El ajedrez femenino se originó como una subdisciplina del ajedrez competitivo a finales del siglo XIX en clubes femeninos de Inglaterra y Francia, como The Ladies Chess Club, que integraba a una parte muy reducida de la población interesada. Los hombres excluían a las mujeres de los deportes y el trabajo, e incluso les negaban el derecho a votar. El ajedrez femenino surgió como una necesidad, aunque creció acompañado de una contradicción.

La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, por sus siglas en francés) comenzó a funcionar en París, Francia, en 1924. Tres años después se organizó el primer mundial femenino, del que se consagraría campeona la rusa Vera Menchik, mejor jugadora de la época. En el libro Vera Menchik: la biografía de la primera mujer campeona del mundo, con 350 partidas, de Robert Taner, se dan a conocer casos de clubes que no permitían el ingreso de mujeres. Menchik, pese a la época, fue invitada a jugar un torneo especial con los mejores, entre los que se destacaban el cubano José Raúl Capablanca y el holandés Max Euwe. El relato que se presenta en el libro es muy educativo y tiene un gran perdedor: el maestro austríaco Albert Becker, quien años más tarde sería el capitán de la selección alemana en las Olimpíadas de Ajedrez de Buenos Aires (1939). En tono burlón, Becker prometió crear el Menchik Club con todos los jugadores que perdieran con Menchik. Becker resultó ser el primer integrante del club.

El crecimiento del ajedrez femenino se dio en doble sentido: por un lado se generaron espacios para que la mujer se profesionalizara, y por otro la aislaron de la competencia más fuerte. Igualmente, tanto Menchik como otras ajedrecistas que la siguieron hicieron todo lo posible para competir a la par con los mejores jugadores hombres de la época. La alemana Sonja Graf se llegó a vestir de hombre para infiltrarse en los grandes torneos y evitar así el comentario desafortunado. Hoy en día, los torneos son absolutos y no se dividen por género, salvo algunos casos. De todas maneras, el empuje para llegar lejos en la competencia absoluta no es igual en hombres que en mujeres, en niños o en niñas.

“El ‘ajedrez femenino’ se creó para nosotras, para incentivarnos, pero en realidad aumentó la brecha con los hombres”, dijo a la diaria Lucía Malán, integrante del club Los Orientales, de Nueva Helvecia, campeona femenina y absoluta de la categoría sub 18 en la edición del año pasado. En la competencia absoluta de hoy en día es común que participen mujeres, aunque no muchas. Sólo hay 22 mujeres (entre ellas, dos niñas en el entorno de los diez años) que figuran en el ranking femenino del sitio web de la FIDE. Países como Argentina, Chile y Brasil quintuplican esta cifra.

Así como Malán, muchas ajedrecistas han demostrado a lo largo de los años ser capaces de consagrarse campeonas en torneos absolutos, incluso con la historia en contra. Después están los casos más simbólicos, como el triunfo de la maestra húngara Judit Polgár ante el campeón del mundo Gari Kaspárov (Moscú, 2002). Esta jugadora es la única en la historia que entró en el top 10 absoluto. También inspira a muchas mujeres, porque durante su carrera participó sistemáticamente en torneos mixtos como parte de su filosofía deportiva. La misma manera de pensar tenía Isabel de los Santos, ajedrecista uruguaya campeona en numerosas oportunidades desde 1978. En una entrevista que le concedió al club uruguayo Nau64 hace diez años, la jugadora que tiene a Mijaíl Tal como favorito opinó que “el ajedrez debería ser mixto, como lo hace Judit”.

En Uruguay, también la mayoría de los torneos de ajedrez son absolutos. “A pesar de esto, no hay muchas mujeres que se anoten”, cuenta la última campeona femenina, Andreína Quevedo, perteneciente al club La Proa. Quevedo recuerda su niñez, cuando comenzó con los campeonatos de todos contra todos. Tenía diez años, la acompañaba su madre y “las únicas mujeres eran ‘la pareja de’ y ‘la madre de’”.

