Este fin de semana se han producido las primeras bajas estadounidenses por la guerra de Gaza. Aunque no haya soldados de Estados Unidos en la franja, su presencia en otras partes de la región se ha visto amenazada por las tensiones que ha causado la brutal ofensiva israelí contra los gazatíes y el grupo palestino Hamas –que ha dejado ya más de 26.600 muertos, incluidos unos 11.500 niños y niñas, según las autoridades locales–.

Tres soldados estadounidenses murieron en la noche del sábado al domingo en un ataque perpetrado con un dron contra las tropas de Estados Unidos en un punto entre las fronteras de Jordania, Siria e Irak. Según el ejército estadounidense, el objetivo del ataque fue su base militar Torre 22, situada en el extremo nororiental de Jordania, en ese trifinio estratégico; pero Jordania lo desmintió y aseguró que el blanco fue la base estadounidense Al Tanf, ubicada al otro lado de la frontera, en territorio sirio, a tan sólo 20 kilómetros de distancia. Además de los fallecidos, 34 militares resultaron heridos, de los 350 que se encuentran en la base Torre 22, según detalló el Comando Central del Ejército estadounidense.

“Creemos que fue un solo dron. Todavía estamos trabajando en lo que sucedió y en cómo ese dron pudo atacar lo que básicamente era un barracón. Teniendo en cuenta la hora en la que tuvo lugar el ataque, la mayoría de las tropas estaba en la cama durmiendo”, declaró a la cadena estadounidense MSNBC el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby. El portavoz ha destacado que Estados Unidos “no quiere una guerra más amplia con Irán ni quiere una guerra más amplia en la región, pero va a hacer lo que tenga que hacer”.

Según la agencia de noticias AP, el dron “enemigo” que mató a los tres soldados fue confundido por uno del propio Ejército estadounidense y, por tanto, no fue interceptado y pudo llegar hasta la base sin ningún obstáculo.

Las tropas estadounidenses han estado presentes en ese trifinio en los últimos años debido a la ofensiva contra el grupo terrorista Estado Islámico, que en 2014 ocupó amplias áreas de Siria e Irak y dio pie a una intervención militar de Washington a la cabeza de la coalición internacional antiterrorista que opera en ambos países y en la que Jordania llegó a jugar un papel importante. Tan sólo en territorio jordano, todavía hay unos 3.000 efectivos de Estados Unidos, lo cual es cada vez más incómodo para el aliado de Washington cuya opinión pública es mayoritariamente antiisraelí –y antiestadounidense a causa de la guerra en Gaza–.

Ahora “Jordania no quiere ser visto como un escenario de conflicto bélico” en Oriente Medio, asegura a elDiario.es, Haizam Amirah-Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano, quien agrega que lo ocurrido “somete a la monarquía jordana a mucha más presión interna”, en un país en el que alrededor de un 20% de la población es palestina. “Estados Unidos parece que no está respondiendo a las necesidades de sus socios árabes en la región: Jordania le había pedido que mejorara las defensas antiaéreas en esa zona de la frontera y, después del ataque, los jordanos se han quejado de que no se había producido esa mejora”, explica el experto.

Estados Unidos responderá

El presidente estadounidense, Joe Biden, atribuyó el ataque que costó la vida a tres uniformados a las milicias chiitas respaldadas por Irán, que han estado atacando bases militares iraquíes donde aún hay presencia estadounidense, sin causar víctimas. Esos grupos armados jugaron un papel fundamental en la lucha contra Estado Islámico, especialmente en Irak, donde de forma indirecta colaboraron hasta hace pocos años con Estados Unidos, que apoyaba y asesoraba al ejército iraquí en la lucha contra los yihadistas. Biden prometió en un comunicado que el ataque no quedará sin respuesta: “Los responsables rendirán cuentas en el momento y de la manera que elijamos”.

El mandatario no señaló a un grupo concreto, pero una de las principales milicias de la agrupación proiraní Resistencia Islámica en Irak asumió la responsabilidad del ataque, asegurando que fue dirigido contra la base de Al Tanf, en Siria, y que “causó la muerte y heridas a más de 50 soldados norteamericanos”. La Resistencia Islámica de Irak también reivindicó este lunes un ataque con drones contra Israel, el primero que supuestamente efectúa en ese país, aunque Tel Aviv no lo ha confirmado.

Por su parte, Irán negó su implicación en “las operaciones de los grupos de la resistencia en la región”, en referencia a las milicias o movimientos que se oponen tanto a Israel como a Estados Unidos y forman parte del llamado “eje de la resistencia”, capitaneado por Teherán. Las acusaciones contra Irán “se realizan con objetivos políticos específicos para revertir las realidades de la región y están influenciadas por terceras partes, incluido el régimen sionista [Israel] asesino de niños”, afirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores, Naser Kananí, según la agencia Efe.

Más allá de la batalla verbal, la tensión entre Irán y Estados Unidos se mantiene elevada desde el comienzo de la guerra en Gaza, y Washington se ha enfrentado directamente con varios de los aliados del régimen chiita: los rebeldes hutíes de Yemen, a los que ha bombardeado repetidamente desde mediados de enero; y las milicias chiitas iraquíes, contra las que tomó represalias en Irak la semana pasada. Precisamente el gobierno iraquí se ha mostrado preocupado por la escalada en la región, sobre todo después de la muerte de los tres soldados estadounidenses atribuida a las milicias a las que el Ejecutivo de Bagdad permite operar a sus anchas.

