En la era de las pantallas, es inadmisible posicionar en la opinión pública y el imaginario colectivo a un deporte que no pueda verse por televisión. El problema para la náutica, en particular para el yachting a vela, es doble, porque antes de la era de las pantallas era muy difícil posicionar en popularidad a una disciplina que se disputa sin tribunas, sin una posibilidad recurrente y atractiva de visualizar a los héroes en competencia.

El asunto de la difusión se sigue complicando, porque para cada clase de velero competitivo, de esos que navegan cerca de la costa, existe una competencia a la que llaman Mundial y entonces hay más de 100 mundiales al año. ¿Cómo festejar a un campeón mundial si hay más de 100 por año? Un campeón cada tres o cuatro días no es una invitación a la difusión masiva, más bien convierte a un deporte, sin tribunas y con poca pantalla, en un escenario donde hay tantos campeones que no pueden ser recordados ni valorados apropiadamente.

También está el conflicto económico y de clase. Los sectores populares difícilmente se sientan identificados con los dueños de grandes yates que navegan las costas de los balnearios más lujosos del mundo en las temporadas estivales a lo largo del globo, y entonces el prejuicio entra en acción: es un deporte de élites.

Foto del artículo 'La Celeste del agua: Uruguay competirá en el primer Mundial de selecciones de yachting a vela'

Foto: Facundo Castro

La Celeste (por número de camiseta)

1) Juan Real de Azúa 2) Federico Caballero 3) Dolores Moreira 4) Fernando Diz 5) Diego Stefani 6) Roberto Fabini 7) Santiago Silveira 9) Pablo Defazio 10) Ricardo Fabini 11) Álvaro Scalabrini 12) Dominique Knüppel 13) Hernán Umpierre 15) Nicolás González

Hay vueltas al mundo en equipo, vueltas al mundo en solitario, cruces del océano Atlántico. También está la Copa América, el máximo torneo de la vela y el trofeo deportivo más antiguo del mundo, una competencia en la que selectas naciones, de gran potencial económico, ponen en juego no sólo su calidad deportiva sino su capacidad de construir los veleros más rápidos para llevar el trofeo a casa. Tan selecta es la cosa, que entre 1851 y 1983 la ganó siempre el mismo club, de Nueva York. Al día de hoy, la copa ya la levantaron también equipos de Australia, Nueva Zelanda y Suiza, pero ahí hay que parar de contar.

En esa crisis de representatividad, en esa dificultad para mostrarle al mundo hiperconectado de qué se trata lo que hace un equipo de vela, navegan los organizadores de los más importantes eventos náuticos del planeta.

Ponete la camiseta

Detectando estos inconvenientes, y con la visión de ganar impulso global, la organización Star Sailors League (SSL) se propuso hace ocho años instrumentar algunas propuestas que nada inventan pero que imitan a algunos de los ejemplos más exitosos en el deporte para entrar en la conversación por la difusión y la atención mediática. De esa manera, la SSL creó su propio ranking (como en el tenis), sumando cada navegante los puntos de todas las competencias de las distintas clases en las que participe, ponderadas según su importancia, para tener de esa manera una clasificación mundial de hombres y mujeres nautas. Por consiguiente, ese ranking también se aplica para naciones.

Pero tal vez la más atractiva de estas propuestas consiste en implementar una nueva competencia, otro Mundial, sí, pero en este caso el que podríamos llamar el Mundial de los Mundiales o, como la organización lo identifica: el Mundial de fútbol, pero de vela.

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Foto: Facundo Castro

Así será fundada la Copa de Oro de la SSL, una contienda que, en su primera edición, reunirá a 56 países a partir de mayo de 2022, y el 26 de junio dirimirá al primer campeón mundial por equipos en este formato. Todas las regatas serán transmitidas, con cámaras a bordo, aéreas y con ayuda de la tecnología, para no perder detalle de qué velero va ganando –cosa difícil de ver desde el agua–. Cada país, que vestirá su uniforme completo con nombre y número de camiseta, como en los deportes colectivos, elegirá a sus tripulantes, tarea encargada al capitán. Serán nueve los que naveguen, pero el equipo estará conformado por 11, ya que se podrá hacer cambios entre una regata y otra. Además, habrá más navegantes de reserva para el caso de que alguno de los integrantes del plantel sufra alguna lesión o no pueda continuar disputando la competencia. Con su nombre, escudo e identidad propia, cada selección tendrá trabajada su imagen para generar el mayor impacto posible.

