Hay una melodía que se viene tocando –por ejemplo, en Eslovenia, de apoyo a la causa palestina– hasta que una nota se cuela en la partitura y parece tomar el control del acento principal. Es un ejercicio sincopado de algunos actores de la inteligencia privada israelí: intentan sustituir con la derecha eslovena la pérdida de capacidad de bloqueo en Europa que implicó la derrota de Viktor Orbán en las elecciones húngaras. Un comportamiento lobista que es aún más sostenido en el caso alemán y que no nació esta mañana. La interferencia y sus complicidades cuentan con un preludio: cómo la ocupación de un territorio fue acumulando justificaciones.