Sandra Rodríguez se define como una mujer tenaz. Para explicarlo, no se guarda hablar de la propia vida y de lo que significa esa tenacidad que la ha llevado a abrirse camino en el mundo del periodismo deportivo. Se hizo de Defensor Sporting mirando los entrenamientos desde el quinto piso de la Facultad de Ingeniería, una orientación que quedó en un sueño una vez que su padre se enfermó y hubo que salir a laburar. Con Mario Uberti y con Diego Lamas empezó por hablar de automovilismo y de otros tantos “mal llamados deportes menores”. Luego de atravesar una prueba con Juan Carlos Scelza fue que ingresó al mundillo de Estadio Uno. Al tiempo, por simpatía hacia los mismos colores que Daniel Acevedo, ingresó a Punto Penal, en el que se mantuvo 20 largos años hasta este agosto, cuando decidió desvincularse. Paralelamente se insertó además en La hora de los deportes. Ha visto pasar generaciones, de periodistas y de deportistas. Hay cosas que han cambiado, y otras que se mantienen dentro de ciertas estructuras oscuras, como el fútbol infantil y esa búsqueda constante de la salvación. Comentar la Copa América Femenina la renovó, fue algo que nunca había hecho y que la acercó a gente más joven con otra mirada sobre las cosas, que se amalgamó perfectamente con su experiencia como periodista. Además, es la gerenta general de una empresa de seguridad y vigilancia, y una madre que inculca a sus hijos no claudicar. Es que así ha aprendido a hacerse paso en el mundo que habita, luego de haber entrado por encontrar la luz prendida.

¿Cómo llegaste al periodismo deportivo?

Es el deporte el que me lleva al periodismo. Siempre me gustó el deporte, pero no veía el periodismo como una vocación o como una inversión de tiempo. Jugaba al hándbol y al vóleibol, pero quería jugar al fútbol. De hecho, jugaba en Los Titanes, en La Tuna, pero mi madre me dijo que no; eran otros tiempos. Las nenas no. Las nenas juegan al voley, al hándbol, al hockey, pero al fútbol no. Después, de grande, me saqué las ganas. Armamos un equipo con Jorge Seré, que se llamó Las Brujas, y de esa manera Jorge se insertó en lo que es el fútbol femenino. Así empezó, fue de los pioneros en formar fútbol femenino en un colegio, la Scuola Italiana. Mediante el deporte conocí a Mario Uberti y Diego Lamas, y comencé con la Fórmula 1, con los autos en El Pinar, con la carrera de Gonchi Rodríguez, con los gimnastas rusos, con el Rally del Lago, con los Globetrotters. Hasta que llegué a un casting de Estadio Uno, y Juan Carlos Scelza es el responsable de la creación del monstruo. Era el castinero. Ahí empecé en Estadio Uno. Vi luz y entré.

Empezaba una carrera que hoy te tiene como referencia en el medio.

Vino Super Sport con Eduardo Rivas en 1994, debutamos el día de la muerte de Ayrton Sena. Ahí estaba en producción. En esos años se vendieron los derechos del fútbol. En 1998 se fue casi toda la gente al Mundial y arranqué a conducir. En el 2003 llegó la oportunidad de Punto Penal, pasaron 20 temporadas. Me hice de Defensor porque veíamos las prácticas desde el quinto piso de la Facultad, y entré a Punto Penal porque a Daniel Acevedo, que es el dueño de Punto Penal, le gustó que yo fuera de Defensor. Gracias a Defensor entré, y gracias a mí me mantuve durante 20 temporadas. Paralelamente, surgió conducir también La hora de los deportes, un día que ni Alberto Sonsol ni Sergio Gorzy podían estar, porque era el Yom Kippur, una fiesta de las más importantes de la colectividad judía en la cual no se puede trabajar. No tenían conductor y me llamaron a mí. Pasé a ser la suplente. Cuando sobrevino la enfermedad y el fallecimiento de Alberto, me quedé en La hora hasta hoy. Por otro lado, yo quería ser ingeniera, ingresé a la facultad incluso, e hice tres años y medio hasta que mi padre se enfermó y tuve que salir a trabajar. Trabajar me trajo a esta empresa [G4S, seguridad y vigilancia] hace 18 años. Empecé como ejecutiva de cuentas, después estudié en Costa Rica, en Nicaragua y en Estados Unidos, y pasé a gerente general de la empresa en Uruguay. Esa es mi parte comercial que voy combinando con la parte deportiva. La ingeniería quedó en un sueño, pero por algo pasan las cosas.

Foto del artículo 'Sandra Rodríguez: “A Tabárez le hubiera dejado el último baile”'

Foto: Mara Quintero

¿En qué momento desembarcaste en el comentario de fútbol?

Estando vinculada a los mal llamados “deportes menores” en este país, y vinculada con el fútbol, es que me llega la llamada de la gente de Dexary para comentar la Copa América femenina. Siempre fui “aguante el fútbol femenino”, toda la vida. Les preguntás a los hombres y te dicen que el fútbol femenino es otro deporte. Y es fútbol; si no, deberíamos llamar al fútbol de hombres, fútbol masculino, porque cuando decís fútbol ya se sabe que estás hablando de hombres. Lo que siempre digo es que las mujeres deben jugar al fútbol como mujeres, no emular a los hombres. Cuando vi que Fiorella Rodríguez [periodista de la diaria] iba a ser mi partner, entendí que la asociación iba a ser excelente. Es mucho más joven, más contemporánea –el relator es otra historia, aunque me parece un relator excelente–, entonces es la combinación perfecta entre experiencia y juventud: ella está empapada desde la cancha para acá, y yo estoy desde otra historia, o desde la historia misma de lo que fue el fútbol femenino en nuestro país, lo que fue la selección y a dónde estamos llegando.

