El Danubio Fútbol Club es nuevamente de Primera desde este 24 de noviembre cuando, pasado un cuarto de hora del día, concretó su victoria 1-0 sobre Defensor con gol de Leandro Sosa y se quedó con el segundo ascenso de esta temporada, mandando al violeta a pelear por la tercera y última opción de volver a la máxima categoría.

Era uno u otro

El fútbol es de las tradiciones por estas latitudes. Y hay tradiciones que conectan la Curva de Maroñas con la Punta de las Carretas. Hábitos y costumbres constituidos en la máxima categoría del fútbol uruguayo. Por eso no deja de resultar raro, por más que una temporada entera se haya dado en estas condiciones, que Defensor Sporting y Danubio se hayan disputado, sobre césped sintético y a estadio vacío en el Parque Rivera, el ascenso a la Primera División del fútbol uruguayo.

Un partido decisivo, pero no en primera. Un choque que mueve barrios, pero sin su gente. Dos equipos de fútbol que forjaron su historia sobre verdes gramados, queriendo zafarle a esta historia, en piso de plástico.

Una cosa era cierta, uno de ellos dejaría de ser “de la B”, para interrumpir un corto período de paso por la Segunda División y retornar al lugar que más anhelaban los dos. Fue Danubio. Defensor deberá pelearla con Racing, Cerro y Central Español por una última chance.

Foto del artículo 'Danubió venció a Defensor 1-0 y ascendió a Primera División'

Foto: Ernesto Ryan

En blanco y negro

Los futbolistas de Defensor volvieron a lucir camisetas con la leyenda “Todos juntos” al salir a la cancha y con esa convicción salieron a ponerle el cuerpo al momento; algunos, no todos, porque son nueve los que siguen apartados del plantel. A los 5 minutos, Álvaro Navarro avisó desde la medialuna, con una gambeta ágil y posterior remate de zurda que Esteban Conde mandó con esfuerzo al tiro de esquina. Y de ese córner, jugado en corto, vino un nuevo remate que Conde volvió a parar con una volada.

Los primeros avisos fueron de Defensor, pero la primera concreción fue danubiana. El zurdazo de Leandro Sosa a los 11 minutos, derivado de un despeje con los puños de Matías Dufour, fue incontenible para el joven golero violeta, que no retrocedió a gran velocidad luego de la salida que lo alejó de su arco. Ignacio González y Juan Manuel Olivera, desde el banco de suplentes, fueron sólo un par de todos los que corrieron a festejar el gol.

La cancha quedó inclinada y Maicol Cabrera tuvo dos chances claras. Primero recibió en el área un pase preciso de cabeza y tocó de derecha por encima del golero a los 18, y un par de minutos más tarde estuvo nuevamente cerca de ampliar el marcador cuando Diego Vicente desbordó y centró rastrero. Cabrera le dio de taco, como recurso tras controlar de espalda, pero la bola fue a las manos de Dufour.

El partido fue cobrando intensidad, pero no la de pelota en los pies y juego dinámico, sino con pierna fuerte y a los ponchazos. Así fue amonestado por un innecesario empujón Francisco Barrios, que a los 21 minutos terminó dejando la cancha para el ingreso de Nicolás Wunsch. Héctor Rodríguez y Gerardo Miranda, dupla técnica violeta, no querían correr riesgos.

Defensor consiguió sacarse a Danubio de arriba, dejar de estar contra las cuerdas, pero no produjo peligro sobre el arco rival. Apenas tibios acercamientos con centros que Conde controló cómodamente hasta que Daniel Rodríguez pitó y mandó el partido al descanso.

Juan Manuel Olivera y Sergio Rodríguez tras el triunfo

Juan Manuel Olivera y Sergio Rodríguez tras el triunfo

Foto: Ernesto Ryan

Neutralizado

De la segunda mitad se podrían contar los cambios que ambos equipos hicieron persiguiendo sus objetivos. Se podrían contar también incidencias en las que Danubio trancó fuerte y se llevó una, dos, tres tarjetas amarillas. Los sucesivos intentos de Defensor por posicionar el juego en campo rival sólo produjeron eso, un posicionamiento en esa mitad de cancha que nada tuvo de ofensivo para los franjeados.

Entonces, la conclusión es que el gran ganador fue Jorge Fossati, que con sus herramientas neutralizó cualquier posible intento de remontada y aseguró para su equipo el retorno a la A, a los sueños de siempre, a la ambición de títulos y copas internacionales.

La Curva de Maroñas está de fiesta y en la casa de María Mincheff, los hijos, nietos y bisnietos de la búlgara, los miles de descendientes adoptivos que se embanderaron con aquel equipo al que la madre de los fundadores puso su nombre de río, festejarán aliviados de que esta aventura de segunda llegó rápidamente al final.