Desde 2013, Uruguay ha aumentado de forma “sostenida” su inversión en materia de investigación y desarrollo (I+D) y se ha consolidado como uno de los pocos países que logró incrementar el gasto destinado a este rubro en relación con el producto interno bruto (PIB), destacó, en diálogo con la diaria el coordinador del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS) y de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (Ricyt), Rodolfo Barrere.

“Uruguay viene creciendo de manera sostenida y es uno de los pocos países que han incrementado su gasto en relación con la economía. [...] Además, Brasil y Uruguay son los únicos dos países que están sobre el promedio regional en relación con el PIB”, afirmó Barrere al comentar los resultados del informe “El estado de la ciencia”, que fue publicado el 18 de diciembre.

De acuerdo con el estudio –elaborado por el OCTS junto con la Organización de Estados Iberoamericanos y la Unesco–, Uruguay pasó de invertir 201,33 millones de dólares en I+D en 2013 (equivalente al 0,29% del PIB) a 701,56 millones de dólares en 2022, lo que representa el 0,63% del PIB. En el mismo período, el número de investigadores creció de 2.667 a 3.392 personas.

“Uruguay evidencia un crecimiento constante a lo largo del decenio y alcanzó en 2022 un valor tres veces mayor de inversión que en 2013”, indica.

El informe también destaca que en el país las mujeres representan el 51% de las personas dedicadas a la investigación científica, superando levemente a los hombres, un dato que lo diferencia positivamente en el contexto regional.

Por su parte, Barrere, quien también es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), destacó que Uruguay ha logrado impulsar una mayor participación de las empresas en actividades de investigación, lo que consideró un “caso relevante” frente a uno de los principales desafíos estructurales de América Latina: la baja inversión privada en ciencia y tecnología. No obstante, advirtió que Uruguay enfrenta límites de escala y cuenta con una “comunidad científica relativamente pequeña”.

En la región, el coordinador del OCTS alertó que la inversión en I+D en América Latina no mostró un crecimiento significativo en los últimos años y mantiene una “presencia relativamente limitada a nivel global”, situación agravada por la escasa participación del sector empresarial en el financiamiento de la investigación.

Según el informe, a pesar de que el PIB de América Latina creció un 46% entre 2013 y 2022, la región representa apenas el 2,5% de la inversión mundial en I+D. Además, se observa un “fenómeno de concentración”: Brasil, México y Argentina representan el 83% del gasto total regional. Brasil es el único país latinoamericano cuya inversión en investigación supera el 1% del PIB, mientras que Uruguay se ubica por encima del promedio regional, situado en 0,63%.

Según el informe “El estado de la ciencia”, ¿en qué punto está hoy América Latina en términos de capacidades científicas y tecnológicas frente al mundo?

Quisiera destacar varios factores. Por un lado, la inversión en investigación y desarrollo viene creciendo, pero no al ritmo de lo que aumenta en el mundo. En valores absolutos, la inversión latinoamericana crece, pero, en relación con la economía, con el PIB regional, se mantiene bastante estable. Desde 2021 hasta 2023 se mantuvo en 0,70, un número bajo para el contexto mundial, mientras que países más desarrollados pueden invertir el 2, el 3 y hasta el 4 por ciento del PIB.

Por lo tanto, la inversión en esta área en América Latina en relación con su economía no viene creciendo. Además, esa inversión regional es el 4% del total mundial, por lo que representa una presencia relativamente limitada a nivel global.

¿Se puede decir que las tendencias actuales de inversión y producción científica permiten pensar en un salto de desarrollo, o más bien son una continuidad de la dependencia tecnológica de la región?

Es difícil esa pregunta porque conjuga varios factores. La región se caracteriza más por investigación, sobre todo aplicada y un poco básica. Además, está la cuestión del protagonismo que tienen en la investigación impulsada por las empresas latinoamericanas, que es muy limitada. En América Latina las empresas son responsables del 40% del financiamiento de la investigación.

Brasil tiene un porcentaje más alto, de más del 70% de la región. Si sacaras a Brasil del promedio regional, te diría que en la mayoría de los países las empresas representan menos de un tercio del financiamiento. La verdad es que, en general, las empresas latinoamericanas no innovan haciendo investigación, lo hacen incorporando bienes de capital; es lo más típico: compran una máquina para hacer algo nuevo que ya se hacía en otro lado. Eso no está cambiando, es una tendencia muy difícil de modificar.

¿Cree que este tema es una de las principales tendencias estructurales que explican la situación de América Latina en términos de desarrollo?

