2026 comenzó con una furia particular y aceleró el tiempo: Venezuela fue invadida por la potencia del norte de América. Fue una invasión sencilla para los intereses norteamericanos. Las hipótesis que existían vaticinaban una resistencia venezolana y de los círculos bolivarianos. Sin embargo, todo parece haber sido un acuerdo con los altos mandos tanto políticos como militares, ya que no hubo resistencia a los ataques imperiales.

La “política del garrote” fue la continuación de la “doctrina Monroe” –política exterior estadounidense–, que, con cambios, continúa vigente y tiene como uno de sus principales objetivos controlar América Latina. Un ejemplo de lo antes mencionado lo está sufriendo el pueblo cubano, que está siendo estrangulado en este momento por las condiciones inhumanas del bloqueo estadounidense sobre la isla. Este es un castigo que busca expandir el miedo en la región: el país que intente ser soberano tendrá consecuencias.

En este momento el país del norte ha desatado una política policíaca sobre varias partes del mundo. El foco lo ha puesto en Irán: los bombardeos a este país y su infraestructura anuncian tiempos complejos para todo el globo.

El gobierno de Trump se está enfrentando a un gran problema que no imaginó nunca: la resistencia del país persa. Al parecer, creyó que sería similar a lo que había hecho en Venezuela y que en unas horas tendría resuelto y podría conducir los negocios, la misma producción que tiene Irán y el estratégico estrecho de Ormuz. Van varias semanas de comenzados los bombardeos, asesinaron a las máximas autoridades iraníes y sin embargo los invasores no han podido ingresar y las fuerzas persas siguen en pie. Los ataques que recibe el país son respondidos con la misma contundencia y van dirigidos a todos los aliados declarados del policía del mundo (especialmente a Israel). Comienza a circular información que afirma que tanto en Estados Unidos como en Israel se iniciaron protestas contra esta guerra.

Las consecuencias de este conflicto y del caos que está provocando en todo el mundo llegarán a nuestro país. Uruguay no es una excepción y ya está viviendo los coletazos de esa guerra (el aumento de los combustibles es el más evidente, y con él vendrá toda la cadena de aumentos). Los gobernantes deben estar analizando este problema y tener alguna estrategia para que “los más infelices” no carguen con las peores consecuencias y que los “malla oro” no logren imponer sus intereses a los de las mayorías.

Otro aspecto para prepararse y estar atentos está relacionado con posibles ataques o intervenciones estadounidenses en nuestra región. El derecho internacional ya no existe, y en enero quedó claro que puede invadir cualquier país vecino, que vivimos en el aire y que las necesidades y la desesperación expansionista de un imperio decadente pueden detonar en cualquier momento.

Recordemos que nuestra región tiene riquezas y tierras que interesan especialmente al trumpismo y a sus socios empresarios. El interés por nuestra región fue declarado hace tiempo y anunciado por la jefa del Comando Sur con un detalle para nada menor: Estados Unidos no toleraría más el avance chino y el control de los recursos naturales de la región latinoamericana. Este es el problema central y lo que es cada día más evidente: China, sin lanzar un proyectil, avanza sobre todo el globo.

Más recientemente, pero en la misma línea, los trumpistas hicieron circular el documento Estrategia de Defensa Nacional, que considera a todo el hemisferio como parte de sus dominios y abre la posibilidad a que cualquier país pueda ser intervenido militarmente.

Nuevas/viejas justificaciones de las intervenciones

En la obra Violencias de Estado, la investigadora argentina Pilar Calveiro, radicada en México tras el golpe de Estado de 1976 en su país, planteó hace más de 15 años que la lucha contra el crimen organizado era una forma de control global que había permitido al gobierno de Estados Unidos expandirse por todas las regiones del mundo.

