En Uruguay las cosas siempre llegan después. Mientras tanto, nos refugiamos en la excepcionalidad uruguaya. ¿Corrupción, acá? ¿Crimen organizado, acá? ¿Lavado de dinero, acá? No, no es como en otros lados. Un día nos despertamos y los tenemos acá.

Ahora la guerra está lejos. Podemos estúpidamente discutir si Nicolás Maduro era o no un dictador, si estuvo bien o mal secuestrarlo así. Podemos hacer especulaciones diversas sobre traiciones internas, etcétera. Pero lo que no vemos, aunque lo tengamos enfrente, es lo del título: es una intervención militar que pretende dominar y controlar todo el hemisferio. Nosotros estamos en el hemisferio.

Si hay algo que no se le puede reprochar a Donald Trump es que sea hipócrita. Dijo que iba a intervenir en Venezuela y procesar a Maduro, y lo hizo. Ahora, con el hecho consumado, extorsiona a todo el hemisferio y al mundo. Amenaza con oleadas y todo el mundo boca abajo. Veremos cuánto dura.

El bombardeo y ataque a Venezuela, y el secuestro de su mandatario, son acciones que lesionan gravemente el derecho internacional, el principio de no intervención. Pero es también un acto de fuerza que pone en alerta a todos los estados de América Latina y el Caribe. Es una invasión al continente suramericano, área de paz y libre de armas nucleares, donde nunca hubo intervención armada de Estados Unidos, aunque sí hubo bases militares y equipos diseminados con la excusa de la lucha contra el narcotráfico: base de Mantua, siete bases de libre acceso en Colombia, equipos militares en Perú y Bolivia. Además, lo que hubo fue complacencia de las élites políticas y militares, dispuestas a proteger y defender los intereses imperiales y admitir todo tipo de cooperación “desinteresada” realizada en el nombre de la seguridad continental, sea contra el comunismo y la “subversión” como enemigos, sea con el nuevo enemigo del narcotráfico y ahora del terrorismo islámico.

El objetivo central es estratégico: el hemisferio es nuestro. Son muy explícitos: van por Groenlandia, Cuba, Panamá, Colombia. Lo nuevo es que, luego de mostrar la fuerza de bombardear y secuestrar nada menos que al primer mandatario de un país, pueden ejercer poder sin necesidad de acciones militares. Amenazar, extorsionar, promocionar candidatos de ultraderecha, etcétera.

Levemente ondulados

Uruguay es un pequeño país lejos de la zona caliente del Caribe, que aparentemente no tiene ni recursos de interés económico y en el que aparentemente sería absurdo pensar en una intervención estadounidense. ¿Lo sería? ¿Lo sigue siendo?

La Amazonia siempre estuvo en el menú de Estados Unidos, a tal grado que la Escuela de Guerra de Brasil e Itamaraty advirtieron en la década de 1990 que dicho espacio estaba rodeado de una perla de bases, personal y armas de Estados Unidos: base de Mantua, equipos en Perú y Bolivia so pretexto de la lucha contra el narcotráfico y las plantaciones de hoja de coca. Brasil reaccionó con fuerza ante la iniciativa de Estados Unidos de implantar una red de radares en toda la Amazonia, con material y tecnología norteamericana. El proyecto fue desechado por exigencia de Brasil y sustituido por controles de las Fuerzas Armadas de Brasil, con tecnología Siemens de Suecia.

Estados Unidos sigue siendo la principal amenaza para todas las Américas. La elaboración de hipótesis sobre amenazas para Uruguay no es un ejercicio baladí, de escritorio. Debería configurarse como un núcleo actualizado de la defensa nacional.

El Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la Escuela de las Américas, en Panamá y Fort Benning, han realizado tareas de entrenamiento, cooperación, acciones conjuntas, supervisión y análisis estratégico de cada uno de los países, litoral atlántico, pacífico y caribeño de todo el continente, incluido el nuestro. La labor de la CIA y otras agencias, lo que fue el Plan Cóndor y el derrocamiento de presidentes progresistas son trágicos antecedentes. Pero hoy estamos en una nueva era. Algo fundamental ha cambiado. Todavía no podemos apreciarlo en su complejidad y totalidad, pero vemos y sentimos que el uso de la fuerza letal y la intervención a cara descubierta, ostentosa en su crueldad y violando todos los principios, es un fenómeno nuevo y muy peligroso.

