Un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica (UTEC), en colaboración con la Universidad Antonio Nariño de Colombia, utiliza campos magnéticos para acelerar la germinación de las semillas, lo que significa que broten antes y que las primeras plantas sean más vigorosas.
Antes de sembrarlas, las semillas se colocan durante un tiempo determinado dentro de un dispositivo que genera un campo magnético controlado. Después se plantan de la misma manera que cualquier otra semilla.
La investigación, que combina ingeniería física, mecatrónica y agroambiental, logró reducir aproximadamente a la mitad el tiempo de germinación del tomate y obtuvo resultados alentadores en especies nativas como espinillo y butiá, una palmera cuya reproducción suele presentar grandes dificultades.
Si esa ventaja se confirma a gran escala, los productores podrían obtener cultivos más uniformes, reducir tiempos de producción y utilizar menos recursos como agua y fertilizantes.
“El proyecto consiste en aplicar campos magnéticos, en condiciones controladas de intensidad de campo y de tiempo de exposición, buscando estimular las semillas para incrementar la velocidad de germinación y el vigor de las plantas que germinan con este tipo de estímulo”, explicó en diálogo con la diaria Hernando Jiménez, ingeniero físico y becario postdoctoral en UTEC Durazno.
El proyecto no solo obtuvo resultados prometedores. Como no existía equipamiento para realizar este tipo de ensayos en el país, investigadores y estudiantes de UTEC diseñaron y construyeron su propio dispositivo para generar campos magnéticos controlados.
La investigación comenzó con semillas de tomate por una razón práctica: es uno de los principales productos de consumo en Uruguay y América Latina. Asimismo, los investigadores contaban con abundante información sobre tratamientos físicos con temperatura, campos magnéticos y eléctricos aplicados a ese caso.
“En tomate logramos una reducción del orden del 50% en el tiempo de germinación. “Con el tratamiento de campo magnético logramos una germinación de los tratamientos en el orden del día dos y tres, cuando en condiciones normales ocurre en el día cinco, seis o siete”, señaló Jiménez, quien es profesor asociado de la Universidad Antonio Nariño y se radicó en Durazno desde 2024 para incorporarse al equipo de UTEC.
El investigador señaló que para conseguir este resultado se tuvo que hacer un trabajo “muy minucioso” que llevó dos años, analizando diferentes variables que pueden afectar al proceso de crecimiento del tomate.
“En este momento podemos decir que hemos encontrado las condiciones adecuadas”, afirmó.
Del tomate a las especies nativas
Tras los primeros resultados, el equipo decidió llevar la técnica a especies nativas del Uruguay.
El nuevo proyecto, financiado por el Grupo de Investigación Estratégica (GIE) de Agroalimentos de UTEC, busca acelerar la germinación de espinillo y butiá para contribuir a la conservación y recuperación de las especies nativas.
Los primeros ensayos sorprendieron incluso a los investigadores.
“Cuando hicimos el tratamiento con campos magnéticos, tuvimos una germinación de butiá en el día tres, y normalmente es muy difícil germinar (...); en promedio, las germinaciones están sobre el día 30 y algo, 40, 45. Entonces, tener una semilla que haya germinado en el día tres es una maravilla”, afirmó Jiménez.
Con respecto al espinillo, también observaron una aceleración importante respecto de los tratamientos tradicionales.
Una tecnología hecha en Uruguay
Más allá de los resultados biológicos, uno de los aspectos más novedosos del proyecto fue el desarrollo del equipamiento.
Como no existían dispositivos adecuados para este tipo de ensayos, investigadores y estudiantes de Ingeniería Mecatrónica en Fray Bentos e Ingeniería Agroambiental en Durazno diseñaron y construyeron un sistema propio para generar campos magnéticos controlados.
“Tuvimos que arrancar de cero, nadie en Uruguay lo había hecho. Esto es una tecnología que es pionera en el Uruguay; nadie acá había trabajado con magnetización ni de agua ni de semillas; nosotros estamos haciendo las dos cosas”, destacó el investigador.
Explicó que el dispositivo fue construido por estudiantes de UTEC con el objetivo de “no depender de una fuente externa”.
Jiménez explicó que el equipo permite controlar con precisión tanto la intensidad del campo magnético como el tiempo de exposición, variables que resultan determinantes para obtener resultados reproducibles.
“Nosotros podemos garantizar campos magnéticos uniformes y controlar también el tiempo de interacción de estos campos con las semillas gracias al equipo que hemos construido”, señaló.
Actualmente, el grupo trabaja en una nueva versión del dispositivo que pueda utilizarse directamente por productores agrícolas.
¿Qué ocurre dentro de la semilla?
Aunque todavía no se sabe exactamente por qué funciona, los investigadores creen que el campo magnético facilita que la semilla absorba agua más rápidamente. Ese proceso activa antes la germinación.
“Exactamente no se sabe. (...) Hay muchas propuestas, hay muchas ideas de qué es lo que está pasando allí”, reconoció Jiménez.
Sin embargo, explicó que la evidencia disponible sugiere que la magnetización estimula la apertura de canales iónicos presentes en las membranas celulares, facilitando el ingreso de agua y acelerando así el inicio del proceso de germinación.
Menos tiempo y recursos
Aunque el proyecto todavía se encuentra en una etapa experimental, los investigadores creen que una germinación más rápida podría traducirse en un mejor aprovechamiento de agua, fertilizantes y otros recursos agrícolas.
“Con el mismo riego, con la misma cantidad de agua, tenemos unas plantitas que son el doble o un poco más de las plantas control”, sostuvo Jiménez.
El investigador considera que, si estos resultados se confirman a mayor escala, la tecnología podría contribuir tanto a la producción agrícola como a la restauración de ecosistemas.
“No se utiliza ningún tipo de químico (...) buscamos que esta tecnología no interfiera con el ecosistema”, afirmó. “Creo que el aporte va hacia un aprovechamiento racional de los recursos del agua y producir lo que más podamos utilizando la menor cantidad de recursos”.
Consultado sobre el impacto que puede tener en la agricultura de Uruguay y América Latina este tipo de proyectos, Jiménez sostuvo que si esta tecnología puede aplicarse a un cultivo de soja –que tarda dos meses en tener una altura cercana a los 60 centímetros–, los productores podrían ahorrarse una “gran cantidad de dinero y tiempo”.
“El impacto tendríamos que evaluarlo ya a nivel agroindustrial. Para llegar a ese paso, tenemos que construir un dispositivo que nos permita llevar esta tecnología al campo”, reflexionó.