La relación entre ciencia y desarrollo hay que tomarla con cuidado, pero la cuestión de cómo las empresas latinoamericanas innovan tiene mucho que ver. Las empresas de la región tienen mercados que tampoco son demandantes de productos de la frontera tecnológica, y eso sí es más más estructural. Debemos tratar de apuntalar esos procesos para que las empresas innoven más cerca de la frontera tecnológica; hay casos de éxito, pero el denominador común no es ese.

¿Qué riesgos existen de quedar relegados frente a esta escasa inversión a nivel privado?

Hay que separar investigación de innovación, son dos fenómenos relacionados, pero bastante distintos. Cuando hablamos de innovación, de investigación, hablamos de crear conocimiento nuevo a nivel mundial, y cuando hablamos de innovación, nos referimos a crear un producto o un proceso nuevo para el mercado, que puede ser local, regional o global. Ahí hay una debilidad en ese vínculo entre la producción de conocimiento y la aplicación a las empresas bastante marcado en América Latina, y eso me parece que es un rasgo estructural importante.

¿Qué riesgos existen de quedar apartados en áreas estratégicas como inteligencia artificial, biotecnología, transición energética o salud?

Cada uno de esos temas tiene aristas distintas. Con respecto a la inteligencia artificial, hay una concentración enorme de capacidades y de inversión en muy pocos países y, de hecho, en muy pocas empresas. Distinto es en biotecnología, por ejemplo, en la cual la región tiene una trayectoria bastante más larga; son tecnologías más maduras, menos disruptivas, son casos distintos. Frente a estas tecnologías emergentes hay que estar bien atento para que la región no quede muy desconectada.

¿Qué rol podría jugar la cooperación Sur-Sur para construir capacidades tecnológicas propias frente a las grandes potencias?

Me parece que la cooperación entre los países en desarrollo es central, especialmente entre los estados latinoamericanos, que tenemos un montón de diferencias, pero hay muchísimas cosas en común que facilitan estos procesos; me parece que ahí es central, y de vuelta depende de en qué tecnología. Hay casos como el del Centro Binacional de Biotecnología, impulsado por Argentina, Brasil y otros países, que es súper exitoso. Por lo tanto, hay ejemplos en los que esa cooperación se ha plasmado en cuestiones bien concretas y con muy buenos resultados.

A partir de los indicadores del informe, ¿dónde está parado Uruguay hoy en el ecosistema científico regional?

Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia tienen casi el 90% de la inversión. Hay muchísima concentración, por ejemplo, en Brasil, que representa el 73%. En ese contexto, Uruguay crece de manera sostenida y es uno de los pocos países que han incrementado su gasto en relación con la economía. Uruguay tiene 0,71 en relación con el PIB; es el que tiene mayor intensidad en la región, después de Brasil, tiene 1,2. Brasil y Uruguay son los únicos dos países que están sobre el promedio regional de 0,70.

¿Cuáles son las principales fortalezas del sistema científico uruguayo para proyectarse al futuro?

Es uno de los pocos países que han incrementado la inversión, y más en relación con el producto. Es una fortaleza y muestra una valoración interesante. También ha habido un crecimiento de la participación de las empresas en Uruguay; me parece que es un caso relevante. Pero están las cuestiones de tamaño que sí afectan en estas cuestiones. Es una comunidad científica relativamente pequeña, pero con buenos lazos internacionales. Creo que es una buena política incrementar esos lazos con la región y con países.

¿Y en cuanto a los desafíos?

Son los mismos que tiene toda América Latina: tratar de incorporar conocimiento a la producción, mejorar las cuestiones relacionadas con aprovechar los investigadores de calidad que hay en el país para generar mejores redes internacionales.

Yendo de vuelta a la región, ¿qué oportunidades todavía están abiertas para que América Latina pueda reorientar su rumbo?

Tenemos más o menos el 4% de los investigadores del mundo y, sin embargo, la población de América Latina es el 8% del total mundial. Hay mucho para crecer, se podría duplicar el esfuerzo para estar en el promedio mundial. Me parece que los sistemas científicos de la región tienen mucho para crecer y consolidarse, y eso requiere esfuerzos públicos, que es el principal sostén de la ciencia en la región, pero también acompañamiento del sector privado.

¿Qué pregunta clave sobre el futuro de la ciencia en la región todavía no nos estamos haciendo y deberíamos empezar a hacer ya?

Tenemos que tener un plan para movernos con sentido cooperativo entre los países de la región, responder a tecnologías emergentes y disruptivas, algo que vemos cada vez más con la inteligencia artificial. Tenemos que posicionarnos en unidad ante estas situaciones.

¿Qué futuro se está jugando la región en este tema?

Los países más desarrollados son los que invierten más en ciencia y tecnología. Tenemos que invertir más en el sistema científico y armar un entramado complejo, donde esa producción de conocimiento sea positiva para el desarrollo económico y social. Este tema es un factor clave del desarrollo de cualquier país y región.