La fondista Laura Paipó ganó 13 de las 15 corridas San Fernando en las que participó desde 2008 por la categoría de atletas no videntes. También ganó la San Felipe en Montevideo, la travesía Las Cañas en Fray Bentos y competencias en Argentina. Este 6 de enero, con 63 años, volverá a la San Fernando, pero bajo protesta.

De hecho, a pesar de “la enorme energía” que siente en esta competencia, cree que será la última en la que participará si la Intendencia de Maldonado (IDM) no revé la “diferencia abismal” existente entre la premiación para las categorías de atletas ciegos y en sillas de ruedas (motrices) en comparación con los convencionales.

La decisión no es caprichosa. Paipó contó a la diaria que en esta 50ª edición de la competencia los ganadores de las categorías especiales cobrarán cinco veces menos que los demás: 10.000 pesos frente a 50.000 para el primer premio. Incluso señaló que “hace al menos cuatro años que el monto es el mismo”.

“El asunto no es exclusivamente el dinero, sino la desvalorización y la falta de consideración que eso representa sobre el esfuerzo que hacemos y lo que nos cuesta trasladarnos para participar”, dice, indignada. Es que, además, al lado de un corredor ciego siempre hay otro que es su guía. “Nuestra guía es imprescindible para entrenar durante todo el año y para competir, por lo cual compartimos viáticos y también compartimos los premios”, acota.

Los atletas en sillas de ruedas no la tienen más fácil. Paipó conoce a seis corredores de Montevideo que llegan cada año a Maldonado y afirma que varios tienen dificultades para trasladarse.

La “Capital del Deporte más desigual”

El fernandino Brahian Jorge dejó de competir en la categoría “motrices” el año pasado, aunque en la San Fernando salió tercero. “Un departamento que dice ser la Capital del Deporte también es el más desigual. Cosas como estas te hacen pensar que no somos valorados de la misma forma, diría que hay cierta discriminación”, escribió en enero de 2023 en su cuenta de Facebook.

Y siguió: “Los premios de la San Fernando y la San Antonio (Piriápolis) para las sillas de ruedas y no videntes son lamentables. Es un reclamo que venimos haciendo desde hace años y no somos escuchados por las autoridades de Maldonado, como sí nos escucharon en otras partes del país y mejoraron los premios”.

Brahian, de 23 años, ya no quiere hablar del tema. Comenzó a competir a los 14 años y dejó nueve años después, desestimulado por el magro monto de la premiación y por “la falta de respuesta afirmativa” a sus reclamos ante la dirección de Deportes de la IDM en cada edición.

“Extraña, pero adecuar una silla de ruedas para competir cuesta entre 2.000 y 3.000 dólares; no cierran las cuentas si por entrar al podio te pagan 200 dólares”, explicó a la diaria una persona cercana al excompetidor.

Paipó no sólo cuestionó la falta de “reconocimiento” de Maldonado en lo económico. Entiende que tampoco hay apoyo para los competidores que se desplazan desde otros puntos del país. En contrapartida, mencionó que en la travesía de Las Cañas la Intendencia de Río Negro los ayuda con los traslados, les ofrece alojamiento y les paga “bastante más” que en Maldonado. En la San Felipe, donde corrió como locataria, le pagaron 25.000 pesos.

Una carta al intendente Antía

La fondista opina que “la palabra discriminación es muy dura”, prefiere pensar en una “falta de sensibilidad” del gobierno de Maldonado, y aspira a que, este mismo año, las autoridades y los organizadores privados revean esa diferencia. Con ese objetivo, ella y otros cinco corredores no videntes de Montevideo –con sus respectivos guías– enviaron esta semana una carta al intendente Enrique Antía.

“Nosotros preparamos esta carrera durante meses, la esperamos con ansias porque es una de las máximas fiestas de este deporte. Recorremos la misma distancia que los atletas convencionales, por lo que nos sentimos discriminados ante una diferencia tan grande en la premiación”, señalan en la misiva, a la que accedió la diaria.

En el texto remarcan que practicar el deporte contribuye a “su salud física y emocional” y que, para ellos, considerando que llevan guías, “todo cuesta el doble”. Por eso no pierden la esperanza en que, en las próximas horas, el intendente les dé una buena noticia.

Si eso no ocurre, al menos Paipó se despedirá de la San Fernando –espera que con un triunfo– para siempre. Otros seguirán, pero esta vez manifestarán públicamente su descontento en la largada, advirtió.