Un tanque israelí, en el sur de la Franja de Gaza, mientras palestinos desplazados huyen de Jan Yunis (30.01.2024).

Un tanque israelí, en el sur de la Franja de Gaza, mientras palestinos desplazados huyen de Jan Yunis (30.01.2024).

Foto: Mahmud Hams, AFP

Tensión con Irak

“Irak confirma su disposición a trabajar en la elaboración de reglas básicas de actuación que eviten mayores repercusiones en la región e impidan que el conflicto se expanda”, dijo este lunes el portavoz gubernamental en un comunicado citado por EFE. Bagdad mantiene buenas relaciones con Washington, aunque se sitúa en la órbita de influencia de Teherán, que ha sido un importante respaldo del gobierno iraquí político y económico.

La agrupación Resistencia Islámica ha asegurado que continuará con sus “operaciones contra la presencia extranjera” hasta que sus tropas “abandonen completamente el país”, en un intento de presionar al Ejecutivo para que aplique una decisión de 2020 del Parlamento, en la que una mayoría de diputados instaba a que se expulsara a las tropas extranjeras. El debate ha vuelto a abrirse después de que Estados Unidos –bajo la cobertura de la coalición internacional de lucha contra el yihadismo– bombardeara a unas poderosas milicias iraquíes chiitas la semana pasada, en respuesta a las decenas de ataques lanzados por estas contra intereses estadounidenses en Irak y Siria.

El gobierno iraquí condenó el bombardeo y lo calificó de “agresión” y “violación” de su soberanía nacional, y poco después dio comienzo a un diálogo con Estados Unidos para poner fin a la misión de la coalición internacional, que este año cumple una década. Según Bagdad –que declaró la victoria sobre Estado Islámico a finales de 2017–, el grupo yihadista “ya no representa una amenaza para Irak” y sus fuerzas “son capaces de asumir plenamente las tareas de mantener la seguridad y estabilidad, así como de repeler las amenazas” sin ayuda de las extranjeras. Bajo el mando de esas fuerzas armadas actúan algunas de las milicias más poderosas, que han colaborado en la lucha contra los combatientes extremistas suníes de Estado Islámico, y algunas que Estados Unidos ha incluido en su lista de entidades terroristas y ha sancionado recientemente (como Kataib Hezbolá, por sus vínculos con la Guardia Revolucionaria iraní).

Para Amirah-Fernández, la tensión entre Estados Unidos y Jordania no llegará a los niveles que ha alcanzado con Irak, pero ambos casos son una muestra de que “Washington no está escuchando a sus socios en la región, y cuando no escuchas a tus socios en un momento en el que se están jugando cuestiones existenciales, entonces corres el riesgo de perder credibilidad ante tus socios y los socios pueden desconfiar de tu fiabilidad, y tener alicientes para buscar otros aliados”.

El analista afirma que “todos los pasos que está dando Estados Unidos en la región son hacia una escalada, desde el 7 de octubre”, cuando Israel lanzó su ofensiva contra Gaza, en respuesta a los ataques del grupo palestino Hamas en suelo israelí, que dejaron unos 1.200 muertos, la mayoría civiles. “El peligro es que se está jugando demasiado con fuego, en una zona llena de polvorines”, advierte.

Además, subraya que, frente a la escalada, “los distintos actores que están en la órbita de Irán están llevando a cabo acciones cada vez más asertivas y con eso aumenta el riesgo de que se acabe produciendo una guerra regional”. Y agrega: “Estados Unidos parece que no ha entendido la lección de que bombardear a estas milicias las hace más fuertes. La lógica de la ‘resistencia’ es esa: cuanto más castigo reciba de una potencia mucho más poderosa, más fuerza gana”.

Otro frente de batalla

Otra cuestión que ha elevado la tensión entre los países árabes y los occidentales que apoyan a Israel es la retirada de la financiación a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), después de que Israel acusara a 12 de sus trabajadores de participar en los atentados de Hamas del 7 de octubre. En 2018, el gobierno de Donald Trump había decidido recortar la ayuda estadounidense a la UNRWA, pero la Administración Biden revirtió la medida y Estados Unidos volvió a ser el principal donante de la agencia, que desarrolla una labor fundamental en los territorios palestinos, incluida la Franja de Gaza, y en otros lugares que acogen a refugiados palestinos (en primer lugar, Jordania, con más de dos millones de refugiados registrados oficialmente por la ONU).

El ministro de Exteriores jordano, Ayman Safadi, ha lamentado la decisión de suspender la financiación a la UNRWA y pidió a los países que reviertan esa decisión. “La UNRWA es vital para más de dos millones de palestinos que se enfrentan a la hambruna en Gaza. No debe recibir este castigo colectivo por las acusaciones contra 12 de sus trabajadores, de un total de 13.000. UNRWA ha actuado responsablemente y ha empezado una investigación”.

Washington fue el primero en interrumpir su aporte a la UNRWA, de forma inmediata tras las denuncias de Israel, y ha dicho que la financiación quedará en suspenso mientras se evalúan las acusaciones. Otros países amigos tomaron la misma medida a continuación: Canadá, Australia, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Suiza, Japón y Finlandia (todos ellos aportaron cerca del 60% del presupuesto de la UNRWA en 2022). Este lunes, se han sumado Austria, Rumania y los tres países bálticos; mientras que España ha asegurado que mantendrá la financiación, aunque “seguirá muy de cerca” la investigación interna por la supuesta implicación de esos trabajadores locales en Gaza.

Este artículo fue publicado originalmente en elDiario.es