Prototipo

El bagaje cultural del ajedrez se suele alimentar de heroicas partidas de hombres en cafetines de hombres, comentadas por cultos columnistas de periódicos de hombres. La revista estadounidense Chess Life en la mayoría de sus números ha puesto en la tapa a jugadores hombres. La novela Le joueur d’échecs (es español conocida como La novela de ajedrez), de Stefan Zweig, está centrada en un personaje genio-delirante. En La defensa de Luzhin (2000), de Vladimir Nabokov, el protagonista también es un genio-delirante. Los políticos que usan al ajedrez –y a otros deportes– lo hacen habitualmente con el ejemplo de los grandes ajedrecistas hombres. Incluso, los difusores y profesores tienen en su repertorio casi nulos ejemplos de partidas disputadas por mujeres.

Judit Polgár, que logró el título de gran maestro a los 15 años, juega con 25 oponentes en simultáneo, en el
Museo de Viena, el 13 de noviembre de 2012.

Judit Polgár, que logró el título de gran maestro a los 15 años, juega con 25 oponentes en simultáneo, en el Museo de Viena, el 13 de noviembre de 2012.

Estímulo

La ajedrecista uruguaya Camila Colombo se despidió hace unos años del ajedrez profesional. Lo hizo con un ELO de 2096 (el ELO es un sistema estadístico que se usa para ranquear a ajedrecistas y a otros deportistas), superior al del resto de las jugadoras (de ese momento y actuales). Su retiro estuvo ligado a que le resultaba más gratificante la formación en psicopedagogía que la competición, reconoció a Garra. Igual, dijo que si hubiera tenido más estímulos económicos “capaz” que estaría compitiendo. Por eso también en un momento de su carrera, que comenzó en el circuito competitivo cuando tenía 12 años, resolvió irse a jugar a Brasil. “A las jugadoras contra las que jugaba les pagaban un sueldo; probablemente a los hombres les pagaran más, pero por lo menos les pagaban a ambos”. Cuando estuvo en Argentina, se sorprendió cuando se encontró con jugadoras mayores de 40 años. Recordó cuando en un torneo la maestra de ajedrez argentina Claudia Amura le preguntó si soñaba con alcanzar el título de gran maestro (GM, el máximo título al que puede aspirar un ajedrecista). Enseguida se preguntó a sí misma: “¿Yo puedo ser GM?”.

Los títulos que otorga la FIDE a ajedrecistas no son los mismos para mujeres que para hombres, aunque pueden coincidir en títulos absolutos, como el de GM, el más importante. De las 100 mujeres mejor ranqueadas, cerca de 30% son GM, mientras que en el top 100 masculino son todos GM. La FIDE, además, otorga título de “maestro femenino”.

Meta particular

Actualmente hay una mujer en el top 100 absoluto: Hou Yifan. Para que el lector tenga una idea del nivel deportivo del que se está hablando, la china tiene mejor puntaje ELO que cualquier jugador uruguayo, hombre o mujer, de ahora o de ayer: recibió el título de GM a los 14 años.

La jugadora china, prodigio en su niñez, habló en setiembre del año pasado con el portal chess.com y dijo que a las mujeres se las suele motivar con metas que no tienen un horizonte fuera de la categoría femenina. Los familiares y maestros no estimulan a las jugadoras a tener “objetivos elevados”, como ganar torneos absolutos. Además, considera que hay una cultura diferenciada que hace que las mujeres se concentren más en balancear sus actividades (como pueden ser la familia o la universidad), mientras que a los hombres se les fomenta que hagan su máximo esfuerzo para lograr una meta particular.