1. Ubicación geopolítica del puerto de Montevideo y las costas uruguayas

Importa señalar que tanto Montevideo como nuestra costa sobre el Río de la Plata y el río Uruguay siempre han sido objetivos geopolíticos de Estados Unidos y de otros imperios. En estos momentos, con Argentina como aliada de Estados Unidos, puede llegar a ser muy poco posible una intervención en nuestro territorio. Pero hay que señalar que el enemigo de más interés para Trump y su estrategia es Brasil.

Las tan celebradas operaciones Unitas (en las que Uruguay no participó este año) son operaciones combinadas y de fuerzas navales de muchos países. Unitas no excluye operaciones de combate naval ni de defensa frente a amenazas marítimas o aéreas; sin embargo, dichas operaciones se enmarcan en escenarios abstractos de seguridad cooperativa y proyección de fuerza, evitando explícitamente hipótesis de defensa litoral soberana frente a un atacante estatal concreto.

En clave estratégica, Unitas entrena capacidades para interoperar, estandarizar procedimientos, legitimar presencia naval. No sustituye una doctrina nacional de defensa marítima. Para los países del Cono Sur esto genera una tensión: se entrena cómo operar, pero no para defender qué ni contra quién.

2. La importancia estratégica y geopolítica del agua

Un artículo de La República informaba, a principios de la década de 1990, que un cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos realizó trabajos de perforación de pozos y extracción de muestras de acuíferos en todo el territorio uruguayo, con el supuesto objetivo de explorar recursos hídricos y cooperar con los productores rurales. El Batallón de Ingenieros 7 del Ejército uruguayo acompañó a esta delegación extranjera, supuestamente “para aprender la técnica” de perforación. Sin embargo, según la cobertura periodística, los resultados analíticos de las muestras –que se llevaron fuera del país– no fueron puestos a disposición de las autoridades ni del Estado uruguayo, lo que despertó inquietudes sobre el manejo de esa información y los recursos naturales subyacentes. El general retirado Víctor Licandro señaló que se trataba de un objetivo estratégico, habida cuenta de la movilización de 250.000 efectivos en la primera guerra contra Irak y visto la necesidad de proveer de agua a este tipo de cruzadas.

Ingresaron sin el permiso parlamentario correspondiente. En esos momentos, parlamentarios del Partido Nacional en el gobierno argumentaron que eran tropas sin armas y de cooperación. Señaló el general Licandro, presidente de la Comisión Especial de Defensa Nacional del Frente Amplio: “No se trató de una ‘emergencia’ o ‘ayuda humanitaria’ que servía de pretexto para muchas intervenciones militares. Por otra parte, el gobierno del doctor Lacalle Herrera mostró el desconocimiento de que las tropas de ingenieros de combate combaten con sus herramientas de trabajo, apoyando a las demás tropas combatientes. Maquinarias para hacer caminos, aeropuertos, obtener agua, comunicaciones, destrucción u obstáculos a la operación del enemigo, camuflaje, etcétera”. La “cooperación militar” nunca es ingenua. Conviene leer todos los estudios de agencias que se dedican a la importancia estratégica del agua.1

Luego de mostrar la fuerza de bombardear y secuestrar nada menos que al primer mandatario de un país, pueden ejercer poder sin necesidad de acciones militares. Amenazar, extorsionar, promocionar candidatos de ultraderecha, etcétera.

3. Relevamiento de la triple frontera y Chuy como puntos de actividades de narcotráfico y presencia de terroristas

Conviene señalar que en algunos análisis de terrorismo internacional, lavado de activos y combate al narcotráfico, se puso el ojo en la triple frontera y se señalaba también la localidad uruguayo-brasileña del Chuy-Chui por la presencia de migrantes palestinos asentados desde hace décadas, pero que pasaban a ser sospechosos de vínculos con Hamas o Hezbollah.2