¿Qué tiene que decir el comentario de un partido de fútbol?

Si el partido es muy chato hay que llenarlo con algo y no podés decir más de lo mismo. Entonces le buscamos el derredor de las cosas, en este caso las comidas típicas, la situación de la ciudad, datos del estadio, para poner a la gente en contexto. Pero con los partidos de Uruguay no se me ocurrió, se habló de fútbol: había una diferencia muy grande con las selecciones con que le tocó jugar a Uruguay. Se vio, cuando le tocó una selección que más o menos está en el mismo ranking, que Uruguay ha avanzado varios escalones ¿Cuándo Uruguay le puso las pilas al fútbol femenino? Ahora, cuando les permitieron entrar al Complejo Celeste, cuando la FIFA dijo que había que hacerlo. La historia empieza por algo.

“Hay niños que no se divierten jugando al fútbol, la otra vez escuché a una madre gritarle al hijo “meté las patas, ¿o querés estudiar toda tu vida?”.

¿Te gusta el fútbol uruguayo?

Lo que tenemos es lo que podemos tener. Hemos evolucionado y aspiramos a más. Nos limita ser tres millones de habitantes; en Argentina cualquier estadio está lleno de gente porque son 40 millones. A donde vayas hay gente. Nosotros somos pocos. Se juega mejor que antes, también han evolucionado los directores técnicos, porque evolucionaron los jugadores, y esos técnicos son exjugadores que jugaron en otras ligas o que pasaron por Europa y vieron otras cosas. Por algo se venden jugadores como se venden. Antes los vendía una persona sola y emigraban más grandes. Ahora se van con 16, 17, y está ese otro capítulo, el fútbol infantil y esa aspiración de salvar a la familia; eso no ha cambiado con el tiempo. Hay niños que no se divierten jugando al fútbol. La otra vez escuché a una madre gritarle al hijo “meté las patas, ¿o querés estudiar toda tu vida?”.

¿Cómo ves a Uruguay de cara al Mundial de Qatar y en este contexto de fin de la era Tabárez y el comienzo de Diego Alonso?

Lo veo bien, lo veo renovado, pero a Tabárez le hubiera dejado el último baile. Para varios era el último baile, y creo que hubiésemos clasificado de la misma manera. Sin embargo, Alonso era de las opciones que más me gustaban, por la trayectoria y porque siempre quiso ser entrenador. Fue jugador de fútbol pero tenía decidido dirigir. Y vos podés ser muy bueno en algo, pero el tema es cómo transmitir ese conocimiento. Podés ser un excelente matemático y no tener la docencia como para enseñar esa matemática. Esto es lo mismo. Cómo transmitirle al jugador –que ya tiene sus mañas, que tiene su equipo y que es famoso– tu idea y que la lleve adelante. Eso no es para cualquiera, y eso Diego Alonso lo ha logrado. Es una selección que ilusiona. Escuché a Alonso decir que estamos a siete partidos de ganar la Copa del Mundo. Alonso está ilusionado, y Uruguay debería pasar la serie, por las individualidades que tiene. Pero hay que ver cómo funcionan en equipo. Nunca es fracaso si se deja todo lo que se tiene, pero debería pasar la serie.

¿Qué te genera el contexto de Qatar y las restricciones hacia el género?

Es el país al que vamos y hay que respetar al anfitrión, tratar de seguir las reglas de la casa. Ellos viven así. Yo estoy a años luz de estar de acuerdo con lo que pasa con el género y la mujer en los países árabes. Es su cultura, no la vamos a cambiar nosotros. Lo tendrían que haber pensado antes y no hacer el Mundial en Qatar con la cultura árabe. Eso se sabía de antes, los árabes no lo dijeron ahora.

¿Qué fue lo que te permitió abrirte camino en un mundo como el del periodismo deportivo?

Soy muy tenaz. Te voy a dar un ejemplo de mi vida: a mí, ser madre me costó 11 años. Fui madre a los 44, no descansé hasta lograr el objetivo. Me había acostumbrado a intentar y fallar, y para la última me preparé con todo, cumplí todas las promesas habidas y por haber, a todos los santos les prendí una vela y lo logré. Llegué a la alta complejidad, me hice tres fecundaciones in vitro. Por eso, cuando yo quiero algo me lo pongo en la mira y lo consigo. A veces te frustrás, pero yo siempre tengo un plan B para todo. Hay que tener un plan B en la vida. Y a mis hijos les enseño a no frustrarse, porque cuando algo no les sale enseguida quieren dejarlo. Siempre nos movemos entre el peor escenario y el mejor. Eso es lo que me lleva. Aunque ya estoy bastante cansada: en cualquier momento me retiro a los cuarteles de invierno. Pero comentar fútbol me renovó, era algo que no había hecho y que me pareció divertido, con compañeras nuevas, más jóvenes, con otra cabeza.

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