“A mí me adoctrinó una teta de mármol”, asegura alguien en “Muerte y resurrección”, del uruguayo Ibéro Laventure (1976).
Su nuevo libro, Procrastinación bajo las arcadas luminosas de hambrientos yoes, es un emporio de desencantos y provocaciones dadaístas en nombre de sus hambrientos yoes: el paranoico, el enfermo, el payaso, el mentiroso, el repelente, el miope, y una lista mucho más larga en el despliegue de los gremlins mojados sobre el papel.
El poemario está dedicado a la memoria de Sarandy Cabrera, al que parece rendirle homenaje, con el refresh de un fastidio visceral resuelto con dardos venenosos. Otros lúcidos subversivos pululan la cacería en el prólogo de Tabaré Rivero, las citas de Santiago Tavella y Albert Camus, los ecos de Diógenes de Sinope, Allen Ginsberg y Antonin Artaud, en la imaginación del Raskólnikov de Dostoievski y en el filo irónico del menos conocido, su tocayo oriental Ibero Gutiérrez.
Como sus antepasados, los fragmentos de Laventure, liberados en una pausa de su vida adaptada a la sociedad, militan en contra de cualquier tipo de domesticación, guardan una esperanza romántica y quijotesca sin la cual sería imposible lamentarse ante el deterioro, la pérdida, la traición, el engaño y la muerte, y pretenden espantar a alguien con constantes referencias de sexualidad explícita. El retrato de esta época busca raspar con incomodidad insultante, en los detalles, personajes, instituciones y edificios más emblemáticos de Uruguay. Casi es condición, y un hallazgo del poemario, su nula ambigüedad y la cercanía violenta con la que cumple con los objetivos de este subgénero de la poesía denunciante.
“Desdentada marginalidad de la urbe” es una de las postales más recurrentes en este poemario. El que habla, se cae, chilla y pone su cara contra la suya parece deambular entre 18 de Julio y los interiores del Palacio Legislativo y otras reparticiones gubernamentales. Al no tan polimorfo lo obsesionan los malos usos de la política (“legalizaron mi protesta/ me dieron dos leyes un día y varios patrocinadores que recaudan votos y bancadas con ella”), de todos los bandos (“izquierdas almibaradas en cristiandades vetustas/ derechas acalambradas en bestialidades hirsutas”), aunque en verdad resalta una decepción frenteamplista. La crítica, cuando aborda la agenda de derechos, no andaría lejos de la de aquellos que han descubierto la nocividad de una agenda woke si no fuera porque los aromas y fragancias del asco, que son el condimento efectista de estas poesías, no logran disimular el tufo de un comité.
La teoría detrás de la poesía es la de una tragedia más personal que social en la que se juega el riesgo del borramiento de una identidad y un terruño. A estos yoes el modelo capitalista neoliberal les importa mucho menos que las instituciones orientales, incluidas su ética y su patrimonio cultural, en el entendido de que alguna vez, allá lejos, existió algo mejor y más digno con lo que compararse dentro de la ROU.
La forma de la poesía, la mayoría de las veces, es la de verso libre. Laventure aprovecha la teoría freudiana para ensimismarse en las pulsiones de los ellos y superyós de sus yoes con el vértigo que provoca la constatación de una herida sangrante (o podrida), a través de la descripción de cuerpos y espíritus rotos, mentes culposas y soñolientas, drogadas, sobreestimuladas o inertes, abandonadas en pilas sobre la vereda.
Los poemas siguen un hilo narrativo de principio a fin en el libro. En los mejores versos los ojos le ganan al resentimiento y la poesía consume los cuerpos de observador y observado. “Oprobio, piel/ que exhala y desecha la aparente recirculación de un labio tumoroso/tumultuoso/ Cuchara, hie”, describe en “Una noche en el Cordón”. En “Kriptonita para levantarte el párpado” sonreí con un guantazo humorístico (“Superman trabajó con los nazis haciendo abortos”) y rescaté esta buena síntesis: “No importa el grado de perversión/ importa la edificación que de vos hagan y a quién le sirva tu juego”.
Cabe preguntarse si el mayor mérito de este cuerpo poético es el de sostener un discurso de barricada, del último punk, de especie en extinción, justo cuando todo está a punto de explotar.
Procrastinación bajo las arcadas luminosas de hambrientos yoes, de Ibéro Laventure. 94 páginas. Yaugurú, 2024.
