Este lunes vencerá el plazo de 48 horas dado por el presidente estadounidense, Donald Trump, a las autoridades iraníes para que permitan la libre circulación de barcos por el estrecho de Ormuz, paso marítimo que Teherán cerró de manera parcial a los buques de países que están colaborando de una u otra manera con Estados Unidos en la guerra que comenzó hace ya cuatro semanas.
En su desafiante declaración, Trump dijo que si los iraníes no accedían a su pedido, daría la orden de “aniquilar”. El gobierno de Teherán, lejos de amedrentarse por la amenaza, manifestó que, en caso de ser atacados, “destruirían irreversiblemente” infraestructuras esenciales en toda la zona de Medio Oriente, incluyendo sistemas de desalinzación de agua, vitales para los países de la región, además de otras infraestructuras energéticas.
Estas amenazas impactan directamente sobre Trump y el ala militar que apoya esta guerra, que es sumamente impopular entre la ciudadanía estadounidense y también entre la mayor parte del sistema político, incluyendo a importantes sectores del Partido Republicano.
Además, los potenciales países agredidos en caso de ataques iraníes serán las naciones del golfo Pérsico que son aliadas de Washington, que ya viene sufriendo bombardeos, y que por esa misma razón están presionando al presidente estadounidense para que detenga la guerra.
El conflicto y la inestabilidad que se están produciendo no únicamente en la región, sino a nivel global, vienen siendo seguidos de cerca por decenas de gobiernos, y en las últimas horas se informó sobre un posible camino para el inicio de unas negociacones que, se presume, serán muy duras.
De acuerdo con lo que informó el portal estadounidense Axios, en los últimos días no hubo contacto directo entre Estados Unidos e Irán, aunque Egipto, Qatar y Reino Unido transmitieron mensajes entre ambos países, según informaron un funcionario estadounidense y dos fuentes con conocimiento del asunto. Egipto y Qatar, países que durante años jugaron un importante rol en la mediación entre el gobierno de Israel y la organización islamista palestina Hamas, comunicaron a Washington y también a Tel Aviv que Irán está interesado en negociar, pero con una serie de condiciones muy exigentes.
Las demandas iraníes incluyen un alto el fuego, garantías de que la guerra no se reanudará en el futuro y una compensación por los severos daños que los constantes bombardeos han causado en numerosas estructuras dentro de su territorio.
Para Estados Unidos cualquier acuerdo para poner fin a la guerra debería incluir la reapertura del estrecho de Ormuz, abordar la cuestión de las reservas de uranio altamente enriquecido que Irán posee, y establecer un acuerdo a largo plazo sobre su programa nuclear, sus misiles balísticos y el apoyo a grupos afines en la región.
Los puntos de partida parecen lejanos, pero si bien todavía no llegó, habrá un punto en que a todas las partes involucradas les va a convenir parar, porque la guerra está teniendo un alto precio para todos. Si bien hace días que no se difunden cifras oficiales, se estima que no menos de 3.000 civiles murieron en los ataques que destruyeron todo tipo de infraestructuras en todo el país.
De todas maneras, Irán viene demostrando tener un poderío militar muy superior al que se suponía que tenía y los persistentes bombardes sufridos siempre fueron respondidos, con Israel como blanco principal. En este sentido, las defensas israelíes lograron detener la mayoría de los ataques, pero no todos, y el sábado un bombardeo iraní alcanzó el sur del país, más específicamente las ciudades de Dimona y Arad, causando heridas a más de 150 personas.
Vale señalar que en Dimona, situada en el desierto del Néguev, se encuentra la central nuclear más importante del país, que se dice que era el objetivo del ataque iraní. Además, un ataque con bombas de racimo sobre Tel Aviv causó varios heridos, uno de ellos de gravedad. Estos hechos, sumados a otros episodios que se habían registrado en días anteriores, comenzaron a hacer bajar el triunfalismo que venía mostrando el gobierno israelí en este guerra, en la que además tiene otro frente abierto en Líbano, donde opera la milicia chiita Hezbolá.
El portavoz del ejército israelí, Effie Defrin, dijo que el país se enfrenta a varias semanas más de combate contra Irán y su aliado Hezbolá. “Se prevé que nos enfrentemos a varias semanas más de combate contra Irán y Hezbolá”, afirmó el militar en una rueda de prensa consignada por el diario local Haaretz.
Por su parte, el jefe del Ejército, Eyal Zamir, declaró que la lucha contra Hezbolá “apenas empezó” y que, después de la guerra con Irán, el grupo libanés permanecerá “aislado”. En ese sentido, las acciones israelíes en Líbano se vienen intensificando, y mientras se producen combates y ataques contra Hezbolá, el avance por tierra es cada vez más grande, lo cual está generando una difícil situación para el gobierno central de Beirut, ya que se estima que la quinta parte de la población del país fue desplazada de sus hogares.
Este domingo las fuerzas israelíes atacaron el puente Qasmiyeh, un cruce clave que une el sur de Líbano con el resto del país, en una escalada que el presidente libanés, Joseph Aoun, calificó de “preludio a una invasión terrestre”.
Según informó la cadena qatarí Al Jazeera, el ataque contra esta arteria vital y otras infraestructuras civiles se produjo después de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ordenara al ejército destruir todos los cruces sobre el río Litani y las viviendas cercanas a la frontera entre ambos países.
El presidente Aoun afirmó que los ataques contra el puente fueron “un intento de cortar la conexión geográfica entre la región del Litani, en el sur del país, y el resto del territorio libanés”. Aoun agregó que estas acciones se enmarcan en “planes sospechosos para establecer una zona de amortiguación a lo largo de la frontera con Israel, consolidar la realidad de la ocupación y buscar la expansión israelí dentro del territorio libanés”.