La Celeste

Uruguay atará su identidad al color de camiseta que identifica a los seleccionados del país. El nombre del equipo será La Celeste, y su indumentaria, la clásica camiseta color cielo, con vivos y pantalón negro. El capitán uruguayo es Ricardo Fabini y hasta el momento cuenta en su lista con 13 navegantes que podrían conformar el equipo. Entre ellos se acumula un gran número de logros internacionales, de esos que por las razones antes mencionadas pasan por debajo del radar incluso en nuestro país. Medallistas panamericanos (cinco de ellos suman un total de siete medallas), deportistas olímpicos (cuatro) y con títulos en veleros de gran porte, incluido el campeonato Mundial de ORC en 2005, son los que componen este seleccionado.

Todos ellos, con la ausencia de Dolores Moreira, quien se prepara por estas fechas para los Juegos Panamericanos Juveniles, entrenaron entre el 18 y el 26 de octubre en las aguas del lago Neuchatel, que baña las costas del pueblo de Grandson, en Suiza. Allí será la sede de la competencia en 2022 y durante ese período los celestes aprovecharon de la mejor manera la oportunidad de navegar en esta clase de veleros, los SSL 47, en los que ninguno de ellos había competido antes.

Uno de los objetivos de la Copa de Oro es reducir al mínimo la incidencia de los factores económicos en la competencia. Por esa razón, los equipos no navegarán en barcos propios, sino que lo harán en veleros que provee la organización, y tendrán que cambiar de embarcación cada día, lo que ofrece garantías a todas las selecciones de que se compite en igualdad de condiciones.

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Foto: Facundo Castro

Durante ese período Uruguay compartió regatas de entrenamiento con Bélgica, Alemania, Finlandia, Canadá, Lituania y Guatemala, obteniendo en varias oportunidades el primer puesto y mejorando notoriamente día tras día en el manejo del barco, de aproximadamente 14 metros (47 pies) de eslora.

Conseguir subir a los mejores navegantes pero, además de eso, conformar un equipo aceitado en el que los roles estén bien definidos para sacar el máximo rendimiento posible, será el objetivo de todos los equipos, también de Uruguay. El invierno en Suiza impedirá que se navegue en el lago, y en abril, poco antes de la competencia, se podrá retomar la actividad. El ranking mundial de enero será el que defina la posición en la que Uruguay ingresará a la competencia y, por lo tanto, también definirá en qué semana le tocará comenzar a competir.

Los peores 16 de la clasificación competirán desde la primera semana en grupos de cuatro países, entre los que avanzarán los mejores dos de cada grupo, ocho en total. A esos ocho clasificados se sumarán los siguientes ocho del ranking, para componer nuevamente cuatro grupos de cuatro de cara a una nueva semana. Tras seis rondas de competencia, quedarán delimitados dos grupos semifinales, también de cuatro barcos cada uno, y los dos clasificados de cada serie disputarán la final. La definición de la copa será en una sola regata, a todo o nada, entre las cuatro mejores naciones del torneo.

La tradición

Solamente el ciclismo (18) y el remo (11) acumulan más medallas para Uruguay en Juegos Panamericanos que la vela (10). De esa decena de medallas obtenidas a nivel continental a lo largo de la historia, siete fueron recogidas desde 1995 hasta hoy. En ese período, solamente la pelota vasca tuvo más logros, con ocho medallas.

Entre las disciplinas olímpicas (la pelota no lo es), el yachting es el que tiene la mayor continuidad en clasificaciones a Juegos Olímpicos por mérito propio, con diez ediciones consecutivas, ya que el atletismo faltó en 1984 y los nadadores se han valido de cupos de universalidad (invitación) para tener igual cantidad de participaciones en ese mismo lapso.

La vela cumplió en Tokio su 15ª presencia olímpica, sólo superada históricamente por disciplinas como el remo (17), el atletismo (17), la natación (16) y el ciclismo (16), aunque este último no accede desde 2012. Además de la natación (13) y el atletismo (10), es el único deporte con múltiples participaciones femeninas (4).

La Copa de Oro será una nueva oportunidad para que los veleristas uruguayos demuestren su competitividad a nivel internacional.

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