Me pareció que lo más pertinente no era brindar la información ni glosar la carta, sino transcribirla tal cual fue escrita, a vuelapluma y con el dolor y la memoria a flor de piel. Compartirla con los lectores es apenas un humilde homenaje a Benigno Cruz y a todos los nicaragüenses de bien. Esta es la carta de Mazzeo:
Hola, tocayo: te escribo para contarte que el 9 de setiembre murió José Benigno Cruz de un ataque cardíaco, allá en Masaya, en Nicaragua. Su historia está muy ligada a la historia de la Revolución sandinista y a la historia de los uruguayos que fueron a combatir a la dictadura somocista. Él, con 23 años, era el jefe de la escuadra donde enviaron los nicas a Héctor Meme Altesor (“Pedro el uruguayo”, para ellos) en cuanto llegó a la zona de combate. Les habían dado como misión impedir que los soldados de la guardia somocista avanzaran por el costado norte del río Ostayo en dirección a la carretera panamericana. Allí estaban Benigno y el Meme tendidos uno al lado del otro tiroteándose con los soldados de Somoza, cuando una bala alcanzó mortalmente al uruguayo. El combate continuó hasta que pudieron hacer retroceder al enemigo y enviar el cuerpo del Meme hacia el puesto fronterizo de Peñas Blancas, donde le dieron sepultura a la sombra de un framboyán.
La historia de Benigno venía de luchas anteriores, de muchos combates, heridas de bala, recuperaciones y vuelta a pelear. Había luchado en la primera ofensiva sandinista en el Frente Sur, en 27 combates que se dieron en 11 días en las colinas de Miraflores, en la zona del Naranjo y la colina 155 del lado del océano Pacífico, cerca de San Juan del Sur.
Como buen nicaragüense, era poeta, soñador y bastante tozudo. En la segunda y última ofensiva del Frente Sur, cuando los sandinistas irrumpieron por Peñas Blancas y tomaron Sapoá, Benigno fue herido de bala mientras atravesaba junto con otros 80 combatientes el Ostayo en dirección a Managua. Perdió el conocimiento en el río, pero salvó la vida de milagro, se recuperó y volvió a la lucha. Como te imaginarás, ninguna de esas cosas me las contó él. Las investigué por mi cuenta, porque Benigno nunca dijo nada de sí mismo.
Lo conocí recién en el año 2023. Era callado, observador, discreto y algo desconfiado. Lo percibí triste y solo, pero con una gran dignidad. Cuando le propusimos dar su testimonio sobre Héctor Altesor, respondió entusiasta, con afecto, con cariño. Recordaba al Meme, lo que habían compartido y las circunstancias de su muerte. Junto con otro amigo y excombatiente, José Dolores Rodríguez, encargaron una placa recordatoria que se colocó en el lugar donde murió Pedro, el uruguayo.
Me contaron que, después del triunfo, en una época fue jefe de la policía de tránsito en Masaya. No lo pude confirmar, pero seguramente se había desvinculado hacía mucho tiempo de la función pública. Benigno había estudiado abogacía. Era un abogado muy pobre, defensor de otros pobres, y siempre asistía a las audiencias de irrenunciable traje y corbata.
En marzo de este año casi se muere a raíz de una insuficiencia renal. En la salud pública no podían hacerle el tratamiento de hemodiálisis, pero gracias a la solidaridad pudo acceder a otra cobertura médica que le permitió sobrevivir unos meses más. Murió acompañado de su esposa y sus hijos, dos mujeres y un varón, y de un yerno, quien con mucho respeto y cariño siempre le decía don Benigno. Fue enterrado en el cementerio de La Ceibita, al norte de Masaya.
Eso es lo que te quería contar. Te envío también una foto que, según creo, habla por sí sola de la pobreza y dignidad de un hombre que supo representar el valor y el sufrimiento del pueblo nicaragüense. Con esa sencilla corona de flores estuvimos presentes, incluyéndote, junto con la familia. El piso de tierra de la casa de Benigno, donde se realizó el velatorio, dice todo, todo. Un abrazo.
Fernando Butazzoni, periodista y escritor.
