Ojeadores, captadores o scouts: la misma práctica con distintas denominaciones que, gracias al big data, se profesionaliza y cada vez tiene más incidencia en el armado de los planteles del fútbol profesional. En este oficio, la tarea principal es generar numerosos informes sobre cada jugador para que luego el director deportivo o el director técnico tomen decisiones: contratar, subir al primer equipo si es juvenil o ceder a préstamo en caso de que el jugador necesite más rodaje. “El scout no tiene nada que ver con lo que se ve en la cancha; les da herramientas al entrenador y al director deportivo para tener elementos a la hora de conformar el equipo. Somos un filtro para encontrar jugadores”, resumió a Garra Germán Brunati, scout devenido director deportivo de Montevideo City Torque.

El scout no contrata, es quien da opciones de contratación para que el entrenador no ocupe su tiempo en la búsqueda de jugadores. Por esto existen diferentes tipos de scouting: uno que tiene como objetivo seguir jugadores para el equipo y otro que pone la mira en los juveniles y participa en las captaciones.

“Argentina y Uruguay están un paso atrás en la implementación de este rol desde los clubes, sobre todo en los equipos tradicionalmente populares, en los que recién se dieron los primeros pasos con algunos equipos de scouts”, explicó Nicolás Saúl, integrante del equipo de scouts de Atenas de San Carlos Sociedad Anónima Deportiva (SAD), y agregó: “El fútbol es complejo, más aún con los negocios, y a veces no se acierta en las contrataciones; nuestro ojo clínico está para ayudar en ese proceso de decisión”.

Santiago Riani, que comenzó su carrera como scout y actualmente es el director deportivo de Racing SAD, detalló que en el proceso de scouting lo primero es detectar el talento de un jugador, luego diferenciar qué perfil tiene y por último ver si encaja en el perfil que el club busca. “Todo esto dentro y fuera de la cancha, claro”, apuntó y reconoció que “cada uno tiene su forma de scoutear y, según el club o empresa donde trabaje, se ajusta a sus lineamientos, que además están enmarcados en las características de cada liga”.

Entrenar el ojo

Saúl afirmó que mirar varias horas de fútbol al día es parte del oficio y que el rol de scout implica formación; además, “necesitás observar los partidos desde el campo de juego, ya que es muy difícil ver ciertos movimientos sin pelota desde la televisión”, recalcó. Una vez que suena el pitido inicial se analiza todo tipo de filtros: cuando el jugador juega con ventaja en el marcador, cuando tiene inferioridad de compañeros, al jugar con amarilla, si su rendimiento varía en los últimos 15 minutos de partido. “Es importante ver cómo se adaptan a distintos contextos para saber si es favorable o desfavorable para una contratación a futuro”, resumió.

Contrario a lo que popularmente se cree, en esta última década el mercado ha cambiado y “ya no es una competencia por quién llega antes al jugador. Hoy con el big data la información termina siendo accesible para todos”, sostuvo Brunati, y fundamentó que la diferencia está en el proceso que atraviesa esa información, lo que necesita cada equipo, la puja económica y el peso que tenga la figura del entrenador.

El rol que se le asemeja al scout es el analista de datos, pero este “se concentra en los rivales, en hacer un videoanálisis para ver por dónde se puede vulnerar al otro equipo, facilitarle el trabajo al técnico y abrirle puertas”, desarrolló Santiago Schirone, exfutbolista y scout en la empresa de representaciones Global Business Group, liderada por Pablo Boselli. Comparado con la captación, es cuestión de inteligencia y experiencia, ya que “hay que conocer a los jugadores y sus dificultades: si sabés que el rival que juega por la izquierda en la defensa, tiene una falencia al recibir la pelota o poca velocidad, recomendás alinear un extremo derecho que sea rápido”, expuso.

Más allá de las estadísticas

A la hora de contratar a un jugador se toman en cuenta distintos factores que combinan aspectos deportivos, estadísticos y mentales. “La parte psicológica es muy importante. Cuando seguimos a un jugador lo primero que vemos es la mentalidad y si ha tenido problemas fuera del campo, su relación con el técnico, si se ofusca con decisiones que toma el árbitro”, reconoció Saúl. El scout del equipo carolino comentó que traer a un jugador técnicamente bueno pero problemático ‒dentro del vestuario o fuera del campo‒ es un problema para el club.

Este es uno de los límites que aún tienen las bases de datos internacionales, que son estrictamente deportivas, entonces, “si se necesita información al respecto, confiamos en fuentes cercanas al jugador o al club donde esté jugando”, explicó Saúl. Un caso llamativo que se explica por esta razón es el de Ronald Araújo, zaguero uruguayo que dio un salto sin escalas a Europa. “Si fuera por estadísticas no le salía un pase de Boston River a Barcelona, pero los scouts vieron que tenía buena complexión física y un potencial deportivo combinado con fortalezas a nivel de mentalidad que lo destacaron como objetivo para el club catalán”, expuso.