“Cuando en 1989 se consideró el fin de la Guerra Fría, Henry Kissinger adelantó que, desaparecido el peligro de ‘la acción del movimiento comunista internacional’, Estados Unidos debería buscar un enemigo sustitutivo que le permitiera canalizar su política internacional. Creyó ver en el narcotráfico ese enemigo de valor internacional. Narcotráfico, narcoterrorismo, narcoguerrilla dieron pie a las estrategias para desarrollar las acciones antinarcóticos y otras amenazas. Terminada la Guerra Fría se entendió que Estados Unidos repatriaría la mayoría de sus bases militares que obedecían al despliegue controlador del poder militar de la URSS. Ello no fue así, y con la Guerra del Golfo se incrementaron la carrera armamentista y las estrategias belicistas de los norteamericanos. A Uruguay le llegó la inquietud cuando se señaló la zona de la triple frontera y se agregó la frontera del Chuy de Brasil-Uruguay como centros de actuación de células de apoyo al narcoterrorismo”.3

La coalición de los vulnerables

Estamos en guerra, aunque no caigan bombas ni vuelen helicópteros. Todo el continente y las Américas lo están. El expansionismo cruel y despiadado, con intereses económicos y también de poder de control del actual gobierno de Estados Unidos, es lo determinante. Ojalá nunca tengamos ese infierno sobre nosotros.

El periodista norteamericano Tucker Carlson ha afirmado: “Todo apunta a que pronto vamos a tener una gran guerra”. Basa esa afirmación en la decisión del gobierno del presidente Donald Trump de elevar el presupuesto de defensa para el año fiscal 2027 hasta la cifra récord de 1,5 billones de dólares.

Como afirmaba el doctor Juan Gabriel Tokatlian ya en 2006, en una columna de opinión publicada en el diario La Nación de Argentina: “Es hora de conformar una ‘coalición de vulnerables’ entre todos aquellos que han sido, son y potencialmente serán víctimas directas del uso abusivo de la fuerza, de la manipulación del derecho internacional humanitario y de las turbias prácticas de la realpolitik”.4 No demoremos más. Es ahora.

Milton Romani Gerner es licenciado en Psicología. Fue embajador ante la Organización de los Estados Americanos y secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

  • Este artículo se ha confeccionado a partir de mi experiencia y enseñanzas en la Comisión Especial de Defensa Nacional del Frente Amplio entre 1992 y 2004, presidida por el general Víctor Manuel Licandro e integrada por distinguidos compañeros y compañeras: Arturo Baliñas, José Korzeniak, Pedro Montañez, José Martínez, Edison Arrarte, Selva López Chirico, Gonzalo Carámbula, Gabriel Castellá, Gustavo Scaron, Jorge Jouroff, Julián González Guyer, Gerónimo Cardozo, Brum Canet, Senatore, Posse, Villamil, Mariela Salaberry, Julio Carlos Halty.
  1. Ver por ejemplo: Army Water Planning Guide (Guía de Planificación de Agua del Ejército de Estados Unidos), que define cómo planificar, estimar y gestionar el abastecimiento de agua potable para fuerzas desplegadas. ATP 4-44 / MCRP 3-40D.14 - Water Support Operations (Army/USMC), manual doctrinal que obliga a planear y gestionar suministro, almacenamiento y distribución de agua en escenarios de crisis y combate. FMFRP 0-55 - Desert Water Supply (cuerpo de Marines), manual antiguo pero altamente técnico que explica cómo estimar la demanda de agua para una fuerza de asalto y cómo planear la logística del agua en zonas desérticas. Ground Water Supply for Military Operations, manual histórico que explica cómo encontrar agua subterránea para fines militares (reconocimiento geológico, localización de acuíferos, calidad del agua). Water Supply Handbook (US Army Corps of Engineers), un manual completo, no específicamente militar, pero orientado a la gestión y planificación de recursos hídricos para grandes proyectos de agua. Este tipo de documentos elaborados por el Institute for Water Resources del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos se utilizan muchas veces como base técnica en cooperaciones y proyectos de ingeniería internacional (incluyendo temas de perforación, gestión y uso de fuentes hídricas). Fuente: iwr.usace.army.mil

  2. Aunque no provienen directamente de Country Reports on Terrorism, diversas evaluaciones e investigaciones periodísticas y de inteligencia regional sí vinculan a la frontera del Chuy con riesgos asociados al crimen transnacional y posibles vínculos con financiamiento del terrorismo, temas también abordados indirectamente por agencias de Estados Unidos en contextos más amplios.

  3. Documento del general Víctor Manuel Licandro, “Presencia de Bush como objetivo Estratégico”, abril de 2007.