Este jueves, la Mesa Interinstitucional de Seguridad Acuática, conformada por varios organismos, entre ellos el Ministerio de Salud Pública, la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, la Secretaría Nacional de Deporte y la Asociación Nacional de Guardavidas, emitió un comunicado en el que informó que durante los primeros 12 días de enero se registraron cinco ahogamientos en niños y niñas menores de cinco años: cuatro no fatales y uno fatal.
Además, las instituciones que integran la mesa llamaron a dimensionar el riesgo de los ahogamientos no fatales, ya que muchos de ellos requieren internación en CTI y pueden dejar secuelas severas.
El ahogamiento “es 100% evitable” y, en ese sentido, el comunicado incluye varias recomendaciones. Entre ellas, que la supervisión de los niños en el agua sea “atenta y permanente”, a cargo de una persona adulta y capaz. Los niños deben estar al alcance del brazo y, si un niño se pierde en la casa, aunque no haya piscina, el primer lugar donde debe buscarse es en el agua.
También se hace hincapié en que el chaleco salvavidas “es un elemento de seguridad que no sustituye la supervisión”, que debe estar homologado y ser adecuado al tamaño de cada niño. En cambio, las alitas, panchos o aros inflables no son considerados elementos de seguridad.
En el caso de las piscinas, recomiendan restringir el acceso mediante vallado y portón de seguridad, así como vaciar piscinas o pequeños recipientes con agua, ya que una pequeña cantidad es suficiente para que un niño se ahogue. En general, aconsejan bañarse únicamente en zonas o instalaciones acuáticas que cuenten con servicio de guardavidas y respetar las señalizaciones.
Ante una emergencia, se debe llamar a un guardavidas o al 911 y, luego, si es posible, iniciar el soporte vital básico para mantener las funciones vitales de la persona en riesgo.
Otras recomendaciones
En diálogo con la diaria, Ana Ortiz, especialista en seguridad acuática y vocera de la campaña de prevención de ahogamientos 2026, explicó que este año la campaña se enfocó en la infancia y la adolescencia, tanto por ser un énfasis del actual gobierno como por los datos disponibles. Según el último informe sobre ahogamientos de la Organización Mundial de la Salud, correspondiente a 2024, en Uruguay el 50% de las personas que se ahogaron tenían menos de 25 años, y el 20% eran niños y adolescentes.
Sobre los adolescentes, Ortiz señaló que se trata de una etapa en la que la percepción del riesgo es menor, por lo que “no se miden las consecuencias en una exploración que muchas veces no contempla los riesgos”.
Las principales causas de ahogamiento en menores de cinco años se producen en los hogares. Más adelante, los casos se dan mayoritariamente en entornos de aguas abiertas. Ortiz explicó que antes el fenómeno era un problema más asociado a países del primer mundo y que en Uruguay, hace 10 o 12 años, no se observaba esta incidencia debido a que no había tanto acceso a piscinas en los hogares, por lo que se trata de una problemática relativamente nueva.
En ese sentido, agregó que en el país falta una legislación que obligue a instalar vallados en piscinas, tanto en viviendas particulares como en otros espacios recreativos, como complejos turísticos. Ortiz sostuvo que en países donde sí existe esta regulación —por ejemplo, España— los ahogamientos de niños en piscinas representan el 3%, mientras que en Uruguay alcanzan el 9% del total.
Para evitar ahogamientos a cualquier edad, Ortiz señaló que en Uruguay la mayoría de los casos en aguas abiertas ocurren en playas sin guardavidas o en horarios en los que el servicio ya no está operativo. Las playas que cuentan con guardavidas están señalizadas y permiten una respuesta rápida ante rescates. La principal medida de prevención es concurrir a playas con este servicio, ya que los entornos acuáticos naturales son cambiantes y conocer el lugar “no salva de nada”, porque factores como el viento pueden modificar rápidamente las condiciones.
Agregó que, a cualquier edad, incluso si la persona sabe nadar, puede ahogarse, ya que el ahogamiento “se percibe como una posible muerte”, lo que puede anular la capacidad de respuesta tanto en niños como en adultos.
Ante un eventual ahogamiento, si la prevención falla, el segundo paso es dar aviso a otra persona, incluso antes de actuar. Luego, se debe arrojar a la persona un elemento que le permita flotar y hablarle para tranquilizarla. Posteriormente, sacarla del agua si se está en condiciones de hacerlo y si es seguro para ambos y, por último, aplicar primeros auxilios y trasladarla a un centro de salud si es necesario.