La última propuesta lanzada –el Escudo de las Américas– es una clara muestra de cómo las estrategias van mutando, pero no pierden su espíritu: arrogarse el derecho de ser el dueño del mundo. En esta propuesta quedan abiertas puertas por las cuales pueden ingresar en cualquier momento los marines y el lanzamiento de proyectiles, pues las zonas latinoamericanas están en peligro por las “bandas narcoterroristas”. Lo que hoy preocupa en los papeles al gobierno del norte fue parte de sus operaciones en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Los armamentos que tuvieron en principio “la contra” en esos países provinieron de los negocios que hacía la industria armamentista estadounidense para derrotar a los movimientos revolucionarios de esos países.

Hoy se podría decir que vivimos en un “estado de excepción” en toda la región. El derecho internacional ha cedido paso a este tipo de mecanismos que ha impuesto la potencia norteamericana. La región está en peligro porque en cualquier momento puede comenzar una avanzada imperial y ya no solo mediante presiones políticas o económicas. La justificación está servida y es parte de un problema real que se vive en nuestros países: las consecuencias de inseguridad que trae el narcotráfico las sufre la mayoría de la población que es pobre.

La región está en peligro porque en cualquier momento puede comenzar una avanzada imperial y ya no sólo mediante presiones políticas o económicas. La justificación está servida.

Este problema del narcotráfico es un nudo gordiano para los gobiernos que no pretenden someterse al Escudo de las Américas. En nuestro país y en toda la región hay voces que horadan lentamente la opinión pública intentando convencer de que Irán tiene lazos con el narcotráfico de la región y que los países progresistas (que hoy son casi inexistentes) son socios de esas organizaciones. Localmente ya hicieron esta afirmación varios senadores del partido que brindó un pasaporte a Sebastián Marset cuando se encontraba retenido en Dubái.

Esa lucha por la opinión pública y por convencer a la población de que identifique esos supuestos vínculos es una batalla que la brindan a diario algunos personajes de nuestro país. ¿Cómo contrarrestar los embates cotidianos de esos legisladores que hasta llegan a plantear que hay que unirse al escudo trumpista y si no se hace es porque hay afinidades con los narcos? Se ha difundido por muchos lados la frase “los financió Escobar”, y parece graciosa, pero es un peligro si esa frase se convierte en sentido común en la sociedad.

Lo que vendrá es incierto

Nos encontramos en un año bisagra para esta región sur del continente americano: Colombia y Brasil tienen elecciones y está en juego que continúen gobiernos que no se alinean con las propuestas imperiales y trabajan para mejorar la vida de las grandes mayorías, o que queden al frente proyectos de derecha que brindarán más apoyo al proyecto norteamericano y lo dejarán actuar libremente para que continúe llevándose todos los recursos naturales que pretenda. El caso de Argentina es un claro ejemplo de cómo un proyecto de ultraderecha entrega la soberanía de un país y todos sus recursos a los intereses de los empresarios norteamericanos.

El gobierno actual uruguayo está en una posición sumamente delicada y tendrá que pensar/actuar fríamente cuáles serán los pasos que dará en esta coyuntura que representa un desafío inmenso, para que las mayorías no sufran las consecuencias de este mundo en guerra.

La oposición que pide a gritos una unión al Escudo de las Américas se olvida de que, en el fondo, esta lucha trumpista es para frenar el avance de China en la región (por eso la guerra arancelaria que desató Trump contra Brasil). También se olvidan los opositores de lo que afirmó Fernando Gómez, representante de la Federación Rural en el Instituto Nacional de Carnes: “China el año pasado compró 180.000 toneladas de carne (casi el 35% de las exportaciones uruguayas)”. Si se pierde este mercado sería una catástrofe para la economía uruguaya y para los productores. ¿Cederán a las presiones que insisten con que Uruguay debe romper relaciones con China? ¿Qué sucede si nuestro país ingresa a ese escudo trumpista y China decide dejar de comprar carne?

Hay un imperio en decadencia que tiende a ir perdiendo poder, por eso la desesperación es cada día más evidente. Este imperio tiene un gran poder en sus armamentos, por eso el mundo está en peligro. La historia se aceleró y los que estaban acostumbrados a controlar el juego hoy están lanzando sus últimas cartas.

Héctor Altamirano es docente de Historia.