¿Qué hay detrás de una voz aguardentosa que nos resulta tan familiar? Tan familiar que casi no hay oyentes que no reconozcan la embestida de la carraspera cuando la pelota pasa el medio de la cancha y la jugada se viene. La génesis futbolera de Alberto Kesman se da como en casi todos los casos, en el núcleo del barrio. Desde la pelota de trapo hasta que en la quinta de la IASA le dijeron “no va más”, disfrutó el despertar de la destreza en torno al útil. Lo que quedó fue la entrega a la voz como un poeta. La espontaneidad atada a la elegancia de la improvisación. Una lírica sostenida en el tiempo, renovada en generaciones de agudos escuchas. La figura de Carlos Solé como una estampita sonora, la elección de un hijo de seguir destinos parecidos de la gola. Alberto Kesman, 53 años después del primer relato, 48 años después de haberse acercado al micrófono de Radio Universal para no moverse más. Es Kesman. Con Garra.

¿Cuáles son los orígenes de la profesión?

Yo nací en un barrio netamente futbolero, el barrio Fraternidad. De chiquilín jugaba al fútbol en la calle, con pelota de trapo. En agosto cumplo 70 años. Me gustaba escuchar en la radio los partidos de fútbol con los relatos de Carlos Solé. Yo lo imitaba a Solé. Cuando cumplí 15 jugaba en Sud América, llegué a jugar un par de partidos en la Quinta hasta que el técnico me dijo que no fuera más. Y me presenté a Radio Sport a hacer una prueba como relator. Es que yo transmitía con mis amigos los partidos que hacíamos con botones. Hacía el relato, los comentarios y la locución comercial. Me presenté en Radio Sport, me atendió Hugo Mañán, me hizo la prueba muy amablemente, pero me dijo que tenía voz de pibe. La segunda vez que fui no me dieron mucha corte, entonces me presenté en Radio Ariel. Me hicieron la prueba y me eligieron entre 11, empecé haciendo cancha, hasta que un día el relator principal se peleó con el dueño, entonces el de Reserva pasó a relatar Primera y yo transmití dos partidos de la Reserva.

¿Cómo se da el arribo a Radio Universal, donde estás hace tantos años?

Esos fueron los únicos partidos de reserva que transmití, porque inmediatamente surgió hacer lo que se decía “doble relato”, mitad de cancha cada uno. Pero duró poco, era muy difícil competir contra Solé, contra Heber Pinto, Duilio de Feo, contra Lalo Fernández, contra [Luis Víctor] Semino. Era una camada de periodistas radiales invencibles. Nosotros estábamos recién empezando. Hasta que en el año 70 llega a Radio Ariel el Clan 10, una escisión de gente que había estado con Solé: Jorge Da Silveira, Amadeo Ottati, Américo Signorelli, y que habían traído de Colonia a Víctor Hugo Morales. Me pidieron que transmitiera la Reserva pero yo preferí ser suplente, porque no quería que la gente se acostumbrara a que yo transmitiera Reserva. En dos años y medio en el Clan 10 debo haber transmitido tres partidos. Con eso vino Radio Universal a llevarme como relator. El arrendamiento del espacio duró un año porque no lo pudieron mantener, pero quisieron conservar el relator de fútbol. En 1975 se da un cambio fundamental, muere don Carlos Solé. Tuve ofrecimientos para irme a otras emisoras, pero me quedé y hace 48 años que estoy en la misma radio.

Así empieza a construirse el relato.

El relato surge porque me gusta, todos somos vocacionales. Lo vocacional te impulsa a hacerlo mejor de lo que vos pensabas que podías hacerlo. Primero está la vocación. El Clan 10 fue toda una revolución. Da Silveira estaba consagrado porque había sido el comentarista de Solé, Ottati era el segundo comentarista. Américo Signorelli había trabajado con Heber Pinto, Víctor Hugo comenzaba en el cambio de Radio Ariel, como yo. A Carlos Muñoz lo llevé yo cuando me fui de Radio Ariel, jugábamos juntos al fútbol y él quería ser relator. Juan Carlos Paullier también empezó en Radio Ariel: el Clan 10 fue una fábrica de jugadores.

