En el partido de ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana, Nacional derrotó 2-0 a Unión de Santa Fe con goles convertidos en el primer tiempo por Franco Fagúndez y Leandro Lozano. Con la ventaja de esos dos goles –dos verdaderos golazos–, Nacional viajará a Santa Fe para definir la llave el martes.

Cuando hace décadas el periodista argentino Dante Panzeri escribió su libro Fútbol, dinámica de lo impensado, el excelso crítico no estaba haciendo referencia a lo impensado que puede rodear un partido de fútbol, sino al juego en sí, a la planificación y a su ejecución por los grandes protagonistas: los jugadores. “El fútbol bien jugado tiene tácticas: ¡muchas! En lo posible una para cada jugada. No una sola para cada partido. Pero todas en el momento, imprevistas. Porque el fútbol es lucha de imprevistos”.

Dentro de la dinámica de lo impensado planteada por Panzeri, no está lo que sucede antes del partido y fuera de la cancha, pero hay rebotes colaterales que aportan. Por ejemplo, que uno de los equipos, en este caso Nacional, supiera un día antes del trascendental encuentro que perdería a un tercio de su oncena titular por covid-19, además de a su golero suplente. ¿Cómo jugar un partido tan determinante con un equipo que no estaba previsto?

Estaba difícil, pero lo pudieron hacer bien, o tal vez muy bien, y ganaron la primera mitad de la llave 2-0.

Golpe franco

En el segundo gran ataque de Nacional, cuando sólo iban tres minutos de juego y el Parque Central tomaba temperatura a pesar del enorme frío de la noche montevideana, llegó el gol de los tricolores. La pelota la robó en media cancha, en un gran anticipo, el brasileño Leonardo Coelho, que la jugó por la franja derecha para Leandro Lozano, que trepó y cedió corto para Alfonso Trezza, quien estiró para Franco Fagúndez, quien casi de media vuelta, de afuera del área, la colocó inalcanzable al caño izquierdo de Santiago Mele.

Imanol Machuca, de Unión, y Alex Castro, de Nacional, este martes, en el Gran Parque Central.

Imanol Machuca, de Unión, y Alex Castro, de Nacional, este martes, en el Gran Parque Central.

Foto: Ernesto Ryan

Por encima del enorme valor de ese gol que hacía la diferencia inicial, la jugada tuvo un valor extra, porque en la definición del delantero tricolor se advirtió una genialidad en su repentización: lo que pasó fue lo que él quiso, al tirarla ahí, al poner la pelota inalcanzable y en el trampero. Era una acción necesaria para empezar a ver el partido de otra manera, fundamentalmente por los daños directos y colaterales de los casos de covid-19.

Rápidamente Unión empezó a manejar la pelota con acierto y antes de los diez minutos llegó dos veces con peligro sobre el arco de Sergio Rochet, que tuvo dos magníficas atajadas.

Nacional atacaba poco, ¡pero cómo atacaba cuando lo hacía! Eran golpes contundentes cada vez que el tricolor se aproximaba al área de Mele. En uno de esos ataques, a los 19 minutos –otra buena progresión combinando por derecha con Lozano, Trezza y Fagúndez– la pelota in extremis fue al córner, y en el tiro de esquina Nacional cargó con todos sus grandotes, hubo un despeje fuera del área y Lozano, poniendo la parte externa de su pie derecho, metió un bombazo inolvidable, como si fuese un lateral brasileño, y la pelota se clavó en el ángulo derecho. Iban 20 minutos y Nacional ganaba 2-0.

Defender desde el ataque

A partir de allí el equipo tricolor se mostró activo, solidario y maduro, para compensar el enorme empuje que ponía el equipo argentino. La primera línea defensiva del equipo de Pablo Repetto eran los delanteros tricolores que iban y venían a todos lados, con especial desdoble del colombiano Alex Castro, que en su esfuerzo ganó créditos perdidos en la tribuna.

Unión atacó de buena manera, Rochet y su defensa tuvieron mucho trabajo, por eso fue un buen premio llegar a los vestuarios con esos dos goles en el banco.

Al principio del segundo tiempo, Nacional modificó un poco su postura al establecer la marca sobre la pelota en su propio campo, al contrario que en la primera parte, cuando iba sobre el esférico ni bien Unión la ponía en juego. Eso motivó una sensación de mayor incomodidad en el partido por el buen manejo del equipo santafesino, que procuraba con buen fútbol iniciar el camino del empate.

Festejos de Nacional, este martes, en el GranParque Central

Festejos de Nacional, este martes, en el GranParque Central

Foto: Ernesto Ryan

El tricolor siguió batallando cada pelota. Entró Joaquín Trasante por el Torito Diego Rodríguez, que fue amonestado, y fundamentalmente dieron aire y mejor capacidad de ataque Leandro Otormín y el Colo Juan Ignacio Ramírez, que tuvo dos oportunidades de gol magníficamente tapadas por Mele.

Fue esforzadísimo el partido de Nacional, sin mucha magia pero con muchísimo sudor y ganas, además de la madurez de algunos experientes llamados al campo que no fallaron, como Torito Rodríguez y Mario Risso.

Tal vez algunos pensarán que Nacional lo podría haber ganado 3- 0 y que llegaría con mayor comodidad a la revancha, pero también es cierto que Unión podría haber marcado y no lo hizo, estirando la suma de partidos sin goles recibidos por parte de Rochet.

Fue un gran triunfo de Nacional, enmarcado en la exigente situación de lo que se está jugando, en las dificultades imprevistas por la ausencia de jugadores, y en la valía del rival que nunca se rindió.

Seguramente será inolvidable, por los golazos, por las ganas y por la gente, si la semana que viene en Santa Fe los tricolores logran avanzar a los cuartos de final de la Sudamericana.