En su edición del 31 de enero, la diaria, con el título “Intendencia de Montevideo entregó contenedores intradomiciliarios a más de 8.000 hogares y prevé llegar a 230.000”, informa sobre parte del plan de residuos que el gobierno capitalino viene desarrollando durante la administración encabezada por el intendente Mario Bergara. Allí se señala, entre otras cosas, que se distribuyeron contenedores a “casi 2.400 hogares en el barrio Capurro” y que próximamente se entregarán, respectivamente, unos 3.000, 4.000 y 2.000 en La Teja, Malvín y Carrasco, llegando en el quinquenio a más de 230.000. De esa cifra, 55.000 tendrán doble contenedor (uno para residuos comunes y otro para reciclables), además de una compostera, mientras que al resto se le entregará uno y, “si quieren”, la compostera.
Luego de muchos años de ver crecer el problema de la basura en la vía pública, la propuesta para los vecinos resulta esperanzadora. Por su parte, la expectativa del nuevo gobierno departamental de obtener buenos resultados se mantiene muy elevada, a pesar de que hasta el momento, aunque es poco el tiempo transcurrido desde su asunción, tanto la encuesta que tiene contratada como la percepción ciudadana muestran que la situación general no ha cambiado.
Antes de seguir es necesario aclarar que el problema de los residuos no es solo la limpieza de la ciudad y la recolección domiciliaria, sino también la disposición final, y un importante y complejo asunto que consiste en la recuperación de objetos y materiales, en el que están implicados los clasificadores (reconvertidos y no, formalizados y no), así como un importante número de actores tanto públicos como privados.
Aunque se trata de transmitir lo contrario, la actual política en materia de residuos es básicamente la misma que la de gestiones anteriores. Además, un hecho no menor a precisar es que ella se enmarca cabalmente en el programa del Frente Amplio para Montevideo. Para no extenderme, en esta oportunidad abordaré solo aquello que tiene que ver con los contenedores intradomiciliarios y su distribución en las zonas donde eso es posible debido a que el tamaño de las viviendas lo permite, algo que comenzó hacia el final del gobierno encabezado por Carolina Cosse, en los barrios Santiago Vázquez, Abayubá y otros, pero que no pudo escalar ya que en la Junta Departamental no estuvieron los votos necesarios para la aprobación de un préstamo que el Banco Interamericano de Desarrollo le otorgaría a la Intendencia de Montevideo.
Yendo a los contenedores intradomiciliarios, lo primero a señalar es que se trata de un sistema que en Montevideo nace a mediados del siglo XIX, cuando lentamente se va abandonando tirar la basura al Río de la Plata o a sus diversos afluentes. A partir de entonces, cada hogar contaba con un tacho en el que iba tirando sus residuos, hasta el día en que pasaba el basurero y se los llevaba. La diferencia es que antes cada vecino debía proveerse de su propio recipiente, mientras que ahora la intendencia se lo regala, asumiendo un costo tanto inicial como de reposición muy alto, ya que son de corta vida útil, por ser frágiles y de plástico. A inicios del siglo XXI esto cambió –y para bien– por contenedores en la vía pública, sistema más económico y cómodo para los vecinos, pero el deterioro social y de convivencia que se da fundamentalmente a partir de la crisis de 2002, acompañado de la permisividad por parte de las autoridades en el control y sanción, llevó a que el sistema cayera en desgracia.
Me parece correcto que la actual administración haya priorizado el tema residuos y en consonancia sacrifique financieramente en cierta medida otras áreas, pero siempre y cuando se comience a gastar de otra manera.
¿Qué resultado dará esta iniciativa de los contenedores intradomiciliarios?, ¿en cuánto tiempo y cuánto resolverá del problema de los residuos? Estas preguntas las formulo a los efectos del análisis, ya que es muy difícil dar una respuesta tajante, aunque sí podemos arribar a conclusiones parciales.
