexteame: amor y sexo en la era de las mujeres deseantes (2020), La revolución de las hijas (2019) y Putita golosa, por un feminismo del goce (2018), entre otros libros.