¿Cambió la forma de prepararte para los partidos en todo este tiempo?

No, nunca. Hace 53 años que soy relator de fútbol, y hace 48 que estoy en la radio. La transmisión empieza dos horas antes y yo llego dos horas antes. Me apunto los equipos, nadie me los escribe, no ha cambiado nada. Es la costumbre, escribir los equipos y después que todo salga de la espontaneidad, nada de llevar cosas escritas. Me he caracterizado porque han surgido algunas frases, algunas expresiones. Esas expresiones surgieron de lo más espontáneo de mi corazón, en el momento que se cruza una jugada y lo digo.

“Como relatores le debemos a la gente el premio que nos da. Con la gente todo, sin la gente nada”.

¿Se entrena la espontaneidad?

No, nace contigo. Yo creo en este tipo de cosas, en la filosofía del barrio, en el mostrador, en el boliche de la esquina. Porque nací con eso, entonces, cuando tenés este tipo de enseñanzas de la vida, de códigos que antes eran mucho más firmes que los de ahora, te acostumbrás a vivir así. Yo me sigo sintiendo un muchacho de barrio, y el tipo de barrio expresa lo que le sale, no prepotea, dice lo que piensa. Soy un agradecido. Como relatores le debemos a la gente el premio que nos da. Con la gente todo, sin la gente nada.

¿Tenés alguna especie de cuidado especial con la voz el día anterior al relato?

No, nunca lo tuve. Lo que sí digo siempre es que a mí me gusta tomar whisky, pero no me gustan los excesos. Tengo 70 años y no conozco lo que es la cocaína, lo que es la marihuana, conozco lo que es el whisky. No tengo excesos porque no quiero. Si bien me gusta tomar, sé cuándo tengo que parar. El whisky siempre me gustó para compartir, o para tomarlo solo, porque te distiende, te serena. Tomar un whisky mirando el fuego prendido en la parrilla es una costumbre; es como el vasito de vino, eso es lo que me gusta.

¿Tuviste en tu casa un apoyo y un seguimiento como el que tenés vos con Martín, tu hijo, que eligió un camino similar?

Yo estudiaba Medicina, estaba en preparatorio y decidí dejar de estudiar. Mi madre lloraba porque quería que yo fuera médico. Ni ella ni mi papá eran futboleros, pero estábamos dentro de un barrio futbolero. Cuando les dije que iba a ser relator de fútbol me decían “¿qué es eso?”. El futbolero era yo. No pensaban que iba a funcionar, que la gente me iba a dar la oportunidad de escucharme y de aceptarme. Cuando vieron que era mi vocación me apoyaron. Mi padre me decía “Alberto, para hablar tenés que hablar con punto y coma, porque así la gente siempre te va a entender. Y para el relato lo mismo: relatá con punto y coma, no corras”. Cuando salía en televisión me decían si tenía la corbata torcida, si estaba bien peinado. Me cuidaron. Mi hijo es relator de fútbol. Hay quienes dicen es “el hijo de”, pero cuando “el hijo de” elige la misma profesión del padre no es para aprovechar, es la admiración que puede tener por el trabajo del padre. Ha tenido ofrecimientos y ha decidido quedarse conmigo, a pesar de que de repente no tiene la oportunidad permanente de relatar los partidos de Primera División. Para mí es el mejor de todos.

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Foto: Federico Gutiérrez

¿Hay diferencia entre relatar para la televisión y relatar para la radio?