La meta de la intendencia es llegar con este sistema a 230.000 hogares. Para contextualizar vale decir que, según el Censo 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE), en Montevideo se contabilizaron 582.044 viviendas y una población de 1.302.954. O sea que este sistema llegaría recién al final del quinquenio a más o menos la mitad de la población, la que seguramente no es la que mayor basura genera; el resto seguirá con el actual sistema. El número de contenedores en la vía pública se bajaría de 11.300 a poco más de 5.000. Se han entregado contenedores en 8.000 hogares en poco más de medio año, o sea que a aquellos vecinos que en algún momento del quinquenio los abarcará tendrán que tener paciencia. Será en esos pedazos de barrio donde se entreguen los intradomiciliarios donde se irán dando los resultados positivos, por la sencilla razón de que la basura pasa a estar retenida por el vecino en su casa hasta que pase el recolector; aunque queda un margen de incertidumbre sobre lo que sucederá en estos lugares, porque los contenedores son solamente para residuos “mezclados”, término poco claro, un eufemismo que sustituyó las palabras “residuos” y “basura”, las que, dicho sea de paso, para todos eran comprensibles. Pero ahora la basura tiene una composición muy distinta a la de décadas atrás; hoy se desechan muchos residuos voluminosos (colchones, heladeras, sofás, restos de muebles, etcétera) de los cuales los vecinos se desprenden rápido, dejándolos en la vereda, a menudo pensando que están haciendo algo bueno porque a alguien le puede servir.
La meta de contenedores para reciclables es de 55.000, cifra que por suerte bajó de modo abrupto lo prometido en campaña electoral. El cambio en tal sentido parece responder más a un ahorro de dinero que a una autocrítica. Distribuir contenedores para reciclables es algo muy ineficiente, de elevadísimo costo, y que a la intendencia ni siquiera le corresponde. Lo mejor sería que esa cifra baje a cero. Un contenedor para reciclables implica duplicar el gasto en recipientes y duplicar el espacio que los vecinos deben destinar al acopio de sus residuos, además de una recolección diferenciada para recolectar envases y embalajes de un solo uso, los que son de muy bajo valor o, lisa y llanamente, no tienen mercado alguno. Nada valen muchos de los plásticos y las botellas de vidrio; luego de un innecesario periplo terminan en la basura, en Felipe Cardoso. De esos contenedores, en términos de dinero, es muy poco el beneficio que obtienen los clasificadores en las plantas, y es cada vez menor. Si se hiciera un análisis costo-beneficio, se verían mucho más favorecidos si de alguna manera recibieran directamente lo que la intendencia gasta en esa recolección diferenciada.
Seguir entregando contenedores intradomiciliarios para reciclables carece de todo sentido, a no ser que sea un compromiso con el Plan Vale, un engendro traído del exterior por la Cámara de Industrias del Uruguay que solo beneficia a multinacionales contaminantes, fundamentalmente de la alimentación y la bebida, y que hace tres años tiene a todos a cuento y promesas, pero nada nuevo ha parido.
Del número total de composteras a entregar ya no se dan cifras, pasó a ser algo opcional, lo que en cierta medida es reconocer que el común de los mortales no va a compostar; solo lo hará una muy pequeña minoría de familias. Se trata de un gasto más que la intendencia no debería asumir, porque tampoco en un cajoncito de plástico se puede compostar lo que genera un hogar, por menos integrantes que tenga.
Me parece correcto que la actual administración haya priorizado el tema residuos y en consonancia sacrifique financieramente en cierta medida otras áreas, pero siempre y cuando se comience a gastar de otra manera, lo que implica no ser permeable a lobbies empresariales y, al mismo tiempo, rever a fondo todo aquello que parece estar bien tan solo en los papeles y para aquellas personas que podrán ser muchas, pero desconocen en profundidad el tema y todas sus aristas.
Jorge Solari fue edil departamental de Montevideo por El Abrazo 949, Frente Amplio.