¿Será el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el “gran ganador de la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán” (Le Monde, 15 de marzo)? Sin duda el presupuesto federal ruso, elaborado sobre la base de 59 dólares el barril de Urales [mezcla de petróleo de exportación rusa], se beneficia del alza de los precios, que superaron los 100 dólares el 9 de marzo. Preocupado por la suba de los hidrocarburos, Estados Unidos ha suspendido sus sanciones contra India por sus importaciones de crudo ruso, sin tener en cuenta las protestas de numerosas capitales europeas. En plena campaña electoral, el presidente húngaro, Viktor Orbán, exige a Ucrania que restablezca el suministro de petróleo ruso a su país a través del oleoducto Druzhba. De lo contrario, amenaza, Budapest bloqueará la concesión de un préstamo europeo de 90.000 millones de euros, crucial para Kiev. Para colmo de alegría en Moscú, los Estados del Golfo consumen tal cantidad de sistemas estadounidenses de defensa antiaérea que podrían estar en falta para el Ejército ucraniano.

Sin embargo, el Kremlin se abstiene de cantar victoria. De hecho, teme perder a su último aliado en Medio Oriente tras la caída de Bashar al-Assad en Siria a finales de 2024. Además, el ataque de drones, muy probablemente iraníes, sobre el territorio de Azerbaiyán a principios de marzo, le hace temer que el conflicto se extienda al Cáucaso meridional. La derrota armenia en Nagorno-Karabaj en 2023 ya le había hecho perder influencia en esta región, en beneficio de Turquía y Estados Unidos.

Moderación

Moscú ha reaccionado, por tanto, con moderación ante los bombardeos sobre Teherán. En una carta de condolencias dirigida a su homólogo iraní, el presidente Putin calificaba el asesinato del líder supremo de “cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional”, pero no señalaba ningún culpable. El 11 de marzo, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Rusia se abstuvo en la votación de una resolución que condenaba “con la mayor firmeza” a Irán. Su propio texto, que instaba a “todas las partes” a la desescalada, se topó con el veto estadounidense sin reunir una mayoría a su favor (cuatro a favor, dos en contra, nueve abstenciones).

Según el enviado especial estadounidense Steven Witkoff, Putin habría asegurado a Donald Trump que no había facilitado datos satelitales a los iraníes, lo cual es poco probable. Pero el Kremlin no ha desmentido esta información, prefiriendo adoptar en este conflicto una posición de mediador.

Si bien Rusia se benefició del envío de drones iraníes para combatir a la coalición occidental que apoyaba a Ucrania en 2022 (antes de fabricarlos ella misma), ahora ajusta la ayuda militar que proporciona a Irán en función de las líneas rojas dictadas por Washington, a riesgo de que algunos pongan en duda el interés de una asociación con Moscú, como ya sugirió el abandono de Armenia en 2020.

Según Fiódor Lukianov, director científico del Club Valdai, un think tank [usina de pensamiento] cercano al Kremlin, la regionalización del conflicto acentúa además las divergencias en el seno de los BRICS+, una organización con la que Rusia cuenta para contrarrestar a Estados Unidos.1 De hecho, Irán (miembro de este club desde 2024) bombardea Emiratos Árabes Unidos (otro miembro). Si bien la neutralidad de India, que profundizó su asociación militar con Israel en 2025, no sorprendió a nadie, “la extrema reserva de China, un importante socio económico de Irán, ha decepcionado a más de uno”, subraya Lukianov, pareciendo lamentar, entrelíneas, la prudencia de su propio gobierno.

En cualquier caso, esto irrita a la prensa sensacionalista y enciende los programas de debate político, que arremeten a diario contra el “Occidente colectivo”. “¿Por qué no transmitir información [sobre objetivos útiles para los iraníes]? Y, sobre todo, ¿por qué no declararlo de forma abierta?”, se pregunta incluso Dmitri Popov, en el periódico Moskovski Komsomolets.2 Y el editorialista recuerda que el intercambio de información estadounidense, que Washington asume en público, permitió, el 10 de marzo, que siete misiles Storm Shadow (o Scalp), fabricados por el consorcio franco-británico MBDA, destruyeran una planta de producción militar en Briansk [380 km al sur de Moscú], causando en sus alrededores siete muertos y unos 40 heridos –una primicia para un lanzamiento autorizado por Estados occidentales–. Unos días antes, un colaborador habitual del programa político 60 minutos (del canal Rossiya 1) consideraba que el ataque a Irán confirmaba la validez del ultimátum ruso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en diciembre de 2021, antes de la invasión a Ucrania. Moscú exigió entonces la retirada de las fuerzas armadas y las instalaciones militares extranjeras de los Estados que se habían convertido en miembros de la OTAN desde 1997, los más cercanos a las fronteras rusas.

El director del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, Iván Timofeev, abogaba hace tan solo unas semanas por una solución negociada con Kiev. Hoy admite que el ataque israelí-estadounidense da la razón a los intransigentes. Al eliminar al líder supremo y a parte de la delegación iraní en plena ronda de negociaciones, Estados Unidos ha dilapidado su credibilidad como mediador, así como la de las posibles garantías que podría ofrecer en caso de acuerdo.3 Por lo tanto, según el analista, el Kremlin tendría motivos para considerar que “los compromisos no funcionan”.

Hélène Richard, de la redacción de Le Monde diplomatique (París). Traducción: redacción de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.

Objetivos

¿DespuésTurquía?

En setiembre de 2002, ante un comité de la Cámara de Representantes en Washington, el hoy primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, alentó a Estados Unidos a atacar el Irak de Sadam Husein: “Si eliminan a Sadam, les garantizo que tendrá repercusiones sumamente positivas en toda la región. Y creo que la gente que vive justo al lado, en Irán, los jóvenes y muchos otros, dirán que la era de estos regímenes, de estos déspotas, ha terminado”.

Ya en el presente, el 17 de febrero, ante la Conferencia de Presidentes de las principales organizaciones judías (CoP) en Jerusalén, el ex primer ministro Naftali Bennett declaró: “Está surgiendo una nueva amenaza turca. Quiero ser muy claro. Turquía y Qatar han ganado influencia en Siria. Buscan imponer su voluntad en otros lugares, en toda la región. Y desde aquí, lanzo una advertencia: Turquía es el nuevo Irán. [El presidente turco Recep Tayyip] Erdoğan es astuto y peligroso; busca cercar a Israel. Y mientras algunos altos funcionarios israelíes estaban en el bolsillo de Qatar, este y Turquía están alimentando al creciente monstruo de los Hermanos Musulmanes, que podría llegar a ser tan peligroso como el creado por Irán. Turquía y Qatar también están ganando influencia en Gaza por la puerta de entrada, y en todas partes. [...] Turquía está intentando poner a Arabia Saudita en nuestra contra y establecer un eje sunita hostil con el nuclear Pakistán”.

Traducción: Le Monde diplomatique, edición Uruguay.


  1. Fiódor Lukianov, “Lecciones para el mañana. ¿Qué papel podría desempeñar la agresión a Irán en el futuro de los BRICS+?” (en ruso), globalaffairs.ru, 11-3-2026. 

  2. Dmitri Popov, “¿Por qué dejamos que Estados Unidos apunte misiles contra nuestras fábricas, pero ‘prometemos’ no ayudar a Irán?” (en ruso), Moskovski Komsomolets, Moscú, 11-3- 2026. 

  3. “Siete lecciones de la crisis iraní para Rusia” (en ruso), kommersant.ru, 2-3-2026.