Yo transmití por televisión algún partido por campeonatos del mundo, que transmití con Carlitos Muñoz. Para mí tenía que transmitir como en la radio, pero en aquella época te decían que no transmitieras como en la radio, te decían que dijeras: Juan, Pedro, Luis, la toca. Y eso a mí no me gustaba. Ellos se apoyaban en que la gente estaba mirando y no había que decirle que alguien había metido un pase. Pero la gente se tiene que entretener. Porque nosotros somos heraldos, pero también tenemos que entretener. Si sos un heraldo frío, un heraldo sin gracia, un tipo que transmite sin pasión, si no decís algo que se te ocurra porque viste algo diferente, la gente se aburre. No hay que mentirle, pero tampoco sacarle la fantasía a la gente.

¿Todavía te quedan cosas de Solé?

Me queda todo. Capaz que yo soy un poco atrevido por mi dialecto como relator. Pero todo lo de Solé fue perfecto y es imposible poder llegar. Solé hubo uno solo y yo no le ato ni los zapatos. Yo lo escuché a él y entendí que me tenía que inspirar en el mejor, pero él fue mejor que yo. No tengo ninguna duda, y mejor que él no hubo nadie. Fue el dueño de la pelota. El inventó esta profesión.

“El fútbol es uno solo. Fue el deporte rey siempre, pero todos los días se le está buscando agregarle cosas, y le están agregando cosas de PlayStation”.

¿El fútbol ha cambiado mucho?

Lo están cambiando aquellos que quieren sacarle provecho. El fútbol es uno solo. Fue el deporte rey siempre, pero todos los días se le está buscando agregarle cosas, y le están agregando cosas de PlayStation. Y a mí no me gusta. El fútbol es un deporte para que jueguen los seres humanos y que lo arbitren los seres humanos. Que las máquinas existan para corregir errores grandes, pero que tengas que mirar el VAR para cobrar un offside es algo que a mí no me gusta. Esa perfección tan imposible de ver con el ojo humano, que es imperceptible y que es milimétrica, no es fútbol. No porque tengas la uña del pie adelantado significa que estés adelantado.

¿Ha cambiado en vos la visión del juego?

El fútbol siempre va a tener a los grandes habilidosos y talentosos varios escalones arriba del que no lo es. Pero en el deporte es todo necesario, la velocidad, la fuerza, la inteligencia, el talento. Siempre fue una industria sin chimenea. Pero ahora las chimeneas funcionan mucho más y el dinero que corre es mucho mayor. Lo que yo vi en el nacimiento del fútbol era distinto, hoy te da miedo. De todas formas, es un premio al talento y aplaudo que el jugador, que por lo general nace de una base de gente humilde, tenga la oportunidad de llegar. Pero también me parece que todo tiene una medida.

¿Cuáles son los partidos que más te emociona relatar?

Los partidos que más te emocionan son los que tienen el condimento de los éxitos, cuando un equipo grande sale campeón de América y del mundo. Cuando una selección que no ha logrado un campeonato del mundo en muchos años logra un cuarto puesto. Cuando se gana una Copa América. Los triunfos a nivel juvenil que salvaron los malos momentos de los mayores. Esas son cosas que jamás vas a poder olvidar. Porque son triunfos que tienen que ver con el fútbol uruguayo.

¿Te imaginás relatando fútbol femenino?

Sí ¿por qué no? El fútbol femenino cada día crece más, ¿cuál es la diferencia? ¿Que es un poco más lento? ¿Que es menos agresivo? Yo estoy viendo cada día más chicas que tienen un talento bárbaro y que le pegan a la pelota mejor que los varones. Yo no soy joven, los jóvenes nacen conociendo otra vida diferente. Por ejemplo, al futbol antes jugaban los hombres y las mujeres no jugaban, los hombres boxeaban y las mujeres no boxeaban. Yo nací en esa época. Me fui acostumbrando. Al principio no me gustaba mucho el boxeo femenino, pero con el tiempo empezó a gustarme y empecé a valorar. Lo mismo pasa con el fútbol.