Santiago Schirone.

Santiago Schirone.

Foto: Ernesto Ryan

En las empresas de representación de futbolistas el método es bastante similar, puesto que completan informes, generalmente en planillas de Excel, con todos los datos y una serie de detalles deportivos personalizados. Sobre esto, Schirone manifestó: “Cuando los scouts del exterior vienen, nosotros estamos para intermediar y complementamos los informes y lo que ven en la cancha con los datos de personalidad, porque conocemos a los chicos de su día a día”.

Esos colegas extranjeros dejan consejos sobre aquellos aspectos en que los jugadores deben mejorar, como el uso periférico de la vista, no perder la referencia de su marca o la toma de decisiones durante el juego. Luego vuelven el siguiente año o a los dos años y evalúan su progreso. “Cuando llega el momento en que el pibe rompe los ojos, se lo llevan, aunque no haya debutado en primera, gracias a que nosotros lo conocemos desde mucho más chico y podemos aportar otros insumos que exceden a lo que se ve en la cancha”, valoró el scout de la empresa GBG.

Del paladar del técnico

Riani tiene vasta y variada experiencia en el rubro: trabajó para Norwich City, de la Premier League, y para el River Plate argentino dirigido por Marcelo Gallardo, el precursor del scouting en Sudamérica. “En River trabajé junto a un gran equipo de trabajo en el proyecto infanto-juvenil. Ahí bajaban ciertos parámetros generales, como que todas las categorías jugaban con enganche, un cinco bien marcado y jugadores técnicos, elegantes; es un tipo de futbolista que va a ir apareciendo cuando las camadas de juveniles lleguen al primer equipo”, vaticinó el flamante director deportivo de Racing SAD.

Su pasaje fue en pleno auge del proceso Gallardo y significó una gran escuela de formación sobre los procesos juveniles. “River tiene alrededor de 40 captadores dispersos por Argentina en distintas regiones, yo me encargaba de Uruguay y de algunas partes de Chile y Paraguay. Ahí reportaba al director deportivo, le enviaba informes y ellos los veían con el equipo de captación”, relató Riani, y aclaró: “El que termina definiendo todo es Gallardo, qué jugador lleva y cuál no. El éxito de este River competitivo es que los scouts tienen muy claros los parámetros que busca el técnico”.

“Desde que Gallardo tiene scouts en toda Sudamérica, sumado a que es muy buen ojeador, no gastan un mango en transferencias comparado con Boca y obtienen excelentes resultados. El caso más claro de que el scouting afecta positivamente al deporte es River”, coincidió Schirone, y aseguró que su secreto está en “contactar a algunos jugadores que vio potenciados en un equipo rival, a nivel nacional o internacional, y traerlos sabiendo que rinden”.

El técnico es quien va a parar el equipo en la cancha y el scout es el que sigue a los potenciales integrantes de ese equipo. “Con Diego Forlán trabajamos así, él da su punto de vista y nosotros le mostramos nuestro análisis, juntos formamos el perfil del equipo”, sostuvo Saúl, que valora la experiencia de trabajar con otro exjugador de la selección, ya que antes lo hizo bajo el mando de Sebastián Eguren.

Los parámetros a buscar en un jugador pueden ser generales a una liga o incluso a una región, por las características de juego, aunque luego prevalezcan las preferencias del director técnico. “Norwich está integrado en una liga que exige del jugador que tenga pace (ritmo) y puede haber buenos jugadores que no destaquen ahí por no tenerlo. El equipo tenía un estilo más sudamericano y jugaba al toque, pero sin ritmo no juega ninguno ahí”, recordó Riani, y agregó: “De Uruguay, hoy podrían jugar uno o dos jugadores ahí, uno de ellos puede ser [Matías] Arezzo”.

A nivel general, según Schirone, se puede trabajar con un jugador para potenciar condiciones de base, como en Europa, donde actualmente “se busca ese número nueve o extremo que es alto y rápido; es un conjunto difícil de encontrar, como [Erling] Haaland. Pasa con Darwin Núñez: acá no desplegó su potencial, pero lo pulieron en Europa según las necesidades de su equipo y la está rompiendo”.

Una alternativa a este sistema es la de los grupos de clubes bajo un mismo financiamiento, que generalmente cuentan con scouts específicos del club y otros que conforman un grupo central que trabaja para el grupo en general. “En un partido un scout puede estar siguiendo a un lateral izquierdo para un equipo y a un delantero para otro, ambos del Grupo City”, contó Brunati.