Este viernes la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) hará una nueva entrega de la Medalla Delmira Agustini, distinción honorífica que homenajea a quienes contribuyen de modo excepcional a la cultura y las artes. La cita será a partir de las 12.00 en el Museo de Artes Decorativas-Palacio Taranco (Circunvalación Durango entre 1º de Mayo y Solís). En esta oportunidad se reconocerá a Graciela Figueroa, Roberto Jones y Elvio Gandolfo.

Figueroa (Montevideo, 1944) es artista y terapeuta, y se ha desempeñado como bailarina, actriz, coreógrafa y directora. Trabaja en las áreas de arte, educación, salud y convivencia en varios países, y ha sido nombrada Patrimonio Cultural Vivo por el Teatro Solís, además de ser Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Montevideo de 2009 “por inspirar a varias generaciones de bailarines y bailarinas con su arte y don de gente”.

“Muchas veces he sentido, al bailar con alguien, que voy mucho más allá”, dijo en 2017 a la diaria. “Que pasan cosas, que se hace fácil; viene un fluido en el que vos ya no sos vos y, en ese sentido, creo que para mí la danza ha sido tan importante, porque me sacaba de realidades cotidianas que no me gustaban y me ponía en ese lugar en el que me voy preparando y de repente, ¡pah!, pasa ese milagro, esa revelación de estar más leve, de estar sin ego, de estar ahí”.

Roberto Jones (Montevideo, 1942) es actor de teatro y audiovisual, además de director teatral, docente de actuación y gestor cultural. Integró el elenco de la Comedia Nacional entre 1987 y 1994 y en 2010 fue designado Ciudadano Ilustre de Montevideo. “Su versatilidad como actor y director, así como también su dedicación como docente en la formación de actores, lo colocan como uno de los principales referentes de las Artes Teatrales de nuestro país”, señalaba la resolución de aquel entonces.

Jones tuvo una trayectoria destacada también en la televisión nacional, en series y ciclos de humor como Telecataplum y Plop!. “Además de haber sido un sostén económico, también fue una oportunidad de comunicar otro aspecto del arte dramático, que hice al lado de una producción fenomenal y un gran elenco”, contó a la diaria en 2010. “Fue una manifestación muy importante de la cultura popular. Yo hacía, por ejemplo, el personaje el Pensador, que salía tres veces durante el programa diciendo unas frases que siempre eran una crítica velada a la dictadura. Yo te diría que Telecataplum fue la oposición cultural popular a la dictadura, sin duda”.

También fue coordinador del Servicio de Teatros Municipales (1985-1988) y director de Actividades Teatrales del MEC (1996-2001). Este año se publicó su biografía epónima, escrita por Fernanda Muslera.

Por último, Elvio Gandolfo (San Rafael de Mendoza, 1947) es narrador, traductor y crítico cultural, que ha colaborado en diarios y revistas de ambos lados del Río de la Plata. Este año se publicó una recopilación de toda su poesía, con el título Tengo ganas de risas raquel. Obra poética, y la reedición de uno de sus relatos más conocidos, Un error de Ludueña. De este último contó hace poco a la diaria: “Lo escribí porque tenía ganas de escribir algo que no tuviera nada que ver conmigo”.

En conversación a propósito de la entrega de la medalla, algo que el propio Gandolfo consideró “muy atinado”, agregó: “Me impresionó. Yo preferiría que hubiera algo de dinero. El otro día la [Mercedes] Rosende publicó en Facebook que acá el dinero y la cultura son cosas que no tienen nada que ver nunca, y le puse un post diciéndole que en Rosario tampoco. Ya estoy acostumbrado. Obviamente, sin referirlo a nada concreto”.

La respuesta textual fue: “No unir prácticamente nunca la cultura y el dinero es una costumbre que comparten las ciudades de Rosario [Argentina] y Montevideo. Viví en las dos el tiempo suficiente para saberlo. En cambio, no ocurre lo mismo con el dinero y la política, por ejemplo”.

Con la cordialidad de siempre, contó que aceptó “de inmediato” el galardón, por una razón muy sencilla. “Soy un admirador incondicional de Delmira Agustini. Que mi nombre esté pegado a Delmira Agustini, para mí, es brutal. Saqué una vez un fascículo entero sobre ella en el Centro Editor de América Latina de Buenos Aires, que sacaba una colección muy buena de poetas. Era un ensayo largo, una selección, e ilustraciones prodigiosas. Fracasó totalmente en la venta, pero son unos fascículos que aún hoy son muy buscados porque son muy buenos en general”.

“Yo desde siempre la admiro muchísimo, y además es como una especie de símbolo del Uruguay. En ese momento Uruguay era, lejos, el país más adelantado de América Latina con el divorcio. Y ella se embaló y se divorció, y le costó la vida. ¡Tremendo! Además, tenía un nivel de lenguaje, de inventiva y de erotismo que casi no hay parangón. Muy muy buena. Yo soy admirador de unas siete u ocho poetas uruguayas que son la bomba, desde entonces hasta ahora, y ella es una de las principales”.

Hablando sobre aquellos artistas reticentes a los premios, agregó: “Eso tiene mucho de sanata. ¿Y sabés qué tiene mucho de sanata? 'Yo sufro tanto cuando escribo…’. ¡Andá a cagar! Los grandes escritores, y algunos por suerte han sido amigos míos, todos gozaban como bestias escribiendo. Casi sin excepciones. Es una sanata que les sirve a los editores y a toda la menesunda”.

Volviendo sobre la relación compleja entre arte y dinero, recordó una anécdota de cuando dirigía la editorial en Rosario. “Teníamos un kiosco en el centro, a medias con la Universidad de Santa Fe. Un día viene un viejo y dice: '¿Cuánto está este libro?'. Ponele, 200 pesos. 'Ah, ¿y este?'. 103. '¿Y estos afiches?'. No, esos se regalan. '¿Me puede dar tres?'. Ese el cuadro del mercado rosarino, y hasta cierto punto también el de Montevideo”.

Ya han recibido la Medalla Delmira Agustini figuras como China Zorrilla, Taco Larreta, Julio Bocca, Ida Vitale, Jaime Roos, Carlos Maggi, Circe Maia, Cristina Peri Rossi, Ruben Rada, María Julia Caamaño, Estela Medina o Daniel Vidart.