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Libros Reseñas
Foto principal del artículo 'Crónica de la escritura: la novela Laboratorio de omisiones, de Carolina Bello'

Crónica de la escritura: la novela Laboratorio de omisiones, de Carolina Bello

Una investigación periodística como trama ficcional.

Carolina Bello prosigue una apuesta literaria: sondear cuánto puede la ficción con la realidad. Desde Escrito en la ventanilla (2011) y Saturnino (2013), su obra germinó en la ficción echando raíces en la crónica. Bello tiene un íntimo –obstinado, casi urgente– compromiso con el realismo. En su prosa domina una austeridad minuciosa, una pulcritud selectiva que no se atraganta con acontecimientos enormes, una escritura testimonial que aspira imágenes y exhala escenas. Su poética de emoción contenida logra un equilibrio orgánico entre la trama y la escritura. Ese compromiso con el realismo resulta tanto más atendible en tiempos que publicitan imaginarios insólitos.

Ganó por unanimidad el Premio Gutenberg con Urquiza (2016). En 2020, Oktubre (2018) –una de sus obras más celebradas– recibió una mención en los Premios Nacionales de Literatura y entró al programa de Literatura Uruguaya de la Facultad de Humanidades. En 2023, Oktubre cruzó el Río de la Plata con una edición argentina. En 2020 Bello obtuvo la beca Justino Zavala Muniz y publicó Un monstruo con la voz rota (Años Luz, 2020), que reúne fragmentos de críticas de series como Mad Men, Better Call Saul y Cobra Kai. El resto del mundo rima (Literatura Random House, 2021) entró en 2022 al Mapa de las Lenguas de Penguin Random House, proyecto de circulación internacional de narrativa en español, llegó a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y este año apareció en Italia como Il resto del mondo rima.

En Laboratorio de omisiones (2026), su nueva novela, se aleja de los escenarios reconociblemente rioplatenses adentrándose en una geografía de contornos más amplios.

Helena Ducrot es una editora experimentada pero agotada. Perdió el entusiasmo que alguna vez encontró en el periodismo. Recibe los avances de investigación de Roxana Drill, una joven corresponsal inmersa en una red de tráfico de animales exóticos. La historia se interna en el mundo de la adopción de animales. Muchas solicitudes vienen de parejas deseosas de un proyecto de familia alternativo, como Javiera y Boris, que buscan adoptar un koala australiano. Helena se muestra suspicaz al poder de un capricho para salvar el vínculo de parejas solitarias, mientras Roxana desciende a la “boca del mundo regurgitando instinto” del búnker de Rosendo Smirnova. Es posible que la investigación periodística inyecte una cuota de adrenalina que las digresiones intimistas atenúan, mientras algunos sentimientos quedan más enunciados que vividos por los personajes. Ese desajuste, sin embargo, también advierte otros fines de la novela.

La aplastante moda ecoficcional ofrece una lectura fácil centrada en el maltrato y los derechos animales. Pero, como advierte Betina González, las convenciones de una literatura pueden servir para contrabandear otra. Tras las jaulas pobladas de bramidos y aullidos prehistóricos, hallamos una novela sobre la escritura, que se escribe alrededor de sucesivas entregas de una crónica en marcha. De las crónicas de José Martí a Operación Masacre, la literatura latinoamericana encontró materia narrativa en el trabajo de investigar y dar cuenta de los hechos. En Laboratorio de omisiones deviene trama de la novela.

Leemos los avances de Roxana, las inquisiciones y sugerencias de Helena, las réplicas de la autora: “Si facilitamos la forma de los textos, si los allanamos, solo con ese afán, ¿cuántas sinapsis estaremos mutilando?” Todos los personajes secundarios –el traficante Smirnova, Fabrizia, la esposa de Smirnova, y las parejas solicitantes– existen mediante fragmentos de la crónica y los correos que intercambian autora y editora.

Bello ya había explorado el intercambio epistolar entre dos personajes en Oktubre. Ahora la correspondencia se ensancha con nueva ambición. Los correos llevan documentos adjuntos y en el cuerpo de cada mensaje se discute lo que Roxana escribe. Texto y metatexto se trenzan en una misma narración. Ese gran archivo que es la novela gravita en torno a la crónica, los adoptantes de animales, las andanadas de Smirnova, pero se expande pronto a la intimidad de Helena, donde el paratexto en Word trasluce angustias: su hijo Bruno, su envejecimiento, el deterioro de su matrimonio. Incluso las vicisitudes de la intimidad son devoradas por la escritura. Presenciamos una obstinada voluntad de escribir. Tanto más empecinada y férrea en un periódico que hace acrobacias para mantenerse a flote ante la agonía del periodismo. Así, la novela entera interroga la existencia de la escritura.

Ricardo Piglia señaló que la literatura se emancipó de su función narrativa con el advenimiento del cine, la televisión y los medios de masas. Con los flujos interminables de imágenes propulsados por la inteligencia artificial, ¿se emancipará también de su función imaginativa? Aquí el compromiso de Bello con el realismo adquiere otro cariz. Mientras ciertos discursos ensalzan lo insólito como privilegio de la imaginación, proliferan relatos que bien podrían ser capítulos de Black Mirror o episodios de Love, Death & Robots. Cortázar confesaba que la obra de Lovecraft le provocaba un “tedio invencible”, aunque sus horrores lo estremecían en el cine. ¿Por qué escribir sobre zombis si podemos verlos en pantalla? Monstruos, catástrofes, universos alternativos: buena parte de lo extraordinario circula ya como un repertorio de situaciones reciclables. En cambio, la crónica de Roxana encuentra en las resistencias de la realidad una exigencia de escritura: “Elijo conscientemente escribir de una manera y no de otra”, buscando en “la combinación de palabras una forma menos inmediata que nos habilite una imagen, un pensamiento, y no solo un triunfo expresivo”.

La invención literaria se juega también en otra escala: en la sintaxis, cadencia, asociaciones inesperadas, en unas alteraciones íntimas de nuestra percepción. El realismo de Bello apuesta por desmontar las percepciones anticipadas mediante una poética de la contención y la minucia.

Laboratorio de omisiones, de Carolina Bello. 144 páginas. Penguin Random House, 2026.