Rachilde. Forastera; Montevideo, 2025. 180 páginas, 990 pesos.
Al leer el prólogo de Ariel Dilon, que también es el traductor, podría tenerse la falsa impresión de que se está a las puertas de un libro desempolvado de los anaqueles del decadentismo y puesto a circular nuevamente para pesar de sus incautos lectores. Hay una autora con una etiqueta sospechosa (“Señorita Baudelaire”), con “decenas de libros” a sus espaldas y una pátina de olvido por sobre sus más de 90 años de vida. Para colmo, se echa mano a vinculaciones autorales de prestigio para presentar su espesor literario. Sin embargo, apenas se avanza en esas palabras preliminares se encuentran algunos rasgos biográficos que conectan con la historia que narrará la novela y que abren una mínima carta de expectativa.
Todo eso se desvanece apenas se entra en materia. El libro atrapa desde las primeras líneas y ya no suelta al lector con esa mezcla de novela de aventuras, deriva dickensiana y filamentos góticos, con una construcción psicológica de sus personajes que revela una narradora experimentada y con mucho para decir de la naturaleza humana. La torre de amor –no es spoiler ya que el dato se intuye de inmediato– es un faro en medio del mar embravecido. Ahí, en ese aislamiento que parece eterno, a pesar de que se tiene la posibilidad de romperlo cada 15 días con un viaje de tres días a tierra firme, da con sus huesos un farero asistente que pronto comprende que su jefe es más oscuro que el océano. Dos psiquis a merced de la inclemencia de sus naturalezas... y mejor no contar más nada para no arruinar la experiencia de esta exquisita lectura.