Desmotivación

En las categorías sub 10 y sub 12, Colombo ganaba tanto en el femenino como en el absoluto. Como campeona de su edad en ambos torneos clasificó a los Panamericanos, que también tienen una rama femenina y otra absoluta. La ajedrecista tiene el recuerdo vivo de aquella época, cuando su profesor le recomendó jugar el femenino (algo que ella considera que tiene “sentido racional”), con la idea de que jugar un torneo más accesible seguramente fuera más gratificante. “Seguí este consejo durante muchos años”. La imagen que ilustra el recuerdo es la siguiente: un torneo separado en dos salones, con hombres por un lado y tres mujeres por otro. Colombo dijo conocer a varias compañeras de ajedrez que ganaron ambos torneos y luego perdieron la motivación por seguir el consejo de jugar entre mujeres.

En Uruguay hay propuestas para estimular la inclusión de las mujeres en el ajedrez. La idea general para impulsar los cambios, según dijo a la diaria el presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez, Bernardo Roselli, se apoya en que “no debe haber inequidad de género porque el ajedrez es absoluto”. En el circuito nacional, cerca de 10% de los jugadores son mujeres (220 de 2.185). Es una cifra que se mantiene “estable”, sostuvo Roselli, a pesar de las diferentes estrategias de incentivo, que incluyen el otorgamiento de becas para torneos y facilidades para costear traslados.

Subequipo

En Argentina, la maestra Carolina Luján contó a la agencia Télam que en las Olimpíadas de Ajedrez de Batumi (Georgia, 2018) la federación de su país apoyó económicamente al equipo masculino, y no así al femenino. “Se veía además en la publicidad de la indumentaria: una misma delegación nacional con diferentes auspicios, como si fuéramos un subequipo. Para esta dirigencia, los hombres van a competir y nosotras vamos a pasear. Un concepto machista que los define como dirigentes”, denunció la número 55 del ranking absoluto argentino y número uno femenina.

Ámsterdam, pero en Uruguay

En marzo se jugó la final del campeonato femenino uruguayo. La locación fue el hotel Ámsterdam de Punta del Este. La campeona fue Quevedo, quien a pesar de haber quedado empatada en el primer lugar con Natalia Silva obtuvo el trofeo por un desempate que la favoreció. En tercer lugar quedó Sofía Roepke, de 14 años, promesa del ajedrez uruguayo. El campeonato se encapsuló en un fin de semana, mientras que los torneos absolutos se juegan en diez días y en locaciones como la Biblioteca Nacional, en Montevideo. “Eso ya es una diferencia enorme”, apuntó Colombo. “Las condiciones no son profesionales, porque en un día jugás tres partidas. Si querés que las mujeres aspiren a un profesionalismo mayor, dales un torneo más largo”, agregó, en línea con la postura crítica de Quevedo, que se traduce en la siguiente frase: “En otros años al menos no tuvimos que pagar la estadía, pero este año ni siquiera eso”. “Si no motivás y generás que yo pueda alcanzar ese nivel no me estás apoyando por igual, esa es la cuestión de igualdad o equidad. Puede que haya igualdad, pero equidad no hay”, cerró Colombo.

La FIDE en Uruguay

El GM brasileño y miembro del Ejecutivo de la FIDE Darcy Lima participó durante febrero en la Copa Marcel Duchamp, en la Intendencia de Montevideo. Aprovechando la ocasión, el experimentado jugador ofreció un curso a profesionales y entusiastas sobre entrenamiento en ajedrez. Con temas que fueron desde la nutrición a anécdotas de viejos jugadores, el curso tomó diferentes rumbos, entre los que incluyó, en una de las clases, una tertulia sobre cómo estimular la inclusión de las mujeres en el ajedrez.

En Río de Janeiro –contó como ejemplo Lima– diseñaron un torneo que tuvo una participación histórica de mujeres (un tercio del total). Trabajaron “duro” para conseguir los hospedajes, y también obtuvieron ayuda de colaboradores. “Fue una participación muy diversa, el torneo estaba muy lindo”, contó el maestro y dirigente en entrevista con Garra. Todos los asistentes del curso –menos un participante que jugaba contra sí mismo antes de iniciar las clases– estuvieron de acuerdo en que entre mujeres y hombres no hay diferencias que justifiquen la discriminación del